miércoles

NAVIDAD 2015 (Opinión)



EXTRAÑA DISYUNTIVA NAVIDEÑA


Esta mañana del día 23 de Diciembre de 2015 por más señas, me encontraba en la cola de la caja del Super, cuando sin querer oí la conversación que mantenían dos clientas. De la citada charla, y atendiendo a la que parecía tener el “problema” más cercano pude entresacar lo que ahora os traigo en calidad de reseña:
          Hablaba de la hija, y comentaba que era un descalabro en su carrera, ya que la llegada del hijo que esperaba podía significar una renuncia a todo lo que representaba el éxito en su vida profesional.
Al parecer, había recurrido a personas especializadas en la “materia”, había analizado profundamente en que su vida era demasiado importante como para correr ese tipo de riesgos.
           Evidentemente, por lo que capté, el hecho de quedarse embarazada no formaba parte de sus planes en un magnífico futuro, lo menos complicado pues era deshacerse del hijo que esperaba, un caso tan simple a primera vista, y que es algo que se repite con demasiada frecuencia en nuestros días. “Una triste realidad a la que, si no se desea, difícilmente se le podrá encontrar una solución”.
          Y aseguraba, al parecer, la madre que, independientemente de los aspectos morales y religiosos, habría que enfocar el problema del aborto bajo el prisma humano. Ahí estuve a punto de inmiscuirme, pero no, lo dejé pasar ya que pensé: se olvida de la ética que es lo más importante. Es evidente que, aún a pesar de todo, son muchos los que se horrorizan e indignan con las imágenes de violencia que a diario podemos ver en los medios de comunicación, y en los cuales se puede ver cómo no hay ningún problema a la hora de hacer daño, premeditadamente, a otra persona, o sea a cualquier otro ser vivo, en este caso humano; Pero, ¿Cómo etiquetar semejante acción? ¿Ése ser es merecedor de nuestros cuidados, nuestros mimos, nuestro cariño, y, porque no, incluso nuestro respeto...? Un ser que no piensa, y aunque (cosa que está en entredicho) siente -lógicamente- no razona, por consiguiente, de ello sólo se puede deducir que no puede defenderse; ¿Será por eso que engañemos de forma tan cruel a nuestra conciencia para que esta no nos recrimine cuando permitimos que la sociedad haga caso omiso a las voces que claman por la vida.
En estos días de la Navidad y que algunas, al parecer no saben o no les interesa saber interpretar, seamos -aunque mediante nuestro libre albedrío todos somos dueños de nuestras propias decisiones, actos y comportamientos-, portavoces de aquellos que no pueden ser oídos, principalmente, porque, independientemente, de que carecen de voz, tampoco su lenguaje, que son sus latidos a través de su madre, a algunas, al parecer, no les interesa, o tal vez no le conviene escuchar...
Quiero terminar, y aunque siempre respetaré la opinión ajena, pues el resultado de todo lo expuesto sólo será refrendado por su conciencia, con esta especie de moraleja:
Cuántos manjares bien regados, y amenizados con abundantes festejos para la Navidad (Natividad del Niño Jesús) cuando, paradógicamente, se le está negando la vida a otro niño, y éste, si es real”.
 
 

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