lunes


EL VERDADERO TESORO



                Desde pequeño, un sueño se apoderó de su mente. En sus pasatiempos y juegos aquel deseo acompañaba sus horas, y los libros y películas de aventuras donde su sueño aparecía eran sus favoritos.
                Poco importaba el amor que sus padres le demostraban. Poco servía el que sus amigos rodearan con débiles lazos sus soledades, él quería lograr evadirse de todo y llevar a cabo su gran hazaña: encontrar una isla desierta donde, quizás, descubriera un rico e inestimable tesoro.
                Esta idea, acompañó todos los días de su vida, y cada noche el sueño lo trasladaba a su soñado paraíso, y era entonces cuando saboreaba su deseo prohibido. Pero una de esas noches, un sueño vino a despertar su confusa mente; en esa noche vió como de su lado se apartaban sus amigos y compañeros llevándose su tortura, y ante su dolor se sintió solo.
                Cuando despertó, un sudor frío recorría su cuerpo, y el miedo le hacia murmurar: no puede ser, no puede ser, mis amigos, mis posesiones, mis sentimientos…
                Poco a poco se fue normalizando, pero la idea se le repetía una y otra vez en su mente, y esta imagen le agobiaba día y noche, sin dejarlo descansar ni un solo momento.
                Llegó a tal extremo de agotamiento que pensó luchar contra esta fantasmal imagen, y así, para vencer aquella segura voz que oyera en esa extraña noche le contestó altivamente: No, nunca estaré solo, ni la muerte me arrebatará de la mente de mis amigos, y hoy, de una vez para siempre te lo demostraré.
                Y sin pensarlo más, llamó a todas las personas que diariamente lo rodeaban demostrándole su afecto y comprensión, y con el rostro desencajado por la angustia de las noches pasadas le dijo así: Hoy mis amigos de vida, me despediré de todos vosotros, una cruel enfermedad me está aquejando y he de luchar contra ella, con todas mis fuerzas y riquezas. Pero quiero pediros vuestra ayuda en estos momentos…
                Pero no pudo acabar su bien estudiada frase, sus ojos aterrorizados volvían a ver la misma escena: sus amigos y compañeros llevándose todos sus objetos de valor, apartándose de su lado.
                Entonces la profunda voz habló de nuevo: Al fin te has convencido de que todo hombre se encuentra solo, solo para luchar por alcanzar su destino. Por ello, podrás hoy hacer realidad tu sueño, porque la isla desierta eres tú mismo, aquella en la que tienes enterrado el más buscado de los tesoros: un corazón de nobles sentimientos.  Al terminar de hablar y  levantar la mirada, pudo ver a otro hombre que, sonriéndole, caminaba junto a él, fueron entonces, dos islas solitarias en busca de sus escondidos y más  preciados  de los tesoros jamás imaginados…

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