sábado



EL NIÑO TULLIDO


Entre Santa María
y Santa Ana
eché mano del pañuelo,
no porque no hubieran campanas
allá por el Turruñuelo,
sino porque aquél ángel
en su pedestal de cielo,
me llenó de desconsuelo
al ver que ya no se oía
la música que salía
de un instrumento echo duelo,
pues se encontraban partías
las cuerdas y el clavijero
además de lo esencial,
como sería nombrar:
su brazo izquierdo
y una pierna;
De verdad que era tan tierna
la imagen que yo veía,
que regresé al mediodía
llorosa mi alma paterna,
mientras él me sonreía.



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