miércoles

EL CAJÓN DE LOS POEMAS ACRÓSTICOS















PRÓLOGO


Es muy difícil crear un acróstico. Me refiero no ya a un poema caprichoso de un rato de asueto a vuelapluma, sino a una edificación sólida y consistente, con palabras consecuentes, a un acróstico que además cuenta, que dice, que produce sensaciones o remueve sentimientos o pasiones; pero, si además, el poema rima, si es posible, o si lo enhebra el poeta con reflexiones fundamentadas sobre temas trascendentes, la cosa toma cuerpo y merece la pena, como se da en el caso de este poemario de Santiago, un autor que ya en 1989 fuera premio nacional de poesía.

He encontrado en este relicario de belleza y solemnidades formas presentes, actuales y cotidianas, que aluden a la televisión, a la droga, a la religión, a la cultura, en fin que es muy difícil leer este poemario tan original sin encontrarse con algo que no esté presente en nuestro devenir diario, en nuestra cultura, en nuestra ideología, en nuestro pensamiento.

Hay un apartado de homenajes que nuestro poeta dedica a ilustres trianeros, sevillanos, amigos y familiares, dejando en cada uno de ellos el canto amistoso, cordial, cálido, entre los que me han impresionado alguno como el ofrecido a Pepe Sabin, nuestro recordado guitarrista, y algún otro, incluyendo el que ofrece a mi persona, y el cual lo riza construyendo un soneto, o a Perejil, flamencos, poetas clásicos y contemporáneos o hasta al mismísimo Aníbal González.

Otros capitulo notables son, por ejemplo, el dedicado a Higuera de la Sierra, pueblo donde Santiago vela sus armas en estío, o a su siempre presente Triana, a las estaciones, a la institución literario Noches del Baratillo, o a la mismísima muerte.

Acompaña Santiago estas composiciones breves y concisas, con unas imágenes inherentes a cada tema, que sostienen la página antes de pasarla en la búsqueda de algún detalle que se nos haya podido escapar, y que nos hace volver la mirada hacia atrás en su búsqueda.

He hallado también lamentaciones y quejas; sobre la situación política, la sinrazón de las injusticias en la tierra, de situaciones límite, abundando en el capítulo dedicado a las lacras, un repaso analítico y acusador de los males del mundo, pero que transmiten a la vez la limpieza de ese cristal limpio y diáfano que es el alma del autor, santo y seña de los sentires y sentimientos de quien los escribe.

La generalidad es el verso rimado, abundando los octosílabos; hay poemas en este libro que rayan la perfección lírica, y otros que contienen bellas metáforas; la sorpresa se halla en el final, donde hace una invitación a rellenar un último acróstico con su nombre, tentación que nunca dejaría pasar tratándose de quien se trata. Helo aquí.



S é que quizás el juglar

A quien dedico este envío

N unca me va a perdonar

T an singular desafío:

I ncluir en este mío

A cróstico temerario:

G racias por tu poderío

O talento literario.




José Luis Tirado Fernández

Diciembre 2015








L legó el momento ansiado,

A yer y mañana unidos,



I ntrísecos, bienaventurados,

N ecesidad de unos pactados

T extos muy bien definidos,

R emembranzas aleatorias

O lvidadas por la historia

D e mil gozos conocidos,

U rdimbre que enlazaría

C alor sin sombra de umbría,

C onciencia en solfa de ungidos,

I nicio del caminar más latente,

O casión para que la gente

N ote el sendero pulido.











T R I A N A






Archivo 1



T oda ella es tolerancia

R esignación y sacrificio,

I ncluso cuando de oficio

A tacan su ser con ansia,

N unca es la beligerancia

A rma de su frontispicio.






Archivo 2 


P eineta cuando las aguas

U ngen tu cuerpo florido,

E nredando en el sentido

N atural de tus enaguas

T odo el calor de la fragua,

E l color de lo encendido,



D e todo un tiempo vivido

E n el amor de tu agua.



T acón cuando con temblores

R epicas por sevillanas

I ncitando a los amores,

A quellos que en tu Triana

N acen por entre las flores

A biertas de tus mañanas.



Archivo 3 

L os rayos del sol le visten

A maneceres de ensueño.



C ollares de espumas blancas

A lrededor de su cuello

P one un Guadalquivir

I nspirador y bohemio;

L a barandilla del puente

L ate junto a su cuerpo,

I gual que los besos

T iernos que le regala su gente

A cercándose a su suelo.



D erecha, lado del río,

E n donde Anibal González,

L evantó su señorío.



C aché de Giralda mora.

A rabe Torre del Oro.

R eflejos que así atesoran

M orada catedralicia

E n donde está la Señora

N uestra del Carmen Bendita.




Archivo 4


D iscurre el Guadalquivir

O rillando sentimientos

S evillanos y trianeros...



¿O acaso no es mensajero

R izando con su bravura:

I lusión, duende, ternura,

L atir de este pueblo sabio,

L ocura cuando en los labios

A rden febril las tersuras,

S anto y seña de este barrio?




Archivo 5 

 
E ntre Rocío, Fabié,

L a Pureza y la calle Arfián



B arajadas entre otras,

A l barrio le nació un barrio,

R ótulo: San Sebastián,

R ecordando aquella historia

I mposible de olvidar,

O bligada en las memorias.



S iendo parte principal

A quella zona alfarera,

N aciole a ella la mar...



S e cambió para fabricar:

E nsambles, lonas, arpilleras,

B aufeles y gallardetes,

A demás de que en su ribera

S obre los recios mochetes,

T rabajaban las maderas

I mponentes mozalbetes

A los que alguna galera

N ecesitaría en un brete.




Archivo 6




E brio de sol y de sal;

L úcido por la gracia y la luz.



J alón de aquel arrabal

A l que la historia tendrá

R ecuerdos grandilocuentes

D e cuando toda la gente

I nclita del descubrimiento,

N avegó llevando al viento

C ontribución y sentido...

I nutil hoy, y herido;

L agrimando entre basuras.

L ástima de esa locura

O rexia de tanto olvido.




Archivo 7




E n esta margen derecha,

L a luz del amanecer



P rende sobre el arrabal

A lumbrando sus paredes,

S eñal de que ahora puede

E n su empedrado mostrar

O bras de su artesanía...



D icen que antaño allí había

E lán de un pescar diferente



L iderando aquella orilla,

A lquizares y barquillas,



O rgullo de toda su gente.







Archivo 8



E stá a la entrada del puente,

L igado a la capillita...



M erece la pena verlo

E n san Jorge o en castilla;

R azones no han de faltar

C uando la misma Sevilla

A cude a él a comprar

D iciéndole entre coplillas:

¡O zú, que gusto me da!



D esde aquel tiempo pasado,

E se tiempo inmemorial,



T odo su cuerpo ha cambiado;

R ecuerdos vienen y van

I ncitando este mercado

A l decir de los demás:

N unca imaginé soterrado

A l castillo musulmán.





Archivo 9

 
E l corazón en un puño...

L egado de aquel momento



C on el que mil sufrimientos

A cosaron a Triana

L os malditos esperpentos;

L lenándola de pavor,

E nsuciándole su alma

J amás vista en tanto horror,

O también el corazón

N ecesitando agripalma.



D estructores dominicos,

E ndemoniados malditos,



L eviatanes que entre engaños,

A fe que durante años

I nquisidores nocivos,

N otorios y corrosivos,

Q uitaron en los aledaños

U nión de castillo y río,

I nfinidad de quimeras.

S anto Oficio que a la vera

I nmediata de un bujío

C arente de humanidad,

I ncordiaba a este arrabal

O freciéndolo a aquél trío

N acido de la maldad.

                             

Archivo 10

 

L ugar de separación

A civiles y gitanos.



C uéntanos hoy la historia,

R imando con la memoria

U bérrima de aquel aria,

Z aguán de la antigua ermita



D e nombre La Candelaria.

E n compás de San Jacinto,



S ímbolo de humilladero,

A l fin de Santo Domingo,

N ació de nuevo a la vida.



J aculatoria prendida

A l amor de aquella gente,

C abal, sencilla y valiente,

I nclita de un arrabal

N atural de un sentimiento,

T allo que brotó en el tiempo

O rgullo de su verdad.




Archivo 11
 
L a sin par Sacra Familia  

A sí fue siempre nombrada.


P ara que en verdad se sepa

L o que ella es para Triana,

A unando aquellos recuerdos,

Z arandearé mi memoria,

U rdimbre que hiciera historia

E n este bendito arrabal,

L eal tierra sevillana

A sí se debería recordar.



D e siempre fue corralera,

E n el corazón de un barrio



S in ánimos de aquella grandeza

A la que aludieron muchos

N egando tan sutil naturaleza,

T antos, que siempre pregunto:

¿A dónde fue su realeza?



A l lado tiene a la Abuela,

N aranjos sus guardianes

A l par que cien callejuelas.




Archivo 12


M ecida por la brisa de su río,

I magen de una diosa arrabalera



T raspasa con su seña y señorío

O rgullo de la gente trianera,

R ociándola, de aquella manera

R isueña, y ése bendito sentío,

E n el que todo son escalofríos



D esde los pies a la sesera.

E ntonces, cuando en Primavera,



S uena el bronce, y al estío,

A nuncia con ese brío

N acencia de su alma corralera,

T anto se nos muestra entera,

A briendo al barrio, un quejío,



A l que si le quitaran su río

N atural, y la su hermosa ribera,

A hí tenéis el desafío...



Archivo 13





P asarela sobre el río,

U nión de Chapina y banda

E n la que la Puerta Real

N egando ser de Triana,

Trataba así de escapar

E n cuanto subía la arriada.



¡Dios! Gritaban al Guadalquivir

E n cuanto se sentía subir.



T emiendo ser abordado,

A quellas tiernas barandas

B esadas en sus costados

L ocamente por las aguas,

A lborotaban al barrio

S egún nos dicen las marcas.





Archivo 14

 

G itanos de yunque y fragüa,

I lusionistas del baile

T aconeado y festero.

A rquitectos de los cantes

N acido de aquellas cabas,

E ntre dos Pagés del Corro,

R azones de un arrabal

I ndiscutible y doliente,

A demás de quebradizo

S ólo con ver a su gente.



D ecían los más enterados

E n las tabernas de siempre:



T oma y échate un cante;

R ealza con tu maestría

I nigualable y sobrada,

A quellas letras de antes

N acidas en los corrales

A donde se creara el hambre.





Archivo 15





 L lenos hasta rebosar,

O lo que es lo mismo:

S encillamente, sobrados.



C ada caso parecido

O, por concretar, igualado,

R espetando con sentido

R azonable y razonado

A lgún momento vivido,

L erdo o poco agraciado,

E ntonces todos los partidos

S iempre estarían aunados.





Archivo 16





L a antigua Vera del Río,

A hora no se llama así.




C on el paso de los años,

A llí, donde creció la Velá

L igada por siempre al río,

L uego que cambiara el paño

E ludiendo así la arriá,



B uscó tras cién desafíos

E quilibrar paseo y baño,

T an cierto como que ya,

I do el embate bravío

S olaz es ahora su escaño.






Archivo 17







E l Monte Pirolo

L a Caba gitana...



A ñejas esencias,

R eaños de ciencias

T emplados al aire

E n cantes y bailes





Archivo 18



L ínea de versos cantados

A tres o cuatro renglones



S aben a gloria en Triana,

O en aquellos callejones

L eído Zurraque, el nombre;

E l nombre de tantos hombres

A mantes de aquellos dones.



D icen que fue un tal Ramón

E l que en el barrio creara



T an deliciosa canción.

R izando el rizo vendrían,

I nigualables, los cantes

A ntiguos de aquél Abadía;

N o, no dejo atrás a Olivé

A l que escucho cada día.





Archivo 19





A yer, hoy, mañana,

R enovando su genio

T riana es inmortal;

E terna cantora, y cabal

S embradora de letristas,

A lfareros, ceramistas,

N avegantes, escultores,

O rfebres, y eso pintores

S ed de esta tierra de artistas.





Archivo 20





B arros de oro de cuecen

A l amor del aznalcollero

R incón que en Triana sueña



E n ser del arte el primero;

L iteratos, poetas y escultores,



A rtesanos, pintores y alfareros,

N aturales del toro, cantaores,

C omediantes de la vida y los sueños,

L evad vuestras ánclas, ráudos,

A ntes de que se echen los vientos.





Archivo 21



L a sirena está sonando

A l amanecer el día...



H a ce ya setenta años;

I mposible de olvidar

S u canto, llamada a entrar

P or la calle San Jacinto,

A llí, toda ya triunfalidad,

N acería aquél Saeta

O rgullo del arrabal.



A sus comienzos, el veinte,

V ive Dios que tiempo ya,

I luminarían el camino...

A sí en aquellos almacenes

C aducos y sin productividad,

I niciarían su andadura,

O rto de una idea madura

N ovedosa e internacional.




Archivo 22




L ucía la calle entonces

A la luz de aquella casa



C on médicos y enfermeras,

A yuda a la que cualquiera

S olicitaba asistencia,

A únque entonces careciera



D e la elemental licencia;

E n lo que a beneficencia,



S obraba bondad y amor,

O bviamente eran maneras

C uando allá se recurriera

O pinión, o aquella atención,

R azón de demanda humana,

R eclamo de aquella legión

O riunda, y pobre de Triana.





Archivo 23





E n el corazón conviven

L onjas de toda ventura;



C ada época pasada

O presente, y futura,

M edirán con sutil gracia

E sta tierra, como dura

R azón y conocimiento,

C asta de una estructura

I ntrínseca del Arrabal,

O rigen de su cultura.





Archivo 24





E n el corazón del barrio

L atían mil corazones...



C ada domingo en la tarde

I dentidad de infantil,

N os trasladaba aquel sueño

E mbriagador y feliz.



R eino de llantos y risas,

O cuando fueran misterios,

C hillidos, allí daba igual,

I ncluso te renían muy serios

O te mandaban callar, jaja.





Archivo 25





L aureola de colores

O rilla la fiel cintura

S eráfica de Triana;



B ella guirnalda de flores

A rrullando los olores

R azón de su exuberancia;

R ío que corre en fragancias

I nvitando a ser vividos,

O acaso sólo sentidos

S egún sean nuestras ansias.





Archivo 26



 
E ntre tejares y arenas,

L a venta y los sembrados,



C ubriéronle durante años

H astíos de tercas riadas;

A llí, las grandes barradas

R azón de aquella Triana

C on su alma laboriosa,

O só alcanzar la gloriosa



D eclaración de una fama,

E n la que toda su gente



L a de aquí hasta la puente

A brazando sus destinos,



P ercharon duros caminos

A l decir de sus memorias,

V iviendo en sí sus vecinos

A quella cruel protohistoria.





Archivo 27



E n lo que pudo haber sido

L o cierto es que nunca fue.



H abíase proyectado eso,

O h, magnífico hotel,

T omando como refencia

E se de gran evidencia,

L ujo en la Puerta Jerez.



T odo el proyecto se fue

R odando hasta la ribera;

I nclinado hacia que fuera

A yuda que este arrabal

N unca dejó de pensar

A lcanzar en primavera.





Archivo 28



L as hermanitas de los pobres.

A sí fue llamada siempre...



F eliz en aquella naturaleza

U nica de amoroso trato,

N acería en el cuarenta y tres

D el siglo pasado, el veinte;

A quella fecha en la que el francés

C edería todos sus derechos,

I ncluso la primera construcción,

O blación que resultó plena

N atural de su condición.



C on el transcurrir del tiempo

A lcanza la meta soñada:

R ecoger entre sus muros

R educto de amor y paz

E sa tan gravosa necesidad

R azón de la cruel pobreza

E n que se haya la humanidad.




Archivo 29



E n las retinas del tiempo

L ate aún aquel color



T ostado y amarillento,

R ecreación de un limón

A l que se le fuera el tiempo.

N o, nunca podremos negar

V ivencias sobre aquellas quimeras,

I deales, para recordar

A l “6” y su jardinera.





Archivo 30



L atían aquellos largos cincuenta,

A la sombra de unas moreras



C on la frondosidad de un hambre

A valado por mil noches;

R azones de un mañana incierto

R aramente esclarecido

E ntre tinieblas de pobrezas...

T ranvías entre empedrados

E n lazaban mil alaridos sedientos,

R everberando cantos de promesas

A l clamor de sueños de esperanzas.




Archivo 31



L ozas, búcaros, vasijas,

A zulejos y tejerías...



C on un corazón de pella,

A lama de almagre y cocida,

L leva su espíritu y vida

L atiendo cuando es ella

E sta calle tan querida,



A llá por Cuatro Cantillos

L ució siempre esa manera

F iel a su capacidad

A rtística, devocional,

R izando el rizo alfarero.

E s Triana y su verdad

R azón del saber estar

I ndiscutible, y señero

A mor por su identidad.




Archivo 32

 
L ejana y cercana a la vez,

A mí siempre me reclama...



C alle de foso y enaguas,

A la que el tiempo le dijo:

L argo será tu entresijo,

L oco el corral y la fragua,

E l arte y tu regocijo.



P asan los años, y ya ves

A dónde tendrá mañana

G anada toda la fama...

E n el rol de su querer

S iempre en su razón, Triana.



D oliente, a veces cansada,

E sta calle sufrió siempre

L a amargura desahuciada.



C ada vez que te recuerdo,

O así tu nombre exagero,

R ecuerdo a todos los hombres:

R icos, pobres, niños, viejos,

O mejor, todos trianeros.




Archivo 33



E n el corazón grabado

L loran mil sentimientos,



R equiebros dorados

O ndeando al viento

C on mi Simpecado;

I nicio de un tiempo

O rbal y entregado.





Archivo 34



E n este lado del río

L abró Triana, en distancia,



C ustodia para demostrar

O bediencia y devoción,

R azones del corazón

P ara poder enseñar

U na forma de su amor

S egún su forma de amar.



C on ello el arrabal quiso

H abilmente así mostrar

I dentidad categórica,

C onciencia sutil e histórica

O ráculo de su verdad.















                    S E V I L L A














Archivo 1



M ilenaria y bondadosa

I lusión que sobreexcede.



S erena, dulce y graciosa,

E legante, humilde y leve,

V iva como aquella diosa

I ntempore que la precede;

L argueza de sol, luminosa,

L ozana, despierta y breve,

A legre y sutil, maravillosa.






Archivo 2



L a miras y se desdobla

A l compás de los sublime.



G anan enteros sus sombras

I nvitándonos a seguirle

R ociada de perfiles:

A lmocárabes y canecillos,

L amiendo aquel enladrillado

D esde un girasol alado

A fe que hasta Cuatro Cantillos.






Archivo 3



L anza sus rayos de sol

A la vez que los recibe...



T oda ella es proclive,

Orgullosa y milenaria,

R utilante y legendaria,

R ielando sobre esa fama

E n que unida a la Triana



D e aquella corte agarena,

E nsamblaría cadenas

L levadas de orilla a orilla...



O probio y sometimiento

R esuelto por Bonifáz

O gaño casi mil trescientos.





Archivo 4



E brio de aromas de sol

L o veo Sevilla cruzar,



G rande como su caudal,

U rdimbre del mísmo Dios.

A ndaluz llevando amor

D esde Jaén hasta el mar

A tlántico, sentimental,

L uz de embrujo, pasión,

Q ue convertido en cordón

U nge el hermoso arrabal

I lustre, y a la ciudad;

V igilante y seductor,

I ntimo y renovador

R egalo a la humanidad.






Archivo 5



E n ese otro lado del río

L atió el alma de Triana,



M as llegó aquella mañana,

U nión de hambre y de sed,

E n la que mil sentimientos

L lenaron con sus lamentos

L a larga despedida soez

E n aras de aquel cerramiento.



D e la noche a la mañana

E l muelle quedó cerrado,



L os barcos ya descargados

A ligeraron amarras,



S intiendo las dos con pena

A orillas de las dos banda

L a más amarga condena.





Archivo 6



J óvenes y tan entregadas,

U na y otra sevillanas,

S orores que aquí en Triana

T uvieron tan desgraciada

A frenta por las romanas.



Y así se contó la historia...



R odeada de martirios,

U rdimbres calumniadoras

F ecerunt que los dos lirios

I nocentes, aquellas traidoras

N ovelaran aquel delirio

A fin de hacerla autoras.





Archivo 7



L a luz danzaba entre gasas

A l otro lado del río



F antasías sevillanas;

E n un momento de gracia

R ecogió su señorío

I nstando bailar en Triana

A unque lo hiciera descalza.






Archivo 8



P alatino, que en el mundo eres

L o más hermoso construido,

A lma de aquella diosa Ceres

Z aleando generosa los sentidos

A cabados finalmente los deberes.



D os torres en extremo, guardianas:

E n una dice Sevilla, en la otra Triana.



E n medio de las dos con fuerza,

S oberbia cual mudejar filigrana,

P ensada para lucir su realeza

A l amor de la luz de la mañana,

Ñ udosa en su fiel naturaleza

A lcanzada ya la gracia sevillana.




Archivo 9

A rquitecto y universalista,

N acido en compas muy sevillano,

I lusión del oficio, y arte sano

B aladi, jamás, sino un artista

A dmirable, y genial regionalista

L oado como grande ser humano.



G rande como el sol, como la luna,

O belisco de la alta Arquitectura,

N idal de la más sabia cultura,

Z enit elegido ya desde la cuna,

A lma creadora cual ninguna,

L eal, sutil y verdadera criatura

E minente en su más leve dulzura,

Z afiro para la gente sin fortuna.





Archivo 10



L ejos de los mil ruidos,

A l pie de nuestra Giralda,



J unto a las viejas aristas,

U na vez proteccionistas,

D e aquellas viejas murallas,

E l más bello barrio judío

R ezuma en escalofríos,

I nsigne donde los haya

A unque no lo bañe el río.






Archivo 11



L ogró causar sensación

A quel día en que Sevilla,



M irándose hacia sí mísma,

A dvirtió que su carisma

C entrado en la noble puerta,

A mpliaba con su estadio,

R azón de un hermoso barrio

E n lindero tan amurallado,

N ecesidad hacia un mercenario

A taque cruel y despiadado.






Archivo 12


L uce con todo esplendor

O rgullosa y presumida

S u ensueño hecho vergel,



J oyeros donde las flores

A legran con sus primores

R egalando sus aromas,

D ecorando cien rincones,

I ncitando a esas pasiones

N unca mejor ensalzadas

E n una ciudad de dones

S iempre por todos cantada.












                       L A  V E L Á














Archivo 1



M ás que arrabal un pueblo

I nmerso en toda su esencia;



T anto, que su gente

R eina un vivir diferente,

I ncansable en su sentir

A ún a pesar de haber sido

N atural, humilde, y sentido

A ntaño tanto sufrir.





Archivo 2


L a calle del Betis vive

A la derecha del río



V elando por sus pasiones,

E videncias que describen

L a sal de su señorío,

A mén de sus tradiciones.




 Archivo 3



E brio de aromas de sol

L o veo Sevilla cruzar,



G rande como su caudal,

U rdimbre del mismo Dios.

A daluz llevando amor

D esde Jaén hasta el mar

A tlántico. Sentimental,

L uz de embrujo, pasión

Q ué convertido en cordón

U nge mi hermoso arrabal,








Archivo



E brio
L o veo Sevilla cruzar,



G rande como su caudal,

U rdimbre del mismo Dios.

A daluz llevando amor

D esde Jaén hasta el mar

A tlántico. Sentimental,

L uz de embrujo, pasión

Q ué convertido en cordón

U nge mi hermoso arrabal,

I lustre, y a la ciudad;

V igilante y seductor,

I ntimo y renovador

R egalo a la humanidad.

 
 
Archivo 4
 

L levada sobre una barquilla

A lomos de rizadas brisas,



V a por el Guadalquivir

I mpecable, hermosa y breve,

R ecordando a aquella leve

G racia que en calle Castilla

E s como aquella coplilla

N acida al mar de su plebe.



D elante de aquella chiquilla

E ngalanada y señera

L e acompañan cién barquillas.



C ién barquillas arrabaleras

A las que el barrio les brinda

R emos de recias palmeras,

M ientras que las luminarias

E ncendidas cual hogueras

N avegan como candelarias.





Archivo 5


E sa plaza que, de entrada,

L o mismo es zaguán que atrio,



A ntaño fue la afamada

L lave que abriera o cerrara

T odo el entramado viario;

O ra es el vecindario

Z aleando en su Velá

A rriba de aquel escenario,

N ecesidad de este barrio

O acaso llamarlo arrabal.





Archivo 6


L entamente y sobre el sebo

A vanzan sin resbalarse...



C ada Julio y a su cita,

U nión de Velá y estío

C onfluye así el desvarío

A lcanzado el meridiano,

Ñ oño y sufrido verano

A únque nos salva este río.






Archivo 7


L a ves en la calle Betis,

A ltozano, San Jacinto...



A llí está sobre la lona,

V iviendo días de Velá,

E ntre las aguas fresquitas

L uciendo una facultad

L a cual la hace bendita,

A rrabalera y cabal,

N oble, sencilla y bonita

A la vez que natural.



V iene aquí a despertar

E n medio de tantas cuitas,

R azones para mitigar

D iásporas infinitas

E n las que no hubo piedad.





Archivo 8


E l más humilde de todos

L lena la noche Trianera



H aciéndose protagonista,

I ncitando y provocando

G estos de imagen fresquita

O rgullo de nuestra Velá,



C odeándose en la fiesta,

H emos de reconocerlo,

U nidos a los altramuces,

M ediáticos que en verdad

B atieron alas de hambre

O presión y libertad.





Archivo 9


E n plena Velá trianera

S ant´Ana vio con agrado

A ésta refrescante esfera.



S uele tomarse en la noche,

A penas Triana acaba

N ovena que aquí a su Abuela

D esde siempre celebrara.

I del para la cena

A bordo de aquella barca.



V ira otra vez la barquilla

E n pos de la gran gabarra

R ecreándose en la orilla;

A hora ya, y sin espera,

N avaja en manos expertas,

I nmisericorde penetra

E n lo profundo del rojo,

G anando así, en conciencia,

A lmas de aguas inquietas.













LOS HOMENAJES










Archivo 1


M ientras el mundo giraba

I nmerso en el siglo de oro,

G anaba enteros éste escritor

U niversal e ingenioso

E n el augusto arte del teatro,

L lamado otro sí Dramaturgia.



D ramaturgo y gran novelista,

E ste hombre llegó tan alto



C omo el sol que nos alumbra

E n cada pauta sutil y literaria.

R ecreándose en su Galatea,

V emos como aquel pastoril deseo

A lcanzó, aunque incompleta,

N otoriedad extraordinaria,

T otal, febril y absoluta

E n cuanto dio a conocer

S u primera parte del Quijote.





Archivo 2


J uventud preñada de

U niversal Poesía;

A lba de un pensamiento

N ervioso e inquieto.



S iervo del verso

I ngrávido e intenso

E n la cuna de Triana,

R ebelde y soñador,

R egio y humilde

A l decir de los vientos.





Archivo 3


F ortaleza es el sonido

E n mil ondas sobre el río

D arro. Sacromonte gitano.

E mbrujo, sentimiento, llanto

R oto, y corazón deshecho,

I nflamado por todo

C uanto veías y sentías

O yendo el fondo de tu gente.



G eneralife, Alhambra de ensueños;

A lbaicín, toda Granada

R ajándose las venas en la tarde,

C uando las soledades te hicieron

I gnorar la traición del hombre,

A ti, imagen de pasión abierta.



L una veo de Pena negra,

O diando el momento

R egado por tu sangre,

C uando el luto por Nijar

A borreciendo cabalga.





Archivo 4


A ndador de caminos

N acidos para ser cantados.

O ndeando como bandera

N oble y gloriosa, al amor

I ntenso de la intensa

O bsesión por regalar maneras.



M i corazón se rompe,

A hora, cuando ando caminos;

C uando siento tu vida,

H acienda sin voz, sin aire,

A nhelo el sutil y maravilloso

D espertar que nos regrese del

O caso la ternura de tus versos.





Archivo 5

 
V ertiste al Guadalquivir

I nmenso de la Poesía,

C onceptos sobre el verso

E xquisitos, maravillosos, y

N utrientes para las almas

T ristes, abandonadas, y

E ncerradas en sí mismas.



A pasionada fiebre verbal;

L icencia de tu corazón, y

E pocas de melancolía

I nfinita, y largas como el

X ingu, hicieron posible tu

A morosa entrega, tan

N atural como el tiempo de

D istanciamiento vivido,

R eligiosidad; acentuado sentido, y

E speranza como nueva perspectiva.







Archivo 6


A rquitecto y universalista,

N acido en compás tan sevillano,

I lusión del oficio y arte sano

B aladí, jamás, sino un artista,

A dmirable y genial regionalista

L oado como grande ser humano.



G rande como el sol, como la luna,

O belisco de la alta Arquitectura,

N idal de la más sabia cultura,

Z enit elegido ya desde la cuna,

A lma creadora cual ninguna,

L eal, sutil y verdadera criatura

E minente en su más leve dulzura,

Z afiro para la gente sin fortuna.





Archivo 7


R ío al Mediterráneo

A ncho de una Poesía

F értil de sentimientos

A nclados en la arena,

E spumas de transparente

L uz, de claridad sureña.



¡Ay, marinero en tierra!

L amento nostálgico de mares;

B arquillas de sal

E n el fondo de tu alma,

R eloj del pensamiento...

T aumaturgo del verso

I ntenso como la brisa.





Archivo 8


A l escaparte silente

R apsoda del arrabal,

M uda quedóse tu gente,

A nquilosado el pensar,

N egando que de repente

D esandaras el caminar

O lvidando tu presente.



G uadalquivir, dime amigo...

U n poeta de gran fama,

T rianero y bien nacido,

I lústrame esta mañana:

E n ti, ¿cayó sin sentido

R ecordando a su Triana?

R ecuerdo que vino herido,

E stalló como la grama,

Z aleó y quedó dormido.





Archivo 9



R apsoda de aquellas tierras

A las que el sol le dedica

M il horas en doce meses,

O rienta su vida ahora

N ecesitando con creces,



M or de canto y Poesía

A rribar a ésta Triana,

E ste barrio que en su día

S ólo con verlo llegar,

T rocó su bullicio, empero,

R epitiole sin cesar:

E ste ya es trianero.






Archivo 10


M uere la tarde en Triana

A la sombra de la espalda

N atural de una parroquia,

U bérrima, y sin igual,

E sa a la que el hombre honra

L lamándola catedral.



M erece un reconocimiento,

A l que Triana se una

C on todo su potencial,

I ncluso la Sevilla en peso,

A ver si se quiere enterar

S ellando tan feliz suceso.






Archivo 11


J alonó su nacimiento

O tra forma de existencia,

S entires de aquella ciencia

E ntregado al pensamiento.



L legado ese momento

U nico, vital y enfebrecido,

I nequívocos latidos

S onaron ahora contentos.



T odo el corral, de mayor,

I nsuflóle su confianza

R edoblando sus esfuerzos,



A hora, sería aquel amor

D onde anidó su templanza

O brando así su universo.





Archivo 12


J oven de un corazón

U bérrimo en Poesía,

L atidos que cada día

I lusionaron su vivir,

A limento que él quería

N unca dejar de sentir.



G ranado su verbo fácil

A la vez que sentimental,

R izando verso tras verso,

Z aga de aquella su edad,

O caso que cayó en peso

N acido de la humildad.





Archivo 13


M ordió la parca una noche

A quella voz quebrada...

N unca volveré a oír,

U n grito tan desgarrador,

E sa fiebre que entroncada

L astimaba con su ardor.



M ecido entre dos riberas,

O rillas del Guadalquivir,

L egaste a tu barrio un canto,

I dea de un nuevo decir

N atural de ese quebranto,

A ires de una amor sin fin.





Archivo 14


A cróstico, bájate un tono



P ara poder armonizar

E sta noche su recuerdo;

P ellizcos de aquel amar

E ntregado, y esos anhelos,



S entimientos que al sonar

A l amor que, entre los dedos,

B ellamente hizo soñar

I lusionando mil versos...

N unca habrá mejor trovar.





Archivo 15


G ana enteros cada día

A la par que amigos fieles,

B rilla con la fotografía

R ielando entre mil papeles,

I lusión, nunca a porfía,

E n la que él siempre muele

L os granos de sus manías.



S iempre seguro de sí,

A veces, duda en extremo

N egando algunos consejos,

C omo queriendo decir:

H ola, ¡que no soy tan viejo!

E ntonces se echa a reír

Z aleando su pellejo.





Archivo 16



Macera con su serviciO

Amor y Gracia sutiL

Nacida de ese deseO

Obvio de su condicióN;

Lecciones que a la tertuliA

Obsequia por ciento y M.




Archivo 17

S agitario, y temperamental;

A mante por naturaleza,

N avegador de cién ríos

T an dulces como salados,

I ncitando y excitando

A mores y desamores

G anados con el pálpito

O bligado de la ilusión...



F estivo y escrupuloso

R ayando en lo inusual

A dquiere el airecillo

N atural de su poder;

C onocedor de limitaciones

I ntuitivas, como reflejos,

S encillas, a veces soberbias,

C apaces de dar alcance

O de dejarse alcanzar...





Archivo 18


P ara conocer a un hombre,

E l cual, y en la vida

P ase por ella

E nvuelto en su honradez,



R ecomendaría a más de uno,

O bviamente, en su interés,

M idiera a éste cañaveralense

E n el que ¿dime por qué?

R evienta toda una forma...

O rgullo de saber y entender.




Archivo 19


M ás que la vida misma,

E n cualquier momento, un día,

L imitan tus alegrías;

I ncluso aquellos anhelos

S e sobrecargarán de celos,

A unque no, si eres bravía.





Archivo 20


J oven, entrañable y serio,

U bérrimo en amistad,

A nda siempre por derecho

N egándose ante los demás.



R ocía con su buen talante:

A mor, y comportamiento

M ediático y sin interés,

O rgullo del sentimiento

N atural de su niñez.



P aciente donde los haya,

O acaso amable sin más,

R iza con gracia serena

T oda esa sed que Aracena

E ntiende que él calmará

R egalando el no va más,

O rgullo de su gracia plena.




Archivo 21

L uz que el alma me llena.

U nica luz que perdura.

I ncluso tras la locura

S igue mi alma serena

A mor que mis penas cura.



P reso me tiene ese amor

E n el que a gusto me encuentro,

R eniego de aquel momento

E n que no estamos los dos

Z aleando el pensamiento.



M ágicas son tus pupilas

A l clavarse en mi mirada,

R ecogiendo inmaculadas

T odo el candor de lucilas

I ntensamente soñadas,

N unca por nadie vividas.




Archivo 22


E n el fondo de su alma

N ada esa entrega profunda,

R azón que todo lo alumbra

I lusionando enseñanzas

Q ueriendo ser como tu,

U n corazón de bonanza

E ntregado a la virtud.





Archivo 23


P arió la tierra una voz

E ntre viñedos condales;

P rofunda, cual cien metales

E n un crisol de amaranta.



P erfilaron su garganta

E n su máxima expresión;

R equiebros de un pensamiento

E n que todo un sentimiento

J alonado de cantares,

I ncitó a mil alamares

L lenándolos con su portento.




Archivo 24


M ecido por brazos maternos

O rquestó él mismo su vida,

I ncitando a sus adentros

S er la persona escogida,

E speranza del Eterno

S iempre entregada y sufrida.






Archivo 25


F uiste con tu nacimiento

R edoblando voluntades

A l amor de aquella idea,

T an pura y grande

E n la mente de tu padre;

R azón de una vida

N acida para colmar

I lusiones y sentidos,

D onde el sentimiento

A mará siempre

D esde dentro sus latidos.




Archivo 26


M ejor padre no se encuentra,

I ncluso cuando la vida



T ratándolo sin medida,

I lusionó con su siembra

O rgullosa amanecida.



P uso en aquellos momentos

E l pundonor y el sacrificio,

P ara tener como oficio

E l más alto sentimiento.





Archivo 27


F ranqueza donde la haya

R ezuma este Villalvero

A mante de aquella tierra

N atural de sus ancestros.

C olega siempre pendiente,

I ncitador de favores

S ociales o en comunión

C on esa idea latente

O rgullo de su condición.





Archivo 28


C onfidentes del cariño hallado

A la luz de la única ilusión,

R enovar cada día esa alianza

L ograda por la fe del corazón,

O rigen que sostiene la esperanza

S ellada con la fuerza del amor.



Y en la dócil, sublime confianza



M ediando con su candela el sol,

A lcanzarán la grávida templanza

R efugio del futuro ensoñador,

I ncitando a la brisa de bonanza

S e venga por el río en alabanzas

A cunando entre espumas su candor.





Archivo 29

C ada sentimiento

O viva expresión

N acida de la pasión

C osturera y artesana,

H ace crecer el corazón,

I ncluso hasta la razón

N etamente valenciana



Y entre levante y poniente,



P or encima de los vientos

A letean siempre amables,

C on tonos de insuperables

O rtos con comedimientos.




Archivo 30

J ubilados, aunque no viejos,

O s vimos aquella mañana

S erena del mes de Junio,

E sa que, tan sevillana,



Y unque y norte que Triana



M ezcló en tan sólo un momento

A legrando los sentimientos,

R eflujo de aquella amistad,

U rdimbre que en modo alguno

J amás pudiéramos pensar

A lcanzáramos ninguno.





Archivo 31

 
M uerde con rabia la vida.

A tácala si miramientos;

N o dejes que la partida

O bre en el pensamiento

L abrando la no querida

I magen de tu sentimiento.



L a gracia del brazo de ella

A nda caminando siempre



P rimando tristes sonrisas,

I ncluso aquellas caricias

C uando más las necesita

A caban siempre perdidas,

N adie arreglará sus cuitas

A unque les cuente la vida.





Archivo 32


M ás que un vecino, un amigo,

I ndiscutible, capaz y entregado;

G uardián de la paz y la amistad.

U n compañero ideal, sacrificado

E n los casos de mayor dificultad.

L o dicho, el colega más deseado.



Y en el fondo de esta historia...



M ecida entre cañaverales de sol,

A mante de su tierra y de su gente,

R ocía cada mañana ese esplendor

I nquieto de un corazón efervescente,

N atural de esa hermosa condición

A l aire de mil amaneres diferentes.





Archivo 33


P arió la tierra una forma

A mable y desenfadada,

C abal, preñada de gracia,

O acaso fue sentimiento...



Y esa apariencia que el tiempo



R ozó con labios de sol,

O riginó su esplendor,

S encillez de un pensamiento

A l compás del corazón





Archivo 34


S alió de mañana el sol

E ntre pinos y jarales

R ociando con su amor

G orriones y zarzales,

I dentidad de la sierra

O bligada en estos versos.



Y fue que llegado el día,



C uando estaba muy arriba

E ntre las doce y la una,

L atidos de sus entrañas

I nundaron las montañas

A lverse junto a la luna.















E N   H I G U E R A












Archivo 1

 
L ánzandole besos y coplillas

A legramos la vida a Ésta Chiquilla.



V ive Dios, que sí es bonita,

I deal para ese prado legendario,

R eina que se mece en un breviario

G estado a la sombra de una Ermita

E ncalada y predispuesta a ese diario

N o más se hace presente la visita.



D ios la puso aquí en Higuera,

E levando así a éste pueblo solidario

L lenándolo de fe y de quimeras.



P atrona que protege dulcemente;

R edentora del hombre y su pecado,

A madora de un Rosario permanente

D onde anidan corazones entregados,

O rgullo de su tiempo y de su gente.





Archivo 2


L uciendo, cual paño Blanco,

A quella estampa encalada,



E l lugar se vuelve cita

R ecién llega la mañana,

M omento que nos incita

I lusiona y nos invita

T ratar de una convivencia

A legre, grata, expedita.



D elante de la fachada,

E l pilar siempre trasmina



S entimiento tan serrano,

A l que la gente del barrio

N o se le va de las manos.



A l llegar el atardecer,

N eófitos cigüeñuelos

T ratan de encontrrear un aire

O rma a sus primeros vuelos;

N ada más oír el campanil,

I lustran con su revuelo

O bediencia a su perfil.



          
Archivo 3

 
L ábaro de cal y ministerio

A romado por la oración


E nhiesta de mil atardeceres.

R epicar del fiel golondrineo,

M aitines de sombras y verdeos,

I lusión de otros mil amaneceres

T ocados por la gracia del deseo

A moroso de hombres y mujeres.


D evoción a un Cristo cuya Cruz

E leva el alma más humana

L igada con la fuerza de su Luz.


C risto del Rosario conocido;

R edentor del corazón atormentado,

I lusión de un pueblo enfebrecido,

S ufridor de la llaga en su costado.

T res veces por el hombre cual caído,

O belisco por él mismo levantado.


D el fondo de sus ojos lacerantes,

E l viernes de semana nace el día

L atiendo de una forma delirante.


R esuenan por la calle del Señor

O sculos de entrega todos ellos,

S olícitos en ruegos a porfías,

A mantes que con miles de oraciones

R uegan por su gente en letanía,

I nefable necesidad en confesiones

O lvidándose de sí en cada día.




Archivo 4


E n plena naturaleza,

L a luz se asoma expectante;


P arece otra, y otro el caminar,

A ún cuando no se ha llegado

S iguiendo el trazo marcado

E n aquel tablero oficial,

Ó rden para algunos cuidados.


D ejado atrás lo asfaltado,

E s cómodo y leve el descenso.


L a vista nos llama a emoción,

A lcanzado el primer tramo

S itial del primer pilón.


T rás recorrer unos metros,

O frece este recorrido

B alsámica relajación

A la vista de una gruta

S in igual, sin parangón.





Archivo 5


L ucen las crestas del Tranco

A tardeceres de ensueño


C uando el paseo termina

A llás cerca en los pinares.

L os canes, por los encinares,

L adran al tiempo que juegan

E n esas tardes festeras,

J aleando en cien carreras

A sus relajados amos.



D ecorados por mil tales,

E ncinas y alcornocales



A legran aquel angostillo

R ociado de colores,

A lcance de todas esas flores

C on que se viste el camino

E n lo que el aroma fuera

N atural don que viniera

A endulzarles el destino.





Archivo 6


L adera de Santa Bárbara,

A dusta aunque sonriente.


C on el amanecer, el Sol

A penas besa su estampa

L ozana y poco transitada,

L o cual la hace agradable

E n ese sin par senderismo

J alonado de zarzales

A mapolas y madroñeras.


D e muy escasa dificultad,

E l ascenso se hace leve


L igando subidas y bajadas

A la vez que entretenidas.


U na vez llegado arriba,

M ás allá de aquellas crestas,

B londas y encajes serranos,

R ecrean nuestras retinas

I nconmensurables vistas

A lbur de luz y pantano.





Archivo 7


L uce esta sierra un encanto,

A l que el águila culebrera


S igue sin poder sustraerse,

I ndiscutible manera,

E nvidiable por así verse

R einando en la troposfera,

R ecreación que se crece

A lzada sobre éste Higuera.


D e siempre considerada

E legante y esplendente,


S itial y altura deseada,

A l decir de aquella gente,

N i que decir que pensada

T enían cual preferente

A quella Ermita soñada.


B esada así cada día

A l despuntar la mañana,

R ecibe aromando el cielo

B esos de acéite y retama,

A demás del dulce suelo

R eal de la luz que emana

A l amor de sus desvelos.





Archivo 8

L unes de fiesta en Higuera;

A legrías por doquier


S intiendo como se cuela,

A veces hasta sin querer,

N o sólo aquel complemento

G aseoso, dulce, y el fiel

R egusto del melocotón,

I ngrávido en su embeber

A la par que respondón.





Archivo 9

L uce la noche estrellada

A l compás de villancicos.


C oros de campanilleros

A menizando el desfile

B rincan bajo el frío invierno;

A l igual que en aquel tiempo,

L as escenas navideñas

G anan enteros y sueñan

A lcanzar mozos y mozas,

T oda la gloria que enseñan

A bordo de sus carrozas.




Archivo 10


J oven de un corazón

U bérrimo en Poesía,

L atidos que cada día

I lusionaron su vivir,

A limento que él quería

N unca dejar de sentir.



G ranado su verbo fácil

A la vez que sentimental,

R izando verso tras verso,

Z aga de aquella su edad,

O caso que cayó en peso

N acido de la humildad.





Archivo 11


E n la cima de ése Arte

U bérrimo cual la Pintura,

S obresale por fachadas,

T ejados y barandales,

A tacando sus metales,

Q uitando la cal cumplida,

U niendo fuerza, y el saber

Í nclito de aquel deber

O rgullo de toda una vida.





Archivo 12


M ás que un vecino, un amigo

I ndiscutible, capaz y entregado;

G uardián de la paz y la amistad.

U n compañero ideal, sacrificado

E n los casos de mayor dificultad.

L o dicho, el colega más deseado.


Y en el fondo de esta historia...


M ecida entre cañaverales de sol,

A mante de su tierra y de su gente,

R ocía cada mañana ese esplendor

I nquieto de un corazón esfervecente,

N atural de esa hermosa condición

A l aire de mil amaneceres diferentes.





Archivo 13


N ada como una pareja

I deal y bienavenida,

C on sus altos y sus bajos...

O lé, por esas dos vidas.


Y lo mejor por llegar...


M ecidos por las fantasías,

A donde están los amores

N aturales y naturantes,

O bviarán todo talante,

L ocos porque sean sus flores

I lusión en cada instante.





Archivo 14


E n ese afán de agradar,

L a maja, maja que maja


G estionando la porción:

A quí, ponle tu atención

Z alamera, y algo de sal;

P on esos tomates tiernos,

A hora cógete esos cuernos

C on el vinagre y el aceite

H asta que le des el punto

O te apliquen lo del veinte.





Archivo 15


L uciendo paños, y esbelta,

A lada y filigranera,


T añen al gusto sus bronces

O rgullo de su pueblo, Higuera,

R edoblando a aquellas doce,

R azón de unas quimeras

E ngarzadas por mil voces.





Archivo 16


L a vida se torna aroma

A penas ellas se abren...


F lorecen con el rocío

L lorado por la mañana,

O freciendo sus colores,

R eventando los sentidos

E n ese breve estallido

S eñal de bellas, lozanas.





Archivo 17 


L aceran y te martirizan

A gijoneándote sin parar.


P uñeteras que complican

A quella hora de siesta

R eventando la dormida,

R egalo, costumbre ésta

A l terminar la comida.


Y es la sombra, y su hamaca,

L a que te llama

A tan alto menester,

S oláz que agradecerás,


A unque este parecer,

V erdaderamente engaña,

I luso, si no te apañas

S obre tu cuerpo un ungüento

P rotector para tal fin,

A léjate de las uvas...

S on para ellas un festín.





Archivo 18


L os nervios a flor de piel

A veces, estos bichos ponen.


M alditas mil veces, joder;

O dio tenerlas encima,

S oportar su pesadez

C on cada cena o comida,

A unque el exterminador

S acuda su ingravidez.





Archivo 19

L legó la madre y el padre.

O tros llegaron después;

S iete ya fueron entonces


G ranjeándose el favor

A sí, y el pienso poder comer

T odos, y sin excepción,

O lvidando, al parecer,

S in duda que existe el ratón.





Archivo 20


L o vi detrás la maceta

O bservando mi merienda

S obre un platillo pequeño;


R ápido como una saeta,

A parece y se me esconde

T al, que no me es posible

O rganizar un treta...

N o hay manera de seguirle;

E n el más tonto despiste

S e largó con mi galleta.





Archivo 21


L enta, y astuta a la vez

A mparada en su sigilo,



S urge con ingravidez

A hacer sutil ese estilo

L egendario, fiero y cruel

A l hablar de la comanda.

M al lo lleva si no anda

A tenta y bien de reflejos,

N o más refleja el espejo

Q ue compone mi farol,

U n cuerpo de medio sol

E n el que ella al acecho,

S intiéndose en su derecho

A llí busca su ración...











L A S  L A C R A S 












Archivo 1


E stuvo desde siempre escrito,

L igado a aquél hecho inconsecuente,



P erseguido en conciencia, proscrito,

E n el decir considerado de unas gentes

C apaces de esgrimir: que no es bonito,

A la vez que, murmurando entre dientes,

D an por hecho que según sea el delito

O rmarán las argucias de sus mentes.






Archivo 2


E scasez de un sentimiento

L eo cuando se deshacen


D os vidas en un momento.

E n horas de dificultades

S altan tan difíciles tientos:

A mar, por decir, no vale,

M as vale decir, lo lamento;

O bviamente no son tales

R ecomiendas en este tiempo.




Archivo 3


E stá preso y lo sabemos,

L o queremos siempre ahí...

E s como un seguro de vida

G ana y nos hace feliz.

O rada otras sapiencias

I ntentando confundir

S iempre con la mala ciencia:

M ordaz, nociva y ruin,

O acaso mala conciencia.





Archivo 4


E s triste el comportamiento,

L ógico, del ignorante...


M as, mucho más triste será

E n aquél que, intelectual,

N acido en ámbito religioso,

O supuestamente generoso,

S iempre pensará igual...

P ensamiento vil, rastrero,

R eprochable, y hasta grosero

E n el que mejor no pensar,

C omo tampoco alentar

I nnoble, y ruin consejero,

O blato de la maldad.





Archivo 5


E ngendro de la maldad

L eviatánica y cruel,


O bliga a la mente humana

D esde siempre a padecer,

I ncluso a no reconocer

O rgullos que de él emanan.






Archivo 6


E stuvo siempre vendido

L ibrando aquella verdad



P enosa, pero favorable,

E n razón de un interés

R uín en todo porqué,

J usto porque no es loable

U nir derecho y deber,

R oto por ser lo que es:

I ndiscutible y palpable,

O bligación y honradez.





Archivo 7


E n su corazón humano,

L o guarda con devoción


R enegando de su paz,

E n tanto que quiere estar

N adando en su negación,

C on esa altiva presión

O rgullo de una verdad

R ota por su condición.






Archivo 8


L lega a ser tan deleznable

A la par que inconsecuente;


A bsoluta, y despreciable,

M áxime en aquella gente

B aja, de moral tan variable,

I ndeorosa e indecente,

C uyo final deseable

I lusionado y candente,

O bliga a lo inalcanzable

N egando lo congruente.




Archivo 9

L ocura del ser humano

A la vez que bajo vicio


A lientan aires mundanos,

V ertidos por ese resquicio

A ntinatural e insano,

R azón que algunos llevamos

I ntrísecos en los interticios

C omo lapas y gusanos,

I nseparables hermanos

A los que renta éste oficio.






Archivo 10

L a pudo guardar, y no quiso,

A l fin cedió ante la maldad


C itando que era verdad

A la que le puso alas;

L as puso para así obviar

U na verdadera y mala

M oción de calamidad,

N ecia, socarrona y rala,

I nutil, corrupta e inmoral,

A veces llevada a gala.





Archivo 11

L o siento dijo la pena,

A unque yo no sé por qué


D ebería de sentirlo,

E res tú el que me forzó,

S iento tener que decirlo:

H oy, eres el ejecutor,

O bviamente yo el mirlo;

N o, nunca será un error

R ecordar y repetirlo

A l decir de un violador.






Archivo 12


L erdo en el cumplimiento,

A unque a veces parodiado,


D ícese del comportamiento

E n verdad siempre estudiado.

S obre todo en ese momento

O neroso y bien pensado,

B anal, que, sin tratamiento,

E mplean los más espabilados,

D onde el más sutil intento,

I ncluso el más complicado,

E nlaza con el pensamiento

N unca mejor organizado,

C on tretas de sentimientos

I nicialmente inventados,

A l decir del complemento.





Archivo 13


L imar las desavenencias

A veces cuesta trabajo.


D os, no son uno, y por eso,

I mplicados desde siempre

S e hallan muchos humanos

C on sus cuitas y procesos,

O en el peor de los casos

R ecordándose unos hechos

D urante toda una vida,

I nutil y torpe medid

A valada por los despechos.





Archivo 14


L ey del más débil será,

A demás de infructuosa


E n el campo del honor;

N egación de una verdad

V il, rastrera y voraz,

I ncluso la perdición

D olosa y sin salvación,

I ncita al hombre a estar

A tado a su condición.





Archivo 15


L amentos de la conciencia

A rrastran a éste poema...


E s aquella sensación

S altando de vena en vena

C uando todo el corazón

L atiendo una vida plena,

A siste a aquella razón

V alor de unas cadenas,

I ndiscutible opinión

T ratada desde la pena,

U nica de aquella unción

D e la más alta condena.





Archivo 16


L a veo venir desde lejos,

A ndando, sin titubeos...


F eliz y tan confiada;

A veces, como distraída,

L lega sonriente, y rara,

S eria si le va la vida

E n esa situación extraña

D onde la verdad escondida

A cecha las malas mañas

D e su fuero ya perdida.





Archivo 17


L a voz despierta insaciable,

A premiando sin cesar...


G rande en su quiere más,

U n poco más, si es posible,

L o importante es llenar

A unque cueste lo indecible.





Archivo 18


L iada y siempre convulsa;

A liada que en extremo


H oy, mañana y pasado,

I lusos siempre seremos

P orque nunca dejaremos

O ír a quien a nuestro lado,

C onsciente de ese pecado,

R ecordará el verdadero

E spectro de aquel primero

S egmento cruel y taimado,

I nutil, falso y depravado,

A mén de gran embustero.





Archivo 19

L entamente, agazapada,

A byecta y hasta traidora

I mposible de reforma,

G ana enteros cada día

N egada a la simpatía

O bligada de una norma,

M ediática y que conforma

I deales y amnistías,

N udo llano y sin estrías

I nquisidor que a las formas

A veces, otras daría.






Archivo 20


L anguidece la actitud

A mparada y enclaustrada,


I nequívoca y llevada,

N egada, y hasta en cruz,

D ebido a esa quietud

O probio de la tan usada,

L axa, sutil y viciada,

E n que la pobre aptitud

N unca saldrá a decir: tú,

C oge la más señalada,

I ntenta dejarla encajada

A hora que has visto la luz.





Archivo 21


L a oscuridad no es vital

A unque al parecer lo sea...


I njutificada acción

N efanda, cruel y felina,

F avorece aquella inquina

I mpropia de quien dió palabra

D e compromiso por siempre.

E n estos tiempos que corren

L o que parece esencial,

I dóneo, y ser exaltado,

D ebe de ser la traición,

A unque quede el corazón

D e barro todo enfangado.





Archivo 22


L a pobreza del amor

A yer se tornó en maldad...


I mposible de aceptar,

N egó por naturaleza

T odo cuanto la belleza,

O ro en un tiempo atrás,

L e mimara ese caudal

E brio de aquella cabeza,

R echazando esa nobleza:

A mar, y por siempre amar,

N unca capaz de apreciar

C uanto calor y terneza

I ntríseca de su grandeza,

A demás de su integridad.





Archivo 23


L ate sin control la fuerza

A rrollando cuanto existe,


I nnoble y soez en su embiste,

R amplona, cruel y perversa,

A mén de villana y triste.





Archivo 24


L ocura desordenada,

A esto yo me refiero...


L oco ese “amor” que ligero

U ne en su piel desatada

J ugando al quiero, y no quiero,

U na vez más y sin esmero

R etozar cual fiera acosada,

I ndicio de una incontrolada

A fición a un vicio huero.





Archivo 25


L ee hasta el pensamiento

A legando sobriedad...


M anifiesta condición

E n la que siempre estará

N adando para guardar

T oda su dolosa acción,

I deada, y en la opinión

R uin de siempre engañar

A todos con su razón.





Archivo 26


L astrada por la maldad

A umenta siempre de peso,


O probio de esa sin razón,

F ebril en su conjugación

E xacerbada y pueril,

N acida de un término vil,

S ádico, y de corazón

A ciago, pérfido y ruin.





Archivo 27


L asos por naturaleza,

A unque no por el cansancio,


P ecan el gusto y el deseo;

E s así como los veo,

R ozando como promesa

E stática, y sin entereza

Z arandeada en función,

A unada a sus mil flaquezas.





Archivo 28


L a mente si no se domina,

A veces nos domina ella...


U na vez que nos abraza,

S i no le damos de lado,

U tiliza aquellos méritos

R uines, desmesurados,

A fin de sacar más réditos.





Archivo 29


L o más nocivo que el hombre

A llegado a practicar,


I nnoble y desafortunado,

N egativo y con maldad

D esde aquella Creación,

I ndiscutiblemente, creo,

F ue esta indiferencia.

E n caso de querer lastimar,

R ecurrió siempre a este fin,

E l más infausto de todos...

N o hay cosa más despreciable

C on la que se pueda ofender,

I nsultar a un ser humano,

A un amigo o hermano tal vez.





Archivo 30


L acra que lastima el alma

A cabando por herirla...


S de de maldad es la que incita

O brar con bajas maneras,

B landiendo garras de fiera

E n la mejor de las citas,

R esumen de aquel calavera

B estia ruín y maldita

I nclinada hacia cualquiera

A penas quede sin cuitas.






Archivo 31


L uciendo aquella sonrisa

A bierta, y que en apariencia


T rata de mostrar tierna,

R edoblará así su paterna

A l tiempo que procaz idea,

Indecencia cual ninguna

C on tal de llegar a alguna

I mplementada obra sucia,

O simplemente, falsear

N otoriamente su argucia.





Archivo 32


L enta, además de grave,

A nda por nuestros sentidos;


A veces circula ligera

G anándole espacio al tiempo,

O rgullo de unas quimeras

N acidas para que el momento

I nicuo en cualquier manera,

A lcance un final contento.





Archivo 33


E s el último eslabón

L legado el fin del viaje...


J usto el complejo elemento,

U nión del gran engranaje

I niciado en aquel tiempo

C adencioso y sin ambages,

I ncentivado en momentos,

O en otros sin homenaje.


F rente a tu espejo real

I niciarás confesión;

N i Dios te habrá de juzgar.

A hora, sólo tú y tu contrición

L ograréis pasar el Astral.



















L A S   E S T A C I O N E S


















Archivo 1


L oca se lanza a buscar

A quella luz diferente...


P asó ese tiempo de frío

R amplón para los paseos,

I ncluso para un garbeo,

M ás si miramos el río

A l que llegará el estío

V elá y cumplidos deseos,

E n llegado el jubileo

R egresará el desvarío

A bierto ya el cerveceo.




Archivo 2


E n esta nueva estación, y cual vecinas

L iberadas de los fríos invernales,


V olverán las traviesas golondrinas

E n mi ventana a descargar sus equipajes,

R eescribiendo en los vidrios el viaje,

A legrando con mil soles las esquinas,

N ovias eternas que en las tardes trinan

O rnando con sus acrobacias el paisaje.





Archivo 3


E n lo que fuera un pis pas,

L os calores se esfumaron.


O trora el frescor ansiado

T oca repudiarlo ahora;

O bertura de hojas caidas,

Ñ ublados, cielos de moras

O tra vez ennegrecidas.





Archivo 4


E ntre los vientos del Norte,

L evantinos, y ponientes,


I ncansables gotas frías,

N evadas y crujir de dientes,

V ibran las noches, los días,

I ncluso el sol confidente

E ntregado a la utopía,

R eivindica levemente

N o neguemos su armonía

O sus besos más ardientes.














L O S  M E S E S
















Archivo 1


E mpieza con él el año...

N o más se hace presente

E nfila ya el nuevo puente;

R recorrerlo tendrá apaños,

O bjecciones, y patentes.






Archivo 2


F iel a aquella sentencia,

E l loco fue denominado

B ajo el signo de los peces,

R ecordatorio que, a veces,

E n lo que quedó acordado,

R eferirlo en esas preces

O frendas por lo pasado.






Archivo 3


M uestra la nueva sonrisa

A la vez que ya no llora,

R ecomponiendo precisa,

Z alamera, y que atesora

O lores de nueva brisa.






Archivo 4


A hora que ya se ha abierto

B rillando con su esplendor,

R ecreánnos sus conciertos,

I nnumerables momentos

L lenos de luz y calor.






Archivo 5


M ientras la primavera

A lcanza para calentarnos,

Y a se preparan las eras

O pinión de los aldeanos.






Archivo 6


J untas las dos estaciones:

U na saliente, y la otra entrante

N os recuerdan aquel instante:

I nocencia adolescente,

O tal vez mayoría imperante.






Archivo 7


J oven y lleno de fuerza,

U nida, eso sí, al calor,

L lega la madre naturaleza

I nvitándonos a esa unión

O bvia de nuestra nobleza.





Archivo 8


A quí llegó, bien empapado,

G rasiento y tal que así repletito

O liendo a acéites bien frititos,

S intiéndose como ahogado

T rás un Julio tan pesado,

O primido, caluroso y ahito.




Archivo 9

S ereno se hace presente,

E nvidiado y sorprendente

P unto y aparte en el año,

T al que así para esa gente

I nquieta y muy inteligente,

E n ese afán de un peldaño

M ediático y preferente,

B ese su cuerpo ardiente,

R azón para diferente baño

E n tiempo de mejor ambiente.





Archivo 10


O h, castaño que juegas al viento

C reando mil formas vitales,

T inéndote de hermosos colores

U nicos, sutiles, ancestrales,

B ravíos, a veces, adoradores,

R azón de las idas estivales

E n un nuevo renacer de amores.






Archivo 11


N eto, grave y entristecido;

O toñal, frío y lluvioso

V iene éste mes dolorido,

I nmerso en un mar de latidos

E n los que tan quejumbrosos

M uerde la pena el sentido

B lanco de seres queridos,

R ecordándoles gozosos

E n tantos pasos perdidos.





Archivo 12



D esde aquellos comienzos,

I ncluso desde Manuel

C on el primero de Enero,

I niciamos nueva edad

E n lo que se refiere a estar...

M as con ella, y sus regaños,

B ajando los últimos peldaños

R elajémonos en esta Navidad

E sperando el nuevo año.
















L A  S E M A N A
















Archivo 1


E l amanecer del día

L entamente forma un arco,


L a línea no está derecha,

U na terrible agonía

N atural de la flaqueza,

E s la causa que daría

S entido a esta pereza.





Archivo 2


E n esta segunda etapa

L o suyo es seguir vehemente,


M as quedóse un tanto atrás

A quel paso negligente,

R esiduo torpe y paciente,

T ratado que, siempre igual,

E n el que ir a trabajar

S uele ser impertinente.






Archivo 3


E n este tercer estadio

L as ruedas van encajando,


M idiendo ya ese otro tiempo

I nclinado hacia el momento

E n que el cuerpo está pensando

R estar con entendimiento

C ada minuto; Y a esa hora

O ligárquica, y acreedora

L e llegará en cada día,

E ntusiasmada alegría

S abiéndose sin demora.





Archivo 4


E l justo término medio

L lega cuando en la semana


J uega una baza importante,

U niendo principio y final

E n ese deseo constante,

V ersión de aquel desear

E xclusivo, y tan delirante

S entido de lo fenomenal.





Archivo 5


E n lo que va de semana,

L eemos cómo se espera


V enir como Primavera

I ncipiente, verde y grana,

E sta etapa que, señera,

R ecurso que nadie quisiera

N egáranle en la mañana,

E scuchando las campanas

S azón de aquellas quimeras.






Archivo 6

E l fin por fin a llegado,

L as etapas se quemaron


S in pena ni gloria aciaga,

A l contario, toda vaga,

B aladí, y buena pieza;

A demás de guarnecida,

D obló la espina enseguida

O rnando así su grandeza.






Archivo 7


E legantemente hoy

L uciendo su mejor gala,


D emuestra disposición,

O bviando aquella razón

M ediática en la que él

I niciado en mil batallas,

N egóse a sí, y se haya

G anándose aquél por qué,

O ro es cuando se calla.

















V A R I O S
















Archivo 1


C larín que a fiesta llama

R edoblando melodías

U bérrimas de aquel tiempo,

Z arpazos a la humanidad.


D ías llegados, estos son,

E n que corrales y plazas


M ezclan gozo y bienestar

A lrededor de una Cruz,

Y así poder ver la luz

O tro nuevo comenzar.





Archivo 2


E ntre ropas de Azahar

L os nervios ya no lo dejan


N i tan siquiera pensar.

A únque sí, sólo seis años,

Z alea a toda la familia

A la que trae de cabeza

R epitiendo con reaños:

E nga que se hace tarde;

N ació para su Salud

I lusionando a su gente,

T odo en él es diferente

O tal vez quiera ser su luz.





Archivo 3 


L a magia está en el saber

A la vez que en la ignorancia.


C on lo poco que se sabe,

U nos se dan por contentos

L legado el momento clave.

T odos, en general, atentos

U niendo cerradura y llave,

R azón de ese pensamiento

A veces doloroso y grave.






Archivo 4


L lamada la caja tonta,

A certada acepción por cierto,


T iene aquellos ingredientes

E n los que si nos detenemos

L evemente a analizar,

E n ellos se puede encontrar

V ariedad de programaciones

I nutiles en su mayoría...

S obrecargas decadentes,

I ncultura por doquier,

O lo que es lo mismo, basura

N acida de un sólo interés.





Archivo 5


E ntra y sale como aquél

L adrón que sabe


C uanto se puede tener

H oy por hoy, sin más llave

A la que trabas poner.

Q uiere estar donde se puedan

U rdir sus negras maneras,

E s decir: ¿lugar? Cualquiera,

T odo para que lo vean

E ntregado a esa otra meta...

R otar, ese es su lema,

O bvio que también su jeta.





Archivo 6


F iel a esa indiosincracia

U bérrima y trabajada,

L a actitud se manifiesta

A lo largo de su vida,

N o necesitando medidas

O bviadas ni improvisadas.


E legante en su ademán,

L ibra él sólo su batalla...


T aimado, fiel a su gran plán,

R efinado y convincente,

E nlaza de forma muy proverbial,

P resunción, y un don de gente

A usente de toda humildad.





Archivo 7


I magen de un éxodo obligado

N acido de una guerra sin sentido;

M archa de un pueblo maltratado,

I nocente al clamor de sus latidos.

G olpe trás golpe, castigados,

R epudiados, odiados, reprimidos.

A ún por mucho suplicar, negados

N otoriamente en sus quejidos;

T ratado cual peste, atormentados

E n el crudo afán de ser socorridos,

S obre todo los más necesitados.





Archivo 8


L os rayos del sol se cuelan

A través de ese agujero


C ada vez mayor, más grande,

A demás de más mortífero,

P ero, al parecer, no importa

A esta humanidad nuestra.


D esde que el hueco se abrió

E s cada vez más dañino...


O toño se nos echó encima

Z anjando así este verano;

O jalá sin repercusión alguna,

N inguna, porque de no ser así,

O tro gallo habría cantado.





Archivo 9


N acida de la Poesía,

O belisco literario,

C aminas tú por la ciencia

H aciendo nuevos estadios,

E nseñando brotes frescos

S obre cuartillas de ensueño,


D ejando fiel testimonio

E n infinidad de versos

L audales, concatenados,


B andera de un sentimiento

A l que se acoge Sevilla

R izando un rizo en su texto

A la luz de los poetas;

T oma la noche ese cuerpo

I lusión de los sentidos

L lenos de pasión, despiertos,

L lamando a nuevos latidos

O rden de noveles aedos.





Archivo 10


E n el fondo del corral

L lora la pena en silencio;


D ura, dolosa, cansada,

E n tanto que castigada

S iempre por esa maldad

A vara, ruin y podrida,

H ermética para unas vidas

U nidas siempre al pasado,

C orazón de quiero y no puedo

I mpedir que el más cruel dedo

O rdene sean desterrados.





Archivo 11


L apidaria en su conjunto,

A demás de triste y cruel,


P asa siempre por la vida

O ligárquica, y en su hacer,

B atiendo, y dejando heridas,

R ozando esa ingravidez

E n que la fuerza querida

Z alea aquel no querer

A lcance a mejor salida.





Archivo 12


L a entendemos cual así,

A únque sólo es ignorancia;


E s verdad, y no es mentir...

N egarlo tiene “importancia”,

F ue, y es, no querer admitir

E n lo que se entiende jactancia,

R azón para no advertir

M ala praxis en abundancia,

E n no saber dicernir

D ónde está aquella distancia,

A la par que concluir:

D os y dos, no es una mancia.






Archivo 13


L lora el mundo ese momento

A l que sin querer se llega...


M alditos remordimientos;

U rdimbre de la madeja

E n que su hilo y el tiempo

R ecuérdanos aquella vieja

T étrica alarma, y lamento

E n cuanto la raya es aneja.





Archivo 14


L a sangre en sus venas saltó,

A penas aquella barbarie

S embrara pánico y horror...


T ubo ésta España mujeres

R eñidas con un fascísmo

E nconado y putrefacto,

C obarde, ruin y asesino,

E n el grado más de facto.


R ebeldes y luchadoras,

O stigadas a negar

S us profundos ideales,

A cusarían aquellos males

S úmmun hasta fusilar.





Archivo 15


E léctrico y sin corazón,

L ocalizadas sus huellas


F alsas en tan vil decisión

A las que si hubiera razón,

S ólo serían aquellas

C on las que toda querella

I nutil, y sin parangón,

S ería la cosa más bella:

M order toda condición

O bjetivo vital de ella.






Archivo 16


L uce poder y se jacta

A únque sea pasajero.


D eprimente situación;

I nutil el engreimiento

C arente de toda razón,

T ocará sólo momentos

A los que una decisión

D ébil, tal vez sin acierto,

U ltimará aquella acción,

R ara, por culpa de un viento

A dlátere de perdición.






Archivo 17 


L amento tener que decir,

O lo que es lo mismo,

S in duda, sentenciar,


D ado que así es cómo,

I ndiscutiblemente,

E sto se debe entender:

Z aleemos la razón...


M irad que reza el principio:

A mar a Dios sobre todo...

N ada más ya es necesario.

D el resto ya ni me ocupo;

A unque no sé quién lo hizo,

M e da la leve impresión,

I ntentando reflexionar

E n aquél tiempo el inspirado,

N o estaría muy concentrado

T ratando los diez preceptos;

O bservando ya el primero

S obra de seguro el resto.









    S



    A



    N



    T



    I



    A



    G



    O



          Querido lector/a. Cómo habrás podido comprobar, me introduje en estas páginas vestido con mis mejores galas poéticas. Y lo hice para ti. Ahora, con el último verso me deshice de mi postrera prenda por lo que, desnudo, te ruego intentes vestirme de nuevo con cuanto has podido llegar a entresacar de este “cajón”. Arriba tienes la percha. Vístela con tus deductivas mejores galas. Tus versos pasarán a enriquecer nuestro Universal patrimonio cultural.

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O P I N I O N E S








Sobre su pelo, la nieve

Abrió su mágico velo

Nimbando en su cerebelo

Todo aquello que contiene

Ilusionada belleza,

Amor a las tradiciones,

Generosas emociones

O la enjundia y la pureza;


Mas su corazón encierra

Alfarería de arte,

Rancio abolengo del cante,

Todo el duende de su tierra,

Imaginación cofrade

Nacida de fe verdadera.


Muere por su barrio amado

Orlando de poesía

Rincones de su pasado;

En su verso de ambrosía,

Nadie como Santiago

Ornó la trianería.





Agustín Pérez González








Sembrador de la amistad,

Andaluz y trianero

Natural de un Guadalquivir

Transparente como el cielo,

Inexcusable amigo mío

Admirador de lo bello,

Guardián de hermosos versos;

Obsesión por lo perfecto.


Mujer, sólo la suya;

Alhaja es su Giralda...

Rumor, el de castañuelas

Talladas en su Triana.

Imagen la de su Cachorro,

Naturales los de Paula.


Monumento, su Torre del Oro,

Olores los de Santa Ana...

Recuerdos los de su infancia;

Esperanza, su Esperanza.

No sé que decirle más...

¡Ojú, se me fueron las palabras!



       Diego López








Sevillano y trianero,

Aunque del barrio León

Natural por sentimiento

Tajantes, claros, concretos,

Intrínsecos de un pensar,

Al que se le ve tragar

Guadalquivires de amores

Ondeando en su verdad.


Mas aún de aquella ayuda

A la que él llegará

Rizando un rizo de entrega,

Tanta, que hasta reventar

Irán llevando sus aguas

Naves con un sólo afán,


Morir si fuera preciso

Otorgando su verdad,

Reiterando unas ideas,

Esas que sólo al final

Nadie más que su conciencia

Otorgará o rebatirá.
 

                    Marcos Cañada

 


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