viernes

LA NOVELA XVIII (Final)



 
Trozos del Espejo
 
 
CAPITULO DÉCIMO OCTAVO


Alejandro estaba deseando de hablar de su amistad con Alberto, y ¿por qué no? Todos sentían curiosidad por ello, pero, fue Guillermo el que le preguntó:
- ¡Caramba chico! ¿quién es ese personaje y que además es Teniente?
- Ahora no sé si lo seguirá siendo, aunque es muy posible que ya lo hayan ascendido, valer vale para eso y más, pero, no sólo es militar de vocación; Alberto en la vida civil es Ingeniero Aeronáutico. Estuvimos sirviendo juntos en Aviación, él como ayudante de Ingeniero, yo como Médico. La verdad es que los once meses que estuvimos en el mismo campo, fue todo un tiempo lleno de una hermosa amistad.
- ¿No sabía yo que en la mili se pudiera llegar a tener una amistad tan estrecha? -le interrumpió Guillermo.
- Tiene su explicación, claro que esto no lo conocéis vosotros ya que antes apenas nos veíamos, sin embargo, es curioso cómo el destino hace reunir una serie de circunstancias que cuajan cuando menos se lo espera. Y digo lo de curioso porque si os fijáis en lo que nos ocurrió a Alberto y a mi os daréis cuenta que en cierta medida debía haber sucedido al revés.
“Una mañana, cuando terminamos de desayunar y al salir del comedor me iba a dirigir como siempre a la enfermería. Alberto también se marchaba hacia el campo en busca de sus pajaritos, como él le llamaba a un grupo de avionetas de un sólo motor con las que, al parecer, estaban experimentando un nuevo sistema. Me dijo que si quería ver algo de lo que estaba haciendo y que consideraba muy bueno. Le dije que sí, que tenía tiempo y le acompañé hasta un pequeño avión que se encontraba al fondo de uno de los hangares. Cuando llegamos, le quitó unas lonas que lo cubría y se subió a la carlinga. Ya en ella me pidió que le diera unas vueltas con fuerza a la hélice, con el fin de poner en marcha el motor. Lo hice, pero con tan mala fortuna que la inercia del movimiento y aunque el motor no se puso en marcha, me pilló desprevenido el brazo haciéndome un buen corte justo en la vena, mientras que el golpe al desplazarme hacia atrás hizo que así mismo me diera con un hierro en la cabeza al caer perdiendo el conocimiento. Al quedar seccionada la vena comenzó a manar gran cantidad de sangre. Luego, cuando ya pude recobrar el conocimiento, yo estaba en una camilla con Alberto a mi lado pasándome su sangre en una transfusión espontánea. Por orden del médico de guardia y que se llamaba León, pude saber que no encontró a tiempo más que a Alberto con el mismo grupo sanguíneo que el mío; que él era el que me había estado practicando una respiración artificial después de hacer como pudo un torniquete en el brazo hasta que llegó una ambulancia que él mismo había llamado ya que en esa parte de los hangares normalmente a esa hora no solía haber nadie.
Ya os podéis hacer una idea de lo que puedo sentir por él, que hasta tengo parte de su sangre.”
El Sol ya se había puesto al otro lado de la sierra, cuyos encajes arbóreos se veían preciosos en esa sublime silueta que se aprecia con la luz anaranjada del ocaso; pero era temprano aún cuando regresábamos a la ciudad.
Al llegar, excepto Guillermo, todos se bajaron de los dos coches. Habíamos comenzado la despedida en el orden inverso a la llegada y por eso ahora éramos nosotros los primeros en la despedida. La ocurrencia de mi mujer, hizo que a todos, pero en particular a Laura, se le pusieran los ojos abiertos de par en par.
- ¿Os gustaría subir a casa y estar un rato con nosotros, es temprano aún...?
La respuesta fue que sí, casi al unísono. Pronto Guillermo pidió, abriendo la puerta del coche, le echáramos una mano. Ni siquiera se preocupó de preguntar si vivíamos en un piso bajo o de si la casa tenía ascensor.
Ya todos acomodados en el salón, y mientras Leonor le decía a mi mujer que teníamos una casita muy mona, las miradas a hurtadillas iban y venían recorriéndolo todo, como queriendo perpetuar cada detalle de los muchos que colgaban de las paredes y en las que no se apreciaban huecos libres. También ella lo hacía mientras hablaba, y fue por ello que, levantándose, se dirigió a un lugar en el que teníamos colgado un gran marco con las veintidós láminas del Sagrado Tarot, y que un día un buen amigo nos pintó y regaló.
Se le notaba cierta fascinación, y su mirada saltaba de una lámina a otra, demostrando con ello que se había comprado las cartas que le recomendara no hacía mucho tiempo. Sin apartar la vista de aquella práctica y real visión, regresó a donde estaba anteriormente y se volvió a sentar preguntando:
- ¿Esas son cartas de verdad¿
- No, esas no son más que unas pinturas que nos hizo un amigo. Las cartas o láminas de verdad, como tú dices, no las tiene nadie, aun están en el mismo lugar de su origen hace aproximadamente cuatro mil años.
- La historia de las cartas debe ser alucinante ¿verdad Jorge? -dijo Laura con cierta voz de intriga.
- ¿De dónde vienen las cartas del Tarot? -preguntó Leonor aprovechando la puerta que le había abierto su hija.
La verdad es que viene del antiguo Egipto. Es una ciencia, aunque esto aun sigue costando aceptarlo, me refiero a cómo ciencia, principalmente; cómo os he dicho anteriormente, en ella se encontraba la principal obra literaria que encerraba todos los acontecimientos y vicisitudes de aquellas vidas dedicadas al estudio y la perfección del ser humano, aunque es justo reconocer que ese todo cuanto se dice se ha visto o escrito acerca de esta civilización, no es exactamente el todo.
¿Conocéis la historia de Thot? ¿No habéis visto la película? Éste fue uno de los primeros reyes, y el mítico creador de los jeroglíficos. Tuvo la genial idea de inventar un sistema de cartas en las que quedaran simbólicamente reflejadas todas y cada una de las hermosas páginas de aquellos libros, en las que los elegidos del pueblo plasmaron sus conocimientos a través del tiempo, y que irremisiblemente estaban condenados al Fuego, como así sucedió cuando al comienzo de la Era anterior, Egipto fue invadida por los hicsos, un pueblo quizás el más bárbaro que haya recogido la historia de la Humanidad.
Así, que cuando el que era amigo se convirtió en enemigo, también en su maldad quiso quemar las cartas, pero llegó el redondeo de la inspiración por lo que el argumento egipcio de que aquellas láminas o cartas eran sólo para jugar, las dejaron, quedando una vez más demostrado que el hombre respetará siempre más el vicio que la virtud, y de esa forma inteligente se pudo salvar toda una cadena de sabias y místicas vivencias apoyadas en un alfabeto en el que si lo observáis y estudiáis muy detenidamente, veréis que todos los dioses son letras, todas ellas sus ideas de la vida real, estas convertidas en números y al final en todos los números lo que realmente se aprecia son signos de una perfección extraordinaria.
Así es como en los veintidós arcanos mayores del Sagrado Tarot, podemos contemplar e interpretar a través de la simbología de su figura los principios y fundamentos de la Filosofía de aquel gran pueblo.
- ¿Y las cartas cómo se interpretan, Jorge? -volvió a preguntar Leonor.
- Las láminas del Sagrado Tarot y a priori, no tienen interpretación. Ellas sólo se manifiestan cuando se usan, aunque qué duda cabe que una pequeña seña de identidad de cada una si os puedo ofrecer, como por ejemplo y comenzando por la primera que es la que se conoce con el nombre de “El Loco”, que va al principio y porque siendo atemporal en el número de orden le corresponde el cero. Así, tenemos a este personaje... perdonadme, pero se me acaba de ocurrir que si nos ponemos todos frente a ellas creo que asimilareis mejor estas explicaciones, ¿si tenéis interés, si no seguimos como estamos!
- ¡Ah! Perfecto -dijo Leonor a la par que ya estaba moviendo el módulo en el que se encontraba sentada.
Los demás, excepto Guillermo, hicieron lo mismo y continué mi pequeña disertación...
- Como os decía, ahí tenemos en “El Loco”, un fiel reflejo de cualquiera de nosotros en esa pizca de locura a que nos conduce irremisiblemente nuestra sociedad.
En ese otro personaje, como es “El Mago”, encuentra cada uno un algo de inquietud creadora y mágica, a la vez que el conocimiento para poder dominar la voluntad, lo que ocurre es que cuando nos enteramos de lo que hay que pagar por ello ya no nos interesa.
La Naturaleza, como mujer, y fijaos en este detalle, como mujer dinámica la vemos perfectamente en “La Emperatriz”; sin embargo, anteriormente y en “La Sacerdotisa”, encontramos a la mujer sabia pero, incapaz de reaccionar ante las emociones.
“El Emperador”, nos recuerda continuamente el papel que juega el hombre en la política a todos los niveles, así como vemos el convencionalismo de “El Sumo sacerdote” siempre en la religión.
¿Y quién, cuando ama no se siente identificado con esa otra lámina de “Los Enamorados”, capaces de engendrar en su pureza el Amor Espiritual; y quién, también no se convierte en guerrero para a bordo de “El Carro”, recorrer el difícil y frenético camino de nuestra azarosa y complicada vida? Esta otra y que se conoce con el nombre de “La Justicia”, llama a nuestro inconsciente cada mañana para hacernos ver que con ella como virtud podemos afrontarlo todo, si es que queremos.
Una vida más o menos llena de sinsabores, nos recuerda la figura de “El Ermitaño” en su búsqueda incansable. También el ser humano se ve atrapado, y, ¿por qué no? dominado por esa gran debilidad que puede quedar plasmada en “La Rueda de la Fortuna”. Otros, al alcanzar un equilibrio en su vida, sentirá cómo la cara de su propio poder en “La Fuerza”, será su más fiel reflejo. Y en aquellas mañanas cuyo día se nos hace presente cargado de dudas e indecisiones, ¿quién no piensa en “El Colgado”. Con “La Muerte”, a veces sufrimos por que entendemos que esta carta sólo nos puede conducir a un fatal y físico desenlace.
Cuando el hombre ha olvidado una virtud esencial para él mismo, como es la confianza y la moderación, se mira en “La Templanza”, y ve cómo a través de ella se puede conseguir la conciliación. También en ocasiones, ¿Quién no encuentra en “El Diablo”, aquel ramalazo que a menudo presentamos de demoníaco? Mientras algunos se sienten así, y otros dudan, también aparece la figura de uno, que no olvidando su pasado ve su imagen reflejado en esa otra lámina que es “La Torre”.
“La Estrella” es un arcano, un misterio que nos hacer ver lo hermoso de la esperanza en el ser humano llenándolo de satisfacción, sin embargo, ¿quién cuando se sintió engañado, porque creyó ver lo que no era, no pensó inmediatamente en “La Luna”. En cambio, para esos otros que amanecieron llenos de optimismo y felices, estoy seguro de que se identificaron sobradamente con “El Sol”. Pero tras el agotador viaje en busca de nuestras verdaderas inquietudes, también llega un momento en el que nos damos cuenta de como nos llaman a “El Juicio”.
Así pues, todos encontramos en los arcanos mayores del Sagrado Tarot, un pasaje, un cliché, un momento de nuestro andar cotidiano, y es como llegamos a ese último, pletórico de fuerzas, de éxitos y perfección como es aquel en el que me gustaría que estuviésemos reflejados todos nosotros: “El Mundo”, porque si no pudiera ser así, tendríamos que volver a vernos con “El Loco”, e iniciar inexorablemente un nuevo camino hacia la búsqueda de nuestra verdadera personalidad, aquella que vino de arriba y que es la personalidad real de nuestro Espíritu.
- Ciertamente es fascinante ¿no lo creéis así? -dijo Leonor dirigiéndose a los demás.
- Desde luego que sí -quiso apostillar Guillermo.
- Jorge, tú antes has dicho algo así como que esto es un agotador viaje; verás, es que eso no sé a que se refiere exactamente -ahora la que quiso saber fue Laura, al tiempo que se levantaba señalando todo el conjunto de láminas.
- ¿Tú quieres decir que todas juntas son como si fuera el camino que hay que seguir? -preguntó Guillermo a su hermana.
- Sí, si el Loco representa al Espíritu, ¿el camino quien lo hace, el hombre? -insistió de nuevo Laura, mientras los demás seguían muy pendientes de todo ello.
- “¡Naturalmente! Desde el primero hasta el último y partiendo de “El Loco”, éste representa el Espíritu del individuo, cuando llega un momento en su vida en que decide abandonarlo todo y lanzarse a la aventura en busca del mundo real. Luego sigue la representación de la Voluntad de ése mismo individuo; de ella va a depender su evolución en ese camino. Más tarde y mediante esa voluntad puede adquirir la Sabiduría, el conocimiento. Con esa sabiduría puede emprender todo tipo de acción dentro del mundo Espiritual. Una acción importante en la que sometiendo a su mente, puede conseguir el total control de las pasiones y los deseos, y liberándola de esa esclavitud al conformismo, puede dejar de ser una mente cerrada, haciendo mediante ello la elección correcta, y con esta decisión acertada obtendrá la primera victoria, el primer triunfo. El fruto de la Inteligencia.
Pero todo no se reduce a eso, aun queda mucho camino que recorrer y mucho que sudar si se quiere conseguir el premio definitivo...
Todo ello representa a que cuanto se ha trabajado debe tener su justa compensación, y es lógico que se reciba la iluminación para el resto del camino y con ella el conocimiento, mediante el cual se alcanzará el éxito de esa Ley de Causa y Efecto. Una Ley Kármica que apoyada en la rueda del destino se detendrá donde cada uno quiera detenerla, y ello es muy fácil de conseguir gracias a nuestra fuerza de voluntad. Con ella nuestra renuncia a un mundo absurdamente materializado, y con esta detención, análisis y sacrificio, un cambio: la muerte del ego, una forma de vivir y con ella la moderación, la armonía y la paz del Espíritu.
Ya os iréis dando cuenta de cuanto trabajo cuesta todo esto. No obstante, es muy simple; muchos flaquean y volverán a la esclavitud. Por eso nuestro único pensamiento debe ir encaminado hacia trabajar, trabajar y trabajar...
Hay que intentar sacudirse el encadenamiento material y conseguir entender que, como dice la sentencia: “Es más difícil romper una cadena de flores que una cadena de hierro”, porque si no es así, continuaremos fabricando sobre y con materiales podridos nuestras torres, aquellas edificaciones que sólo se construyen con la soberbia. En cambio, si se cuida el material con el Amor del Espíritu, siempre hay esperanzas de que nuestras fantasías se conviertan en realidad; que ese Amor no sea una quimera y que nuestros enemigos secretos no nos descubran porque su luz no permitirán que sea verdadera. Y será entonces cuanto nos encontraremos completamente liberados, llenos de alegría y felicidad; ello será la bandera para enfrentarnos a nuestros propios actos y así nuestra Fe, después de que el Espíritu se desencarne del cuerpo, hará posible el triunfo absoluto y se habrá conseguido entrar en aquel lugar maravilloso donde la conciencia sólo puede ser de origen Divino”.
- No me cansaré de repetirlo, verdaderamente es maravilloso, sublime, por cierto ¿yo podría aprender a usar el Sagrado Tarot? -dijo Laura de forma nerviosa a la vez que emocionada.
- Todos podéis aprender a utilizar el Sagrado Tarot, sólo depende de la entrega y el uso al que se dedique este conocimiento.
Yo sigo queriendo aprender, -dijo en esta ocasión Leonor a la vez que preguntó -: ¿Cómo podrías ayudarme?
- Por el momento dejaremos pasar un tiempo prudencial, en ese tiempo lo meditareis reflexionando sobre ello y sobre los sacrificios que exige el estudio, ya que uno de los trabajos más duros es la meditación, la concentración diaria, por ser lo primero que habréis de aprender para ello, y luego ya veremos cuando comenzamos en razón del grado de madurez que se aprecie en cada uno ya que desde que hablamos la última vez acerca de la meditación parece que no os llama mucho la atención ¿verdad María Isabel...?
Con la habilidad que le caracterizaba en el dominio de su carro en cualquier espacio, Guillermo se dirigió a un rincón del salón y acercándose a la pared que está justo frente a la ventana que da a la terraza interior; se quedó mirando un pequeño cuadro de unos veinte centímetros de ancho y cuyo marco guardaba todas la características del siglo pasado.
- ¿Puedo cogerlo? -me pidió cortésmente -. A lo que accedí, al tiempo que mi mujer, adelantándose le hacía un gesto afirmativo.
Lo tomó, y desplazándose nuevamente con el cuadro sobre sus rodillas lo trajo hasta donde nos encontrábamos.
- ¿Quién ha pintado este Óleo? -me preguntó directamente.
- Yo lo pinté hace ya algún tiempo. -le respondí.
- Pero no está firmado, y he observado que tienes otros que imagino son también tuyos y que también carecen de firma...
- No las necesitan...
¡¿No las necesitan?! ¿No necesitan llevar las firmas del autor? Entonces... ¿Cómo van a saber que son tuyos? -insistió
- Es que a mi no me preocupa el que se sepa o no que son míos; yo si lo sé; a mí lo que podría preocuparme es que gusten lo que se ha pintado.
- Claro, perdona, no sé como no recuerdo siempre que tú estás fuera de esto; que tienes otra forma de pensar.
- De pensar y de actuar, ya deberías sabértelo de memoria hermano -le dijo Laura sonriendo cariñosamente.
- Sí que es verdad. No sabía que pintaras también, Jorge. -dijo de nuevo Guillermo.
- ¡Regular solamente! ¿Te gusta?
- ¿Me encanta! Además me llama mucho la atención una cosa y es que creo recordar que este lugar lo conozco yo.
Al decir estas últimas palabras, dijo Laura levantándose y cogiendo el cuadro:
- A ver, porque si tú dices que lo recuerdas, yo también tengo que conocerlo ya que siempre hemos ido juntos a todas partes...
- ¡Claro, esto es Arcos! ¿Te acuerdas que fuimos con tía Adela? Mira, mamá... ¿No es esta la plaza que está delante del mirador aquel tan profundo?
- A decir, verdad, creo que sí. Lo que no recuerdo ahora mismo es que mi hermana viniera con nosotros -respondió Leonor.
- Tienes que acordarte, verás, haz memoria... ¿Recuerdas el día que se casó tu sobrina?
- ¿Cuál sobrina? -dijo Leonor un tanto sorprendida.
- ¡Cual sobrina va a ser! La única que tienes de tu hermana Adela, y que cuando se casó celebró la boda muy cerca de allí, y si mal no recuerdo se llamaba “La Cueva” que estaba camino de Jerez.
- ¡Ah, claro! Ahora caigo, hija. El cuadro es precioso; lástima que sea una miniatura porque en mayor tamaño sería extraordinario, y no es que así no lo vea, o será que a mi como me gustan las cosas grandes, bueno vosotros ya me entendéis.
- La verdad es que así y todo es una preciosidad -insistió Guillermo, diciendo seguidamente-: A mi es que el Óleo me apasiona.
- En ese caso no tendré más remedio que regalártelo para que lo puedas contemplar más a menudo -le dije viendo la cara de sorpresa que iba poniendo a medida que se lo estaba diciendo.
- ¡Por Dios! Que no lo he dicho con ánimo de... -dijo un tanto abochornado y mirando a todos.
- Nada hombre, no te preocupes que yo sé perfectamente con que ánimo has expresado tu admiración por él. A ti te gusta, y para mi es una satisfacción que seas tú el que lo disfrutes, porque estoy seguro que vas a disfrutarlo -le dije dándole una palmadita en la pierna, mientras por el rabillo del ojo veía el semblante de Laura.
- Ya puedes estar seguro, ya. No sé como darte mi agradecimiento.
- Dándome las gracias, y llevándotelo, así de sencillo.
- En ese caso: muchísimas gracias -me dijo un tanto ruborizado.
- No hay porque darlas Guillermo.
No había terminado de completar la frase cuando le escuché decir a Laura muy bajito y al oído de Guillermo: Espero que alguna vez me lo dejes llevar a casa para que yo también lo disfrute...
- Jorge, he visto en la entrada algunas obras colgadas que por las firmas entiendo que no son tuyas.
- Sí. Dentro hay más, ello es debido a una especie de intercambio. Hay pintores que me los han regalado a la vez que yo les he regalado alguna obra mía, y esto tampoco quiere decir nada...
- Para mi sí, porque como presumo que ya te conozco un poquito, creo que ya sé lo que te voy a pintar para que tú también tengas aquí en tu casa algo de lo que yo pinto, y, que si no recuerdo mal a ti también te gusta mi pintura.
- Es verdad que tu pintura me gusta, pero esto no te obliga absolutamente a nada, ya lo sabes.
- ¡Bueno, bueno! Eso ahora queda de mi cuenta ¿no te parece?
Ya había oscurecido, por lo que Alejandro pidió la despedida diciendo:
- Cuando queráis nos vamos; vosotros os quedaríais aquí toda la noche...
- Y tú también -le dijo su mujer-. Si no fuera porque esta noche tienes guardia, ya me dirías a mi de tus prisas en irnos.
- Tienes toda la razón; la verdad es que me voy a regañadientes porque esta es una noche en la que me encuentro la mar de a gusto; estoy, de verdad, muy a gusto en esta casa -correspondió Alejandro enfáticamente.
- Si quieres, habrán muchos días como este, no hay porqué apurarse hombre -le dijo mi mujer consolándolo en alguna medida.
Cuando hubieron salido a la calle, mi mujer y yo nos asomamos a la terraza y vimos cómo se metían en los coches; momentos después ambos vehículos se perdían por el final de la larga avenida mezclados con el abundante tráfico, sin duda los más rezagados de un Domingo pletórico de buen tiempo.
La casa quedó ahora en el más absoluto de los silencios; por la ventana que da a la parte de atrás del bloque, no se oían ninguno de los ruidos propios del resto de los días. Nadie conversaba en los patios interiores y una brisa de aire, que con imaginación se hacía deliciosamente fresco, cruzaba por el salón.
Mi mujer se puso a preparar la cena. Hoy estábamos los dos solos; la madre de Marta estaba en el pueblo con mi hija pasando unos días de vacaciones, por lo que los aprovecharon para quitarse del calor que empezaba a notarse cada vez con más fuerza, y mi hijo que se había ido de fin de semana con los amigos, por lo que no vendría hasta bien tarde, si es que venía y no repetía lo de tantas veces: aquello de los churros con chocolate a las siete de la mañana y acabar pasando la velada en la casa de alguno de ellos.
Entré en mi cuarto y me senté a practicar uno de mis entretenimientos favoritos: rememorar cada momento del día ya pasado... Ha sido un día magnífico -me dije -. Lástima que no haya venido también Ramón; es una gente muy maja, y a él le hubiera encantado. Bueno, la verdad es que siempre están los que tienen que estar. Guillermo se ha ido más contento que unas castañuelas, y no por la pintura en sí, sino porque era mía; ya se ocupará de decirle a la hermana más de una vez que tiene un cuadro mío y ella no; claro que esto lo hará dentro del repertorio de bromas y que ya es conocido de otras ocasiones. Seguro que en más de una ocasión Laura conseguirá llevárselo a su apartamento aunque sólo sea por unos días. Hoy se han despachado a gusto los dos hermanos; realmente a todos se les veía muy contentos y felices.
Con estos pensamientos y de forma inconsciente, metí la mano en el bolsillo del blusón y saqué el mazo de cartas del Sagrado Tarot que siempre llevo encima, con el fin de que ellas vivan mis propias vibraciones. Hoy como es natural también lo llevaba... Tiene que estar inflado de energías positivas -pensé – pues ellas al igual que yo también han vivido cada uno de los momentos de este maravilloso y armónico día.
Decidido, tomé una placa de madera limpia que tengo y la puse sobre la mesa del escritorio. “Cuando digo de madera limpia, me refiero a que la tabla está hecha de una madera que está virgen aún, o sea, sin pinturas ni barnices ya que así es como nos la proporciona nuestra Madre Naturaleza; de esta forma es como se está más en contacto con ella”.
Tomé las cartas y comencé a barajarlas, mezclarlas que sería más correcto decir, aunque espiritualmente este proceso es el de confundirlas; hacer del mazo un caos del que al final surja la realidad en forma de fiel ayuda; ayuda que pensé en pedirle mientras lo hacía y de camino si podían, en este momento, decirme algo acerca de cómo les iba a ir a ellos en ese nada fácil camino Espiritual del que habláramos cuando estuvieron aquí.
No sé cuánto tiempo estuve mezclándolas ya que cuando lo estaba haciendo, mi mente estaba simultáneamente viviendo dos momentos aun dentro del mismo lugar: uno, cuanto aconteció en aquel pequeño puentecito hecho de troncos, cuando estaba mirando hacia el arroyo, viendo pasar o mejor sería decir navegar, las dos hojas de Eucalipto al tiempo que oía aquella susurrante música que me parecía enteramente celestial... El otro, cuando me quedé todo el rato al lado de Leonor viviendo con ella a través de su proyección el tema de su desvelo.
De forma instintiva corté tres veces el mazo y me dispuse a su colocación; cuando estuvieron expuestas todas las láminas en el orden acostumbrado y propio de la lectura, comenzaron a decirme que a través de alguien, y con un comportamiento ético, se me abrirían las puertas para llegar a más gente relacionada con ése alguien. Yo sería su guía durante un tiempo, pero que ese tiempo también sería para mí un aprendizaje que me llegaría de ellos.
Una vez más, me quedó claro aquello de que, aunque pretendamos negarlo, todos aprendemos de todos, si somos honestos con nosotros mismos, y lo aceptamos en lugar de anteponer nuestro Ego y hacernos los sordos y los ciegos ante los demás, sobre todo cuando los demás nos necesitan.
Todo esto que me dicen no sé cuando se cumplirá, porque la información que se recibe con el Sagrado Tarot viene del plano material llamado Astral, y allí no existe el tiempo, siempre es presente; en fin, mañana será otro día; por cierto, ahora que lo pienso, por la mañana he de ir al centro, me iré andando e intentaré volver lo antes posible. Aquellas últimas palabras que acababa de pronunciar se me quedaron como haciendo eco en mi cabeza...


AL FINAL...

                Días más tarde, concretamente el tercer Domingo después de haber pasado aquellos maravillosos ratos juntos, Laura me llamaba por teléfono para decirme que se sentía una mujer distinta, diferente en todos los aspectos y que de ello había sido consciente al escuchar una tarde, en la que todos, incluido Ramón, estaban reunidos, que le notaban otra forma de expresarse, otra seguridad cuando exponía todo cuando había oído y, sobre todo, escuchado. Que había llegado a una conclusión; que había recibido mentalmente una serie de mensajes que, si bien al principio le asustaron un poco, sería poco tiempo después cuando sin darse cuenta estaba hablándole de ello a su hermano y a su madre:
Con una feliz sonrisa y que ella, evidentemente, no podía apreciar a través del hilo telefónico, le pregunté que decían aquellos mensajes. A lo que con gran soltura y sin el más mínimo rodeo, me dijo:
Trabaja por la gran obra, y sirve, porque tan sólo avanzamos en la justa medida en que servimos, ya que todo se basa en que si no vivimos para servir a los demás, no servimos para vivir con los demás, y que hay que amar y crear porque todo está aquí, y que es por ello que debemos evitar que los pueblos hagan infecundos sus amores y sus pequeños momentos de felicidad...”

2 comentarios:

  1. Mi querido amigo, he llegado al final y aunque he de reconocer que me ha gustado el argumento -el cual no puede estar más fuera de lugar en estos tiempos inundados de materialismo-, créame que me esperaba otra cosa, estaba casi segura de que al final el protagonista acabaría sucumbiendo a los sensibles encantos de la muchacha aunque ello hubiera estado fuera de lugar, de todas formas interesante. Una lectora empedernida.

    ResponderEliminar
  2. Muy agradecido por su comentario estimada lectora empedernida, totalmente de acuerdo con Vd., pero, considero necesario ciertos recordatorios si queremos que esto vaya a mejor; en cualquier caso, gracias y Feliz Navidad.

    ResponderEliminar