martes

LA NOVELA XV



 
Trozos del espejo
 
 
                                             CAPÍTULO DÉCIMO QUINTO


               Hoy se presenta un día especial; hoy es el domingo que debería, principalmente, ser utilizado para que Laura llevara a su madre y a su hermano a ver de nuevo su Encina. La verdad es que ella no tenía pensamiento de que fuera este, pero, al parecer, madre e hijo se encontraban tan felices, tan ilusionados con la idea, que se llevaron todo el tiempo llamándola por teléfono para que no se le olvidara.
Son las diez de la mañana, y el Sol calienta bastante en las tempranas aún, vísperas del verano, un Verano que se anuncia subido de tono dada la sequía que se viene padeciendo; alguna que otra tormenta aislada no ha sido en absoluto suficiente para calmar la sed de los campos y mucho menos cubrir la necesidad de los embalses y pantanos.
Aquí estamos mi mujer y yo, en la esquina de una hermosa avenida, recién estrenada gracias a ese remozamiento que Sevilla disfruta de vez en cuando. Vivimos al lado, por eso hace un par de días, cuando Laura me llamó por teléfono para decirme si podía acompañarlos, cosa que también le había pedido su madre, y decirle que sí, que iría con mucho gusto, le pedí que nos recogieran a esta hora y en este lugar, ya que se encuentra cercano a la salida por la cual se va a la carretera que me indicara.
Laura en esa misma llamada me pidió le comentara a mi mujer si quería venir. Cuando le respondí que sí, se puso muy contenta diciéndome que tenía muchas ganas de conocerla. Quiso saber algunas cosas más de ella pero le dije que ya tendría oportunidad de preguntárselas directa y personalmente.
- ¿Suelen ser puntuales? -preguntó mi mujer.
- Ahora, bastante. Al principio de conocernos aun estaban rodando con el sistema de todos; también en ese sentido han ganado mucho. Laura es la mejor que lo lleva y además es la que está ayudando mucho a María Isabel y a Alejandro. Antes, aunque eran amigas, no estaban muy unidas, pero, de un tiempo a esta parte las une un fuerte y hermoso lazo de amistad
- ¿Ayuda también a la madre y al hermano?
- Sí, a los dos, y créeme que le pone ganas, aunque justo es reconocer que sigue siendo bastante mental pero, se ve la lucha que está manteniendo consigo misma por mejorar a cada paso que va dando por su nueva vida. La madre, Leonor, es la que peor lo lleva, y se comprende; para ella el tema Espiritual es totalmente nuevo; dice que ha encontrado respuestas que antes no hubo manera de encontrar. Ella tiene muchas y fijas dudas sobre la figura de Jesucristo sobre el que al parecer ha leído mucho; está obsesionada con su idea porque continua encontrando incoherencias; tiene muchas ganas de hablar conmigo sobre el tema en profundidad pero está esperando que yo le diga cuándo podemos hacerlo.
- Estás contento con el trabajo que estás realizando, ¿verdad? -dijo sonriente y mostrando una hilera de dientes blancos y perfectos.
- La verdad es que sí; sobre todo porque dentro de ese esfuerzo que están realizando algunos como te he dicho, atienden en general de muy buen grado, aunque no siempre lo aceptan categóricamente y eso a mi también me ayuda para ir corrigiendo momentos de intolerancia. Muchas veces les gusta buscarme las cosquillas, como se suele decir pero, como ya los conozco a todos, los dejo y al final terminan convenciéndose, como dicen ellos, de que cuanto les digo lo hago por su bienestar Espiritual.
- ¿Qué edad tiene Laura? -me preguntó, intentando esconder, en cierta medida, lo ingenuo de la pregunta.
- Lo cierto es que no lo sé, Marta, pero debe ser un poco más joven que tú, creo yo. ¿Por qué?
- No, por nada, sencillamente por curiosidad de mujer. -y añadió: ¿Es mona?
- Sí, se puede decir tranquilamente que es una mujer agraciada en todos los sentidos, porque no solamente es bastante guapa sino que además es muy simpática. En fin, ya podrás comprobarlo por ti misma cuando la conozcas esta mañana. Creo que te gustará...
- ¿Ha intentado coquetear contigo alguna vez, quiero decir, ya sabes, ponerse melosa, tonta...?
- Sinceramente, no lo sé; pudiera ser, no le he prestado mucha atención en ese sentido, a lo mejor sí, pero ya te digo que yo no me he dado cuenta, ya sabes que las mujeres muchas veces os comportáis de una forma y luego cuando no hay voluntad sana se os interpreta de otra, pero ya me conoces y conoces mi Amor por el Padre; No, ese no es mi caso; Laura me gusta, pero la forma es terreno al que cualquier mortal no tiene fácil acceso; ver no sólo a Laura sino a cualquiera de ellos en esos momentos de entrega, cuando estamos compartiendo el instante que el Padre nos concede, para mi, como yo los veo, es caminar por un campo en día de lluvia cuando está amaneciendo... ¡ah! Mira, hablando del rey de Roma... Ya están aquí.
El coche de Laura se detuvo junto al bordillo y bajándose de él me saludó cariñosamente. Al reparar en mi mujer ya de forma más cercana, se vino a su lado y se presentó ella misma, sin necesidad de que yo mediara; por el gesto sonriente y significativo de mi mujer, noté que le había caído bien. Seguidamente, y una vez apeada también se le acercó Leonor que sí fue presentada por su hija. Comenzaron a hablar las tres mujeres cuando por la ventanilla del coche se oyó decir:
- ¡Nada! Lo de siempre, que de mi no se acuerda nadie nunca -dijo Guillermo bromeando.
- ¡Ay, hijo, perdóname! Pero ya sabes cuando se encuentran tres mujeres y a una no se la ha visto nunca, en esa vez primera, todo lo queremos saber de cada una en menos de un cuarto de hora. - Mira Marta, éste es Guillermo, mi hijo.
- Supongo que ya sabrás porqué no me bajo del coche. Por cierto, he oído que te llamas Marta ¿verdad? - Me gusta ése nombre. -Jorge y Marta, suena bien...
- Gracias. Sí, Marta, y tú Guillermo. Efectivamente, Jorge me ha hablado de ti; la verdad es que a través de él os conozco a todos un poquito, incluidos los que no están.
- Pero que pueden estar, al menos algunos, si son puntuales claro -se apresuró a decir Leonor-. Porque si no sé como nos vamos a organizar.
- Tranquilos que ya vendrán. Cuando se lo dije ayer por teléfono a María Isabel me dijo que había hablado con su hermana. Ana se viene a pasar el fin de semana con la madre, y como no se irá hasta después de la cena, le pidió que se quedara con los niños. Nos viene muy bien porque así vamos todos; espero que sean puntuales porque ya pasan cinco minutos de las diez, y es exactamente la hora a la que les dije que deberían estar aquí, porque no creo que Alejandro se haya despistado ya que me dejó muy claro que en algunas ocasiones ha hecho servicios de urgencia en el ambulatorio de la Seguridad Social que está ahí enfrente.
- Ya no pueden ser puntuales -dijo Guillermo-. Si no vienen pronto nos vamos. Ya nos las apañaremos, yo no estoy dispuesto a esperar mucho, comprenderéis que todo el día aquí metido en esta jaula no me apetece mucho.
- Tranquilo, hombre, que no tardarán, ellos saben que en su coche van a ir Jorge y Marta. Además, si no es así lo vas a pasar mal- le expuso Laura dándole a entender que en su coche y dado el espacio iban a ir bastante apretados.
Entre algunas risas y bromas, terminado de decir estas palabras, dijo Laura con cierto nervioso alboroto:
- ¡Ahí vienen! Lo ves hombre como no tardarían tanto...
Alejandro aparcó su coche tras el de Laura, y el matrimonio echó pie a tierra comenzando una vez más los saludos y presentaciones sin que en esta ocasión se olvidara nadie de Guillermo que fue, precisamente, el que dijo:
- Bueno ¿Nos vamos ya o todo lo vais a hablar esta mañana aquí en la acera? Nos espera el campo con este hermosísimo día.
- Ya nos vamos. ¿Qué es lo que os ha entretenido? -preguntó Laura mirando a Alejandro.
- Que aquí la señora, anoche cuando habló contigo dijo que tenía pan para hoy, y que esta mañana cuando fue a cogerlo para hacer unos bocadillos pues resulta que no, y como nuestra panadería no abre los domingos, pues hemos tenido que buscar otra, y ya sabéis que entre aparcar y luego guardar cola...
- Bien, ¿nos vamos ? -dijo Laura.
- Sí, y ¡ojalá disfrutemos de este día! -correspondió Leonor comentando a continuación-: Recuerdo una vez que teníamos un día como el de hoy, y después de comer dijo el cielo allá va agua y no os podéis imaginar...
- Jorge, ve tu delante con Alejandro ¿quieres? Y así nosotras estamos juntas detrás para ir charlando.
- Muy bien, pues en marcha...
Ambos coches se pusieron en movimiento siguiendo la gran avenida en cuyo final está la salida de la carretera que da acceso a la autovía que nos llevará hasta aquel lugar...
- El tráfico por esta zona y en estos días es algo más tranquilo -dijo Alejandro-. Porque cuando es Primavera la gente va más a buscar el Sol del campo, pero cuando llegan las vísperas del verano, lo que busca la gente en su mayoría es el Sol de la playa; eso hace que esta parte y en este tiempo esté efectivamente más descongestionada, aunque también es justo reconocer que si bien es verdad que el tráfico es el mismo, no así la densidad, ahora no podemos apreciar la cantidad de gente que lleva más o menos nuestra misma dirección porque todos vamos a distintas horas, pero cuando todos vienen de vuelta que más o menos viene a ser sobre la misma hora, no puedes imaginarte la densidad y los kilómetros y kilómetros de lenta caravana.
- ¿Qué tal salió aquel artículo de la revista; me dijiste que era para la Asociación Médica, no?
- Sí, y salió muy bien, precioso, y hasta hubo algún que otro compañero que me felicitó por haberme decidido a escribir y además, según me dijeron más tarde, hacerlo tan bien.
- ¡Perfecto! Pues ahora a aprovecharte de ella, ya sabes que han puesto en tus manos un magnifico medio para dar a conocer tus desvelos.
- ¿Cómo que aprovecharme de ello? No te entiendo, Jorge -dijo Alejandro como mostrando cara de susto, o como poco cierto desconcierto.
- Sí, hombre. Y si no me entiendes yo te lo explico. Ahora te han facilitado un mecanismo mediante el cual te puedes expresar y expresar libremente; quiero decir que tú puedes hacer llegar a la gente aquello que de verdad sientes en lo más profundo de tu interior, y si eso que de verdad sientes es la necesidad de recordarle al mundo -aunque solo sea entrelíneas- que necesariamente han de amarse los unos a los otros, ya sabes que hay muchas formas de decirlo y desgraciadamente pocos medios para hacerlo; sin contar los medios naturales evidentemente. Te imaginas lo que significa poder decirle al hombre enfermo que su enfermedad no existe y que lo que él padece no es más que el efecto de su propia causa.
- No había caído en ello, pero, ahora que lo mencionas, es cierto puedo ahora decir muchas cosas que antes siempre se quedaban sólo en el pensamiento o como mucho, dichas de paso en una conversación, aunque recuerdo algo que me dijiste en una ocasión, y que era algo así como: “Se diga lo que se diga y donde se diga, sólo van a escuchar los que tengan que escuchar...”
- Eso es seguro, no obstante, ahora tienes la oportunidad de hacer llegar más mensajes y esta no debes dejar que pase por alto.
- Lo haré, y si quieres compartirlo, si quieres ayudarme estoy dispuesto a aprender todo aquello que verdaderamente consideres importante, ahora pondré más atención que nunca a cuanto dices. Intentaré comprender para más tarde llegar a exponer con la máxima comprensión.
- Muy bien, pues ya puedes ir pensando en el siguiente trabajo porque lo que está muy claro es que el trabajo has de hacerlo tú solo, pero si quieres realmente que te ayude ya me dirás cuál puede ser uno de los temas que te preocupen y yo pondré mi granito de arena.
- Pues mira sí, una de las cosas o temas que más me han preocupado desde siempre es el tema de la muerte en general ¿porqué nos horroriza tanto la muerte?
- Verdaderamente, la palabra muerte horroriza mucho a los hombres, por eso no quieren pensar en ella, sin embargo, la misma vida te obliga de forma continuada a ello.
“A medida que pasa el tiempo, el género humano es cada vez más consciente del mundo que puede ver, ya sea motivado por una explosión demográfica, una total falta de alimentación equilibrada, o porque tiene sobre su cabeza la espada de una guerra nuclear, cuyo desastre podría arrasar la vida en el planeta, incluso de esas enfermedades que cada vez están más en los ánimos del castigo que en los de la enfermedad propiamente dicha.
“Uno de los mayores errores que comete el hombre, es la negación ante su propia investigación en el mundo Espiritual; por ello, considera de forma continua que él, su cuerpo físico lo es todo, su toda y única personalidad, y que el día que él muera nada quedará. Otros que han creído sentir un algo, se atreven ciertamente a admitir a medias la posibilidad de que su carne la comparte con algo que por el momento se sienten incapaces de definir.
“En la actualidad y afortunadamente, el problema de supervivencia para lo que el hombre denomina su espíritu se vive día a día.
“Ya os he hablado en otra ocasión, creo recordar, de que el cuerpo físico, aunque si te digo que más que físico es químico, tú como médico lo entenderás, no es más que un trozo diminuto dentro de lo absoluto, un trozo muy pequeño al que llamamos microcosmos, dentro del conjunto conocido como el cosmos.
“La muerte, en el término más conocido, es el final de un organismo vivo y cuyo proceso nos descubre todo un abanico de manifestaciones entre las que destacan los pensamientos y los sentimientos, como auténtica tarjeta de identidad de cada ser. Pero las de mayor interés son las manifestaciones de conciencia espiritual, gracias a las cuales nos podemos identificar y distinguir, no sólo con relación a los demás, sino hasta con el mundo que les rodea.
“Hay quien dice que ha de morir, pero que cuando lo haga, su conciencia Espiritual, su auténtico Yo continuará viviendo eternamente. Ello será posible si tuvo un comportamiento ético aceptable que le permitiera evolucionar; desgraciadamente, aun es un número muy bajo de seres humanos que están convencidos de que su muerte física es la llave que abre la puerta de la vida eterna...”
- ¿Cómo podrías explicar que es el espíritu? -Me interrumpió María Isabel, la cual aun en amena conversación con mi mujer, también estaba, al parecer, pendiente de mis explicaciones.
- En principio es la parte inmaterial que del Padre llevamos dentro de nuestro cuerpo.
- ¿Dónde? -quiso saber Alejandro.
- Justo en el centro del Plexo Solar. Es el que conteniéndolo todo acerca de nosotros como seres físicos, no influye en nuestra forma de ser, ni en nuestras decisiones porque si no fuera así obviamente no seríamos libres, no poseeríamos el don sagrado del libre albedrío, no tendríamos la posibilidad de decir que acertamos o erramos en función de nuestro propio discernimiento. Hay quien dice que es como un racimo de deseos y pensamientos que se pegaran al cuerpo según una particular condición hereditaria de carácter familiar y social, pero no tiene peso, sencillamente porque todo ello está bajo una perspectiva material, cuando estamos hablando, precisamente, de la parte inmaterial de esa materia.
“Los factores tiempo y espacio son la idea fundamental que conforma el guión de nuestro conjunto de pensamientos llamado mente”.
- Perdona, Jorge, pero es que no he captado bien lo que quieres decir. -me cortó Alejandro.
- Entiendo que esto sea de difícil comprensión y no debes preocuparte. Hasta la ciencia que se dedica a interpretar las leyes naturales, así como de sus principios no pueden ayudar mucho a la hora de investigar los misterios del tiempo y el espacio, sencillamente porque el poder especial de la ciencia está sujeto sólo al Universo material, aunque bien podría decir físico.
“La ciencia moderna, no dudo que sea en conocimiento como un gigante lleno de inteligencia, pero que cuando ponen a su alcance ideas más altas e intenta alcanzarlas mediante su particular forma de ver y levante los pies del suelo ya es incapaz de sacar nada de provecho, se cierra casi herméticamente, no obstante, en parcelas donde la ciencia puede indagar positivamente, el conocimiento material no tiene competidor, sin embargo, su destreza no le permite ver con claridad solución a problemas de corte Espiritual o que tengan alguna relación con el Espíritu o bien con los misterios espirituales encerrados en los reinos Animal o Vegetal y por supuesto en el Mineral. En cualquiera de ellos, trátese el caso que se trate, ya sabes que ahí la ciencia, tu ciencia, entre otras, o se quedan calladas o le viene ese comienzo de titubeo al que a partir de ahora vas a ver con mucha más claridad. Conseguirás comprender la diferencia entre la ciencia Universal y la otra que llamaríamos nacional.
“Jamás el inteligente pensamiento y su alta sabiduría cuando el pensamiento es sabio y científico-médico en el hombre, conseguirá por sí solo alcanzar las metas que marcara el espíritu.
“Ni en el tiempo, ni en el espacio, está el Espíritu del hombre. En aquellos planos que son de naturaleza diferente, es donde habitan sentimientos y pensamientos cuyo nivel de positividad determina el orden de su potencial de vida, por ello el tiempo o sucesión de los elementos materiales pertenecen siempre al plano de la relatividad.
“El espacio es también engañoso para el mundo del Espíritu si lo interpretamos como su propio mundo, ya que ellos no están separados por ninguna distancia, sino por las diferentes frecuencias de su sintonía vibratoria.”
- ¿El espacio y el tiempo fueron creados por el hombre, me refiero a lo concerniente a mediciones? -siguió preguntando Alejandro.
- Tanto en uno como en otro se manifiesta categóricamente lo infinito en el momento que el conjunto de pensamientos trasciende la ley de la relatividad. El antes, el ahora, el después sí son creados por el hombre como conceptos para una feliz apreciación. También algo semejante sucede con el espacio, pero dejémoslo por el momento, otro día seguiremos hablando de todo ello, hoy pienso que debemos aprovechar este hermoso paisaje y disfrutarlo... Aunque te diré:
“La Naturaleza se nos ofrece como el verdadero libro del conocimiento, en ella está todo recogido, ver los detalles en la más perfecta de su manifestación es lo más difícil, pero nunca imposible, es cuestión de prestarle esa atención de la que decimos siempre que somos incapaces, pero que hay que hacer el esfuerzo, y creedme de verdad si os digo que merece la pena intentarlo. La Naturaleza interpretada, es el gran misterio de los misterios ya que al ser la Madre Universal, de su seno extrajo el Padre lo que algún tiempo después fuera nuestro Universo propio, como uno en todos y todo en uno mismo”.
Estábamos cruzando un pueblo cuya gente debía ser muy amante de las flores y las plantas ya que a ambos lados de la calzada y perfectamente alineadas y cuidadas de forma exquisita, se encontraban hileras y más hileras de preciosos arriates cargados de rosales y geranios entre otros bellos conjunto florales.
Al salir del pueblo y cuya calle principal parecía ser la misma carretera, por la cantidad de ambiente que se veía entre los diferentes tipos de establecimientos, comenzamos a entrar en una zona de media sierra. Los extensos encinares y grandes alcornocales ya empezaban a mostrarse ante nuestros ojos y con ellos las paredes de piedras, unas sobre otras sin más masa de sujeción entre ellas que la que fuera dejando el tiempo tras su rústica construcción. En las que daba el Sol, se apreciaban aquellas hendiduras entre piedras aun limpias desde sabe Dios cuándo se amontonaron para delimitar caminos y propiedades. En las que, aun siendo también su amigo, el Sol no llega nunca, las diferentes fases del tiempo fueron creando entre ellas adornados mantoncillos de musgo como si de compensar su huerfanismo se tratara. Paredes unas y otras se convertían por doquier a lo largo de ellas en biombos extravagantes tras los cuales muchos de aquellos alcornoques pretendían hacer pasar inadvertidos, ahora que los hombres durante la fiesta del descorche, los habían despojado de su únicas vestiduras.
El pequeño puente romano, salvando la risueña vaguada de un pequeño arroyo, estaba ahora al margen del discurrir automovilístico. Tal vez en alguna ocasión sirviera como arteria principal por la que transitaron los vehículos lentos de su ancestral tiempo. Ya todo era medias pendientes, unas para arriba, otras para abajo...
- ¡Mirad! Parece que Laura se va a desviar por aquella otra carretera -exclamó Alejandro.
Laura dobló por la carretera que anunciara Alejandro, y él se desvió siguiéndola a ella.
De la carretera pasamos a un camino de tierra y de este a un pequeño llano en el que Laura fue la primera en detenerse estacionando su coche. Alejandro detrás hizo lo propio y todos salimos, incluido Guillermo al que ayudé a sentarse en su carro.
La pureza del primer aire respirado hacía que se sintiera un extraña sensación en el estomago al tomarse de golpe mucha cantidad, pero no dejaba de ser delicada. Luego estaba el aroma, ese olor de la sierra mezcla de sus tomillos, romeros y todo ese largo etcétera que hace del conjunto el perfume ideal para ser huésped permanente en una burbuja de sus mismas fragancias.
- ¡Bien, pues aquí la tenéis! La Encina de mis niños, bueno, nuestra Encina -dijo Leonor sin poder disimular su contento.
- Es tan preciosa como ideal para hacer todo lo que se puede bajo su influencia -les dije a todos, mirando la hermosura de su verdor y frondosidad.
- Desde luego, y el sitio es un encanto -correspondió Alejandro-, y hay que darse cuenta de la tranquilidad y la paz que se respira.
- ¿Y dónde me dejáis el agüita corriendo casi a tus pies? -dijo Leonor sonriendo. -Es que el lugar es de cuento de hadas -dijo María Isabel acercándose a la delicada orilla en la que habían aún pequeños juncos.
- Y vosotros que lo digáis; aquí si podríais ver si quisierais: gnomos, elfos y alguna que otra ondina traviesa -les dije sonriendo.
Las tres mujeres se dedicaron a preparar las cosas sobre las dos mesitas de campo que entre Alejandro y yo habíamos sacado de su coche. Las sillas también fueron colocadas, por lo que nosotros dos decidimos, llevando a Guillermo, dar una vuelta por aquellos hermosos y aromáticos alrededores.
Corría una leve brisa la cual hacía el lugar más agradable aún. Siguiendo el pequeño arroyo hacia el Norte, vimos cómo a unos cincuenta metros se levantaba un puentecillo hecho de troncos. Cuando llegamos pudimos observar que era muy viejo; parte de la tablazón estaba ya un tanto podrida aunque mantenía, en apariencia, una cierta seguridad; seguridad que comprobamos Alejandro y yo al pasar al otro lado; Guillermo no se atrevió por lo que prefirió quedarse pasando sus manos entre unas matas de perfumadas flores violáceas; se le llenaron de ese olor inconfundible que suele dar la Lavanda, aunque su nombre real es Lavándula, pero, al parecer, por su poco o ningún uso a mucha gente no les gusta.
El suelo del paraje se mantenía adornado en exceso con hermosas mantas de pequeñas margaritas blancas y amarillas, y que muy bien pudiera ser camomilas o manzanillas.
Me senté en uno de los más sólidos y salientes troncos que a modo de baranda baja tenía el puente y pude oír una especie de sutil melodía que parecía venir de la parte baja de su viejo entarimada. Cuando intenté acercarme a la orilla después de dar un pequeño rodeo entre juncos y preciosas adelfas de colores blancos y rojos, solo pude ver sobre el agua y al tiempo que seguía escuchando, dos hojas de Eucalipto a unos metros, que, como si fueran piraguas iban sorteando los diminutos saltitos de una corriente de ensueños; puse a trabajar mi imaginación y al momento pude ver sobre las dos hojas, cómo pértiga en mano y haciendo avanzar las frágiles embarcaciones, a sendos y equilibristas duendecillos, que entre risas y aquella maravillosa y celestial musiquilla se deslizaban corriente abajo hasta que llegó un momento en que los perdí de vista.
Pasados unos segundos y disfrutando aun de la hermosa sensación vivida, reflexioné: Cuando iban pasando ya los oía e hice que mi imaginación los viera... ¿por qué entonces cuando perdí de vista real las dos hojas dejé también de oírlos? ¿realmente los vi, no los vi? Yo los oí cantar y reír; yo escuchaba perfectamente su melodía, eran ellos, tenían que ser ellos...
Ahora fue Guillermo el que me sacó de mi felicísimo ensimismamiento diciendo en al alta voz:
- Bueno qué, ¿nos vamos?
- Sí, ya vamos, aguarda un minuto -se le oyó decir a Alejandro, el cual nos sorprendió porque se había subido a una rama no muy alta de otra Encina cercana.
- Bien, ya estoy aquí, vamos cuando queráis.
- ¿Qué habéis traído de comer? Me muero de hambre -dijo Guillermo pasándose significativamente una mano por el estomago.
- ¡Qué extraño! -murmuró Leonor.
- ¿El qué, mamá? -preguntó Laura.
- Nada, hija, tu hermano, que hacía mucho tiempo que no le oía decir eso de que tiene mucha hambre.
- Eso será que el aire del campo le ha abierto el apetito -le respondió Laura a su madre -: La verdad es que a mi también me están entrando ganas de comer algo.
- María Isabel ¿trajiste la bota del vino que puse encima de la mochila? -preguntó Alejandro.
- Sí, ahí la tienes, te la he dejado colgada en aquella silla.
- ¿Quién quiere un traguillo de este vino de mi pueblo? -preguntó Alejandro alzando la bota con cierto alborozo.
Nadie contestó, por lo que volvió a repetir la invitación un tanto decepcionado...
- ¿Nadie quiere probar este riquísimo vino; nadie quiere, de verdad, echarse un chupito? -y adujo no sin cierta zozobra-: Por si no lo sabéis, un par de traguitos antes de las comidas es una de las cosas que mejor se pueden hacer, además este es bastante bueno y vasodilatador. ¡Que no se trata de tomar una borrachera!
Al final de la invitación, y, comenzando por Leonor que tomó la bota con cierta gracia, todos tomamos un buen trago, excepto Alejandro que no paraba de darle tientos, como él decía.
Es cierto que el campo abre el apetito, sobre todo si se tiene el estado de ánimo adecuado al momento, y allí parecía que ese estado y ese momento no podían estar en mayor conjunción y armonía pues de todo cuanto las mujeres habían preparado, prácticamente no quedó nada.
Después de haber terminado y recogidas las cosas, Guillermo sacó su pipa y la encendió; miró el frondoso y exuberante manto verde bajo la Encina y comentó a media voz con cierto aire de necesidad:
- Tenemos que venir más veces, creo que sería un pecado no aprovechar este lugar y estos momentos después de que la Naturaleza nos lo ofrece y, además sin cobrarnos nada.
Alejandro, mirando hacia una parte del arroyo en cuya orilla se encontraba por ese lado bastante crecida la hierba, tomó una hamaca diciendo que él no perdonaba una siestecita en aquel momento.
Mi mujer le ofreció a las demás mujeres dar un paseo siguiendo el curso del riachuelo. Aceptaron María Isabel y Laura. Leonor prefirió quedarse argumentando que después de haber escuchado aquel día cuanto dije acerca de la Encina y sus propiedades, quería poner en orden algunas ideas sobre las cuales se encontraba cada vez más confusa por lo que iba a quedarse sentada a su pie y recostada sobre su tronco. Así lo hizo mientras Guillermo y yo decidimos quedarnos charlando a un lado del pequeño claro y también cercano al frescor del arroyo.
El calor se iba a dejar notar este año antes que el anterior -dije recogiendo con las manos un poco de agua de la orilla y echándomela sobre la nuca-: ¡Qué fresquita!
- Jorge ¿te molesto si te pregunto acerca de algo que me viene sucediendo desde hace algún tiempo? Es que nunca he querido hacerlo delante de los demás.
- No, hombre, y qué mejor momento que este para echarte una mano; y eso no quiere decir que para ayudar tiene que haber un momento bueno, quiero decir que, este y aquí es mejor aún.
- ¡Gracias! Es que no sé si será por mi problema físico, pero el caso es que sueño mucho con mi cuerpo, aunque nunca de forma muy clara, por eso quería si tú me puedes decir algo; entro en un mar de tranquilidad cuando hablo contigo, por eso saber que estás cerca me ayuda a superar muchos obstáculos.
- Muchas gracias, pero una cosa está muy clara: qué cuanto consigues, lo consigues por ti mismo, por tu esfuerzo; el Padre utiliza muchos medios para hacer llegar una respuesta o un premio, en realidad es Él el que lo entrega pero no el que lo otorga; eso sí, cuando sabe que eres merecedor de su premio, Él siempre vendrá a entregártelo envuelto en el celofán de su Amor.
Guillermo se quedó en silencio un instante y luego prosiguió:
- Me gustaría que me dijeras algo sobre los sueños, mejor dicho, como le he oído decir a mi hermana después de escuchártelo a ti, sobre los ensueños con el cuerpo.
- El cuerpo humano tiene muchas manifestaciones dentro del vasto campo de los ensueños. Soñar con los brazos en general, nos dice que se está hablando de algo así como de una asociación, o una unión. Cuando se trata de las piernas, sólo se refiere a su función de necesidad, caminar de una lado para otro, viajar, peregrinar. Soñar con las manos es una manifestación de destreza que el durmiente posee; si la visión es de manos ajenas, significará la admiración al tiempo que la frustración propia.
“Cuando se sueña que a una persona se la mira a la cara, y por la razón que sea nos detenemos en sus facciones, estas hay que recordarlas, por ejemplo: la frente, según como sea, bien o mal formada, alta o baja, siempre representa la personalidad de forma general. También la cabeza manifiesta la forma de ser de esa persona de forma general. También la cabeza manifiesta la forma de ser de ésa personalidad, de ése carácter, aunque ha de salirse de lo normal para que ella pueda mostrarnos su anormalidad como por ejemplo: Mayor relación al cuerpo puede significar largueza, triunfo; en cambio, que en proporción al cuerpo es más pequeña, ello será interpretado como que ésa persona tendrá la realización de sus deseos bastante limitada. Soñar que tenemos magníficos apéndices auditivos, buenas orejas, nos dará a entender que nos llegarán felices informaciones, no obstante, no siempre los ensueños son portadores, ejecutores o significativos de algo concreto, la mayoría de las veces los ensueños, como decía el sabio: “sólo son eso, sueños”.
“Una parte del cuerpo que se distingue del resto además de los dientes, es el tronco. Es muy raro encontrar a una persona que sueñe con el tronco, suyo o de otro cuerpo, en ambos casos es complejo aun a pesar de su claridad, lo que sí te puedo decir es que ello simboliza los grandes movimientos del campo material sólidamente apoyados por las mismas acciones del hombre; las propiedades, la opulencia y ese largo etcétera que los acompaña se ven reflejados en los ensueños”.
- El tronco y la columna, supongo que será lo mismo a la hora de interpretar los sueños ¿no?
- Sí, pero no en todos los casos... Tú has soñado mucho con la columna ¿verdad Guillermo?
- Sí, y durante mucho tiempo; estuve a punto de mencionarlo yo también el día que estuviste hablando de los ensueños con María Isabel ¿te acuerdas?
- Perfectamente. ¿Cuántas veces durante ese tiempo, o mejor, cada cuánto tiempo se repetían esos ensueños?
- Pues me ha estado pasando últimamente igual que a ella, aunque hace unos años que comenzó, los tenía muy de tarde en tarde, entonces yo no le prestaba atención, ahora desde hace algún tiempo a esta parte como mínimo una vez a la semana, que yo recuerde rara es la semana que no sueño con ello. También cuando te he llamado por teléfono he pensado comentártelo pero no lo he hecho pensando que yo podría superarlo.
- Bien, dado tu problema físico, como tú le llamas, aunque no hereditario está centrado en la columna, puede que ella sea el centro de atención de tus ensueños, pero, sólo puede.
“Los orientales atribuían a este ensueño el que las personas eran grandes y grande todo cuanto les rodeaba; luego existen otras muchas variantes sobre la columna, que pudieran ir desde soñar con la columna del templo de Salomón que fue destruida por la voluntad del hombre, a soñar con cualquiera otra que se destruyera por sí sola, indicando con ello que alguien muere en el peor de los casos, y en el mejor con respecto de este, que está en puerta un desastre, una enfermedad...”
- Antes mencionaste los dientes, y mi madre suele soñar unas veces que se pasea por una gran ciudad con una sonrisa muy amplia, enseñando sus dientes, y dice que son unos dientes preciosos y tan limpios como perfectos; en cambio otras veces, dice que sueña lo mismo pero que tiene que cerrar la boca por el mal olor que se desprende ellos.
- Es curioso, pero ambos casos tiene su interpretación, aun a pesar de lo paradójico de los dos casos; unos dientes limpios y bien cuidados que en ocasiones huelen mal...
“En la vida, todo hay que cuidarlo de forma continuada, no se puede dar descanso, no se puede permitir que la abulia juegue ningún papel, porque el más mínimo relax sin perfecta conciencia de ello, te atrapan fuerzas negras, extrañas y envidiosas de un excelente comportamiento. Así con el primero nos encontramos con una situación de recibo positivo de un efecto correspondiente a una causa anterior; en el segundo, vemos como la persona se duerme en los laureles de la gloria del primero, por lo que cuando vislumbra el posible peligro de pérdida, comienza a despertar echándose en cara lo torpe de su imprudencia”.







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