sábado

LA NOVELA XIV



 
Trozos del espejo
 
 
CAPÍTULO DÉCIMO CUARTO


                En esta época del año los días suelen ser más largos, vamos ganándole dos horas al Sol; en este momento serían realmente las cinco de la tarde por esas dos horas de diferencia impuestas por el hombre por aquello del consumo energético. El Sol entraba a raudales por la ventana del saloncito; cuánto me gusta el Sol -pensé- y cuánto, desgraciadamente, no se le tiene en cuenta.
Mis amigos seguían entre ellos comentando cada uno a su manera sobre el tema que acabamos de tratar; Alejandro decía que cómo el hombre en sus comienzos había permitido perder todo lo que con tan duro esfuerzo consiguiera, a lo que Laura le respondía:
- Pero no sólo el hombre de entonces Alejandro, sino el de ahora, porque aquél al fin y al cabo estaba aun haciendo nacer su inteligencia, pero ¿y nosotros? ¿y esos de hoy supuestos dominadores de la inteligencia, del conocimiento...? y muchos de los anteriores a nosotros con esas culturas, esas civilización de tan reconocido esplendor, ¿cómo pudo suceder, cómo permitieron que sucediera?
- Alejandro, tengo entendido que tú como médico has dado más de una charla acerca del conocimiento, de la vida... algo también nos podrás decir desde tu propia y especial visión y perspectiva -le puso, al parecer, en un aprieto Guillermo.
- “Hombre, yo os puedo decir desde el punto de vista de un profesional de la medicina, que entre Oriente y Occidente queda indiscutiblemente reflejado el concepto diametralmente opuesto de la personalidad del hombre, no sólo en lo que se refiere a las relaciones entre objeto y sujeto, sino que consiste principalmente en la definición de un campo interior y otro exterior prestos para ser trabajados. Me estoy refiriendo como os habréis podido dar cuenta al hombre y su verdadera personalidad como sin duda alguna es el Espíritu.
Lo exterior es fundamentalmente la materia en el espacio y la actitud del individuo en el tiempo. Por el contrario, lo interior es un Yo que no sólo difiere con el del mundo exterior, sino también de los otros. Así se podría decir que, lo de fuera es la forma de ser, y lo de dentro el ser de otra forma o la razón de ser. Separados de forma conveniente ambos se observan, no obstante, uno a diferencia del otro sólo piensa en llevarlo a su terreno, enmarcándolo de alguna manera en sus deseos, sus apetencias, no importa de la pureza de los mismos. Por contra el otro, el de dentro y como poseedor de un alto grado de benevolencia y fidelidad a su compromiso, así como careciendo de todo deseo sin fundamento, no influirá sobre el exterior aun conociendo el resultado de cuantos actos pudiera realizar antes, durante y después a lo largo de su existencia.
Efectivamente, así es como debe entenderse, pues el Yo interior, el Espíritu a diferencia de la materia no tiene espacio para su actuación, como tampoco actividad alguna en el tiempo por ser este un fenómeno que desconoce ya que él está viviendo en presente.
En una ocasión le preguntaron a Sócrates, que cuál era el más importante de los conocimientos humanos, y el gran Filósofo griego contestó con la sentencia del Oráculo de Delfos: “Conócete a ti mismo”.
Y la Humanidad haciendo suya la máxima que figuraba en el frontal de la escuela Socrática, viene preocupándose desde los más remotos tiempos en dar luz al gran misterio biológico del nacimiento, reproducción, vida y muerte del hombre. Pero a la vez que esta necesidad de conocerse a sí mismo es casi intuitiva en el hombre, éste por una de esas paradojas de su vida ha sufrido un temor intuitivo a la ciencia de su propio ser, y ello ha sido la causa de que los fenómenos corporales y psíquicos, en suma todo lo concerniente a la sabiduría, la conservación, supersticiones y errores que han ido acumulándose siglo tras siglo, y que han hecho que la sabiduría, el conocimiento integral del hombre haya venido con un poco de retraso en comparación con otros descubrimientos. Y yo siempre me sigo preguntando: ¿Cómo puede haber sido y que siga siendo?”
- Yo creo que esa pregunta había que hacérsela a los hombres uno por uno -le dije. ¿No te parece?
- Yo pienso, que cada uno daríamos una respuesta diferente pro siempre en función de nuestros particulares y egoístas intereses -dijo Ramón que llevaba bastante tiempo callado.
- Yo lo que sí creo de todo lo que has dicho, y tú me perdonas Alejandro, es que se te han quedado muy claras muchas cosas de las que nos lleva dicho Jorge; sinceramente he de decirte que yo te oí en una conferencia y lo que he oído ahora me ha gustado más sin dejar de reconocer que la de aquella vez también me gustó -comentó abiertamente Laura.
- Eso está muy bien, Laura, a ver si os veo a más de uno por ahí dando conferencias como Alejandro. Y con respecto de lo que ha dicho, es verdad que una de las tareas más fáciles a la que los hombres de hoy se pueden enfrentar, es a conocerse a sí mismos; cada uno sabe perfectamente como es, lo que ocurre es que darlo a conocer les perjudicaría; nunca correrán buenos tiempos para la honestidad, y es por eso que la vida la han convertido en un carnaval, y no sólo ya ante la sociedad o la familia sino lo que es más triste: ante ellos mismos. Los diferentes tipos de máscaras se quitan y se ponen según el momento y el nivel de los intereses que estén en juego.
- ¿Me permitís que os relate un cuento que aprendí de alguien, aunque no recuerdo de quién? -dijo Ramón.
- Siempre es bueno tener tiempo para escuchar un cuento; aunque mejor es tener tiempo para escribirlo -dije mirándolos a todos.
- El protagonista de este cuento sólo desea que cada uno le dé la interpretación que haya creído entender, pues está seguro de que tendrá tantas como escuchantes...
"Él, como siempre, se encuentra trabajando; mi trabajo -dice- consiste en estar dentro de una habitación y leer, y escribir, contestar y ordenar papeles...
...Así me paso un día, dos, tres, mil días, con una odiosa rutina que me he impuesto, que me han impuesto, que todos nos hemos, alguna vez, impuesto.
Me llaman por el interfono, la voz conocida, la voz de siempre, la voz que me da órdenes. Me levanto del consabido sillón; atravieso la puerta para ir al encuentro del propietario de la voz...
Me encuentro subido en un vehículo de dos ruedas, con casco en la cabeza y ropas de viaje, de viaje grande, de viaje largo, de viaje profundo.
Estoy detenido ojeando unos mapas que apenas puedo entender pues son de otros países, de países extraños, de países raros y lejanos, de países por los que voy pasando en mi raro y extraño viaje.
Tengo frío, mucho frío, y las manos se me hielan; voy acercándome a mi destino, voy acercándome a mi vuelta.
Mi vehículo, a causa de las excesivamente bajas temperaturas empieza a fallar, también tiene frío y no puede andar; tampoco quiere andar porque sus ruedas, sus dos pequeñas ruedas están entumecidas por el frío; su fuerza se congela, su esfuerzo se enfría, se para. Estoy solo, solo en medio del frío, solo en medio del país, solo en medio del viaje y de su soledad.
No sé cuántas horas habrán pasado. El Sol no quiere esconderse, como en una hermoso cuento no se esconderá, no dejará paso a la noche, seguirá alumbrando, seguirá dándome su luz, seguirá aliviando mi frío, seguirá siempre llenándome de día.
Pasó el tiempo, un tiempo largo, no sé si días y noches, noches y días porque todo está unido, porque todo es una sola cosa, porque todo es luz.
Apareció cerca de mi frío otro vehículo, este era mayor, en lugar de dos ruedas tiene cuatro y enormemente grandes, no pequeñas como las mías. Tiene un solo pasajero; se para a mi altura y me pregunta qué me pasa. Después de un cambio de impresiones, opto por montar en el vehículo grande, en el de las cuatro enormes ruedas y el solitario pasajero se llevará el mío para recomponérmelo dentro del frío, para restaurarlo, para que pueda volver a andar.
Voy detrás de él, el sueño me invade, no veo, me estoy quedando dormido; aprieto fuertemente el volante de forma inconsciente para poder estar despierto; una y otra vez los ojos se me cierran, me quedo atrás, muy atrás. El extraño pasajero ahora se aleja, o yo me estoy alejando de él, tanto y tanto que ya no está, se marchó, lo perdí y no le vi más, ya no volví a verlo ni un momento más mientras yo seguía...
En aquella ciudad a la que me condujo aquel vehículo de enormes ruedas, tenía que encontrar al pasajero, tenía que encontrarlo para poder recuperar mi vehículo y que una vez arreglado me transportara al Norte, al último pedazo de Norte, al último pedazo del mundo, al último y frío pedazo del húmedo mundo.
Entré en un gran establecimiento, en uno de esos que venden cosas, esas cosas innecesarias que el hombre convierte en necesarias. Grité una y otra vez, sobre el bullicio allí existente, todos me miraron pero nadie respondió a mis gritos; grité nuevamente... Por fin una señora de esas que están en edad de no querer saber nada acerca de la edad en que están se me acercó y me preguntó: Doy la descripción del pasajero y tras muchas vueltas y vueltas, tras muchos días y muchos fríos, tras mucho andar y caminar doy con él. Me devuelve mi vehículo, aquel que me transportaría al Norte, al último pedazo de frío y húmedo Norte.
Por fin, día tras día, hora tras hora, vuelta tras vuelta llegó a mi destino; allí donde se acaba, allí donde no hay más allá. Con gran esfuerzo meto mi entumecida mano en uno de los bolsillos y extraigo un trozo de papel, un papel en el que está escrito mi nombre, en el que está escrito quien soy yo, en el que se dice quién soy y que hago en esta vida, en este frío mundo.
La máquina del último pedazo de Norte escribe en mi papel, con letras grandes y claras, escribe y dice que yo he llegado hasta aquí, dice que yo, después de atravesar países y países, después de atravesar días y noches, después de atravesar hielos y fríos he llegado hasta aquí, he conseguido llegar ahora, justamente ahora que me queda la gran aventura de volver, de regresar.
Doy la vuelta y comienzo a caminar hacia atrás, hacia mi país, hacia mi principio. El frío me invade cada vez más; el aire me corta el rostro, la respiración, no sé si estoy despierto o no, apenas puedo pensar, las ruedas se entierran en la nieve dificultando mi transitar.
Veo un grupo de niños jugando; me paro y les pregunto el camino, les pregunto por dónde tengo que ir; se ríen y sonriendo me señalan diversos caminos, todos distintos, todos contrarios, todos son otros caminos...
Ahora me quedo sorprendido pues las ruedas se me hunden en la arena, en la fina arena del más horrendo y caluroso de los desiertos; los niños me han señalado mal , me han confundido el camino. La ropa me estorba, comienzo a sudar, tengo una horrible y pegajosa sed. No sé dónde estoy, no sé siquiera si estoy, no sé siquiera si soy, no sé siquiera...
La voz conocida, la voz de siempre, la voz que me da órdenes me hace levantar de mi eterno sillón...”
Cuando Ramón acabó el relato de su cuento, preguntó con cierta inquietud:
- Y bien ¿qué os ha parecido?
Entre muy bonito y profundo quedó la respuesta a nivel general. Yo le dije que me pareció un relato tan interesante como propio de un debate acerca de su contenido, no obstante, preferí no seguir abonando la idea ante los gestos de manifiesta confusión que presentaban mis amigos los cuales habían comprendido más bien poco.
La musicalidad de los nuevos sistemas de comunicación telefónica se dejó sentir desde el salón; Leonor se levantó y acudió a la llamada...
- Jorge, -dijo Guillermo-, antes cuando hablaste del hombre en sus comienzos ¿cómo cuánto de antiguo es?
Muy antiguo, aunque no tanto como se cree, y de ninguna manera tan antiguo como la Creación. Las primeras apariciones del hombre sobre la tierra, porque además es el único lugar en el que aparece, están muy cercanas a nosotros, a nuestro siglo veinte, ya, y seguimos igual, veintiuno, y desde luego lejanísimas de los albores de la Creación.
- En parte a eso quería referirme -dijo de nuevo Guillermo-, es que, verás, no hace mucho estuve leyendo sobre la vida de los grandes animales prehistóricos, y me hacía varias preguntas: Una de ellas y a la que por cierto ya le encontré respuesta es a lo de prehistórico; os parecerá algo increíble pero lo cierto es que al principio no lo entendí muy bien; luego ya he llegado a la conclusión de que hay dos historias, una anterior al hombre, y otra posterior que es nuestra historia real, no es que la anterior no lo sea. Y luego, y a esa aún no le he podido encontrar respuesta, es sobre los animales prehistóricos, aquellos de los que tanto se habla últimamente pero que nadie, imagino, podrá llegar a saber nunca cómo desaparecieron realmente, por lo que me pregunto si es que el hombre tuvo que ver algo con ellos y su extinción.
- No, en absoluto, por una sencilla razón que creo recordar os he expuesto no hace mucho rato, y es que cuando aparecen los hombres primeros, ya hace muchos millones de años que esos animales se han extinguido casi en su totalidad, y cuando digo casi en su totalidad es porque quedaron aún algunos que al carecer del proceso natural de la especie se vieron condenados a vivir de otra manera. Y en cuanto a la respuesta a su desaparición, al cien por cien nunca se conseguirá con tantos tecnicismos.
“Desde su nacimiento hasta su desaparición, toda la vida de la Humanidad está registrada y archivada en los registros akáshicos que se encuentran en el plano Astral. ¿Cómo poder tener acceso a ellos? Sólo y exclusivamente con un comportamiento ético insuperable. En esa altísima evolución Espiritual, esa pureza de nuestro microcosmos, será la llave que nos abra la puerta tras la cual se encuentra escrita la historia del Universo en todos sus más insignificantes detalles: desde aquella supuesta explosión... que por cierto, no sé de dónde la sacan ya que es evidente que para que algo pueda explosionar ha de haber otro algo que lo provoque, aunque científicamente el hombre no quiera reconocerlo, y así su vuelta hacia un nuevo ciclo de vida Universal y concreta”.
- Pero, ¿eso es lo que tú crees, quiero decir, eso es lo que a ti, particularmente, te parece, o es que lo afirmas? -dijo Guillermo al que se le notaba cierta circunspección.
- Eso, evidentemente, es lo que yo digo, el resto lo dejo a tu juicio, y como es de suponer a juicio de todos...
- Entonces, ¿algún día se podrá saber paso a paso cómo desaparecieron todos esos animales? -insistió de nuevo Guillermo.
- Las puertas del conocimiento está y estarán siempre ahí, abiertas, pero dudo que muchos sean capaz de hacerse con la llave, no obstante, y a grandes rasgos, os diré que su desaparición es bastante sencilla...
“¿Por qué tan grandes? Grandes no eran todos, y tampoco hay que sorprenderse por ello; Nuestros elefantes, nuestras ballenas, nuestros cocodrilos y caimanes, entre otros... no sólo son algunos más grandes, sino que están desde entonces. ¿Por qué unos herbívoros y otros carnívoros? No están los dos al mismo tiempo; en sus comienzos no todos son carnívoros, no existe más vida animal terrena que la suya, y su alimentación se limita, evidentemente, a la ingestión de hierbas, sin embargo, son tantos y tienen necesidad de tanta cantidad que llegan a pelar los suelos de montes y praderas, de ahí que las grandes manadas tengan que realizar desplazamientos de hasta miles de kilómetros para encontrar nuevas despensas. Sus territorios, a ras de tierra, van quedando poco a poco arrasados al tiempo que esa necesidad hace en unos desarrollar sus cuellos al objeto de poder alcanzar los frutos de los altos árboles, y en algunos otros más anchos que largos o altos, potenciar sus fuerzas con el fin de poder abatir esos árboles y una vez caídos poder alimentarse.
“Cuando llega el momento crítico, es cuando después de haber comido más de lo que a la tierra le es permitido crecer, principalmente porque con la destrucción de los árboles eliminaron las grandes épocas de lluvias ya que la lluvia es atraída por las altas y grandes arboledas, ya no queda sobre la tierra ni una sola brizna de hierba; es llegado el momento en el que la supervivencia los hace carnívoros. ¿Y qué ocurre entonces? Pues sucede lo de siempre a lo largo de la historia y hasta que esta deje de escribirse, que el fuerte se nutrirá del débil. Así pues los machos y las hembras se comieron a sus crías”.
- Perdona, Jorge, pero los dientes de un herbívoro no son los de un carnívoro -le interrumpió Guillermo.
- Evidente, pero esto tiene respuesta con una pequeña reflexión...
- “Piensa que estuvieron comiendo al final no sólo raíces y cortezas, sino que estuvieron, en su desesperación, obligados a comer de los propios troncos de los árboles, y esa necesidad fue la que hizo con el transcurrir del tiempo que desarrollaran poderosas y afiladas dentaduras. Más tarde cuando ya los hijos también insuficientes, y como las hembras eran las más débiles de la especie fueron así mismo devoradas por los machos, machos que al final se devoraron entre sí por lo que ellos mismos hicieron cerrar después de muchos millones de años el hermoso libro de su historia y el cual podría, a decir de los griegos, recibir el nombre de época Dinosauria”.
- Es curioso -dijo Guillermo, musitando-, y mira que un día le estuve dando vueltas y más vueltas...
- Todo en la historia es muy sencillo, lo que ocurre es que cada civilización, cada cultura ha tenido, tiene y tendrá una idiosincrasia especial, y la nuestra le ha tocado la del laberinto, porque hay que darse cuenta lo embrollado que lo hacemos todo, pero que eso sea así sabéis por qué ¿no? Porque mientras más vueltas le demos a las cosas, nos parece que menos se nos ven las intenciones, y si algunos supieran hasta qué punto se nos notan todas las ideas...
- ¿Quién era, mamá? -le preguntó Laura a su madre que había vuelto de hablar por teléfono.
- Era Teresa. Teresa es una amiga de casa -nos dijo a todos Leonor-. Resulta que ha estado mucho tiempo resolviendo unos problemas que se le presentaron en las fincas que tienen en Granada, y me dice que ha venido todo el camino intentando no olvidar que en cuanto llegara tenía que llamarnos, porque cuando se fue, con las noticias que le dieron y la preocupación que tenía no se acordó de despedirse de nosotros. Al parecer, un día que ella pasó en coche por la Plaza de la Virgen de los Reyes, dice que te vio a ti con Guillermo, y con un señor que ella no conocía, junto a la Giralda, y que tu hermano estaba fuera del carro y pegado de espaldas a la pared; me estaba hablando y no te puedes imaginar lo nerviosa que se le notaba, y que quería saber que estaba haciendo porque sentía muchísima curiosidad.
- Y, tú ¿qué le has dicho?
- Nada, porque realmente desconocía este detalle de aquel día que os fuisteis los tres a dar un paseo, y si me lo dijisteis, la verdad es que no me acuerdo. Ahora podríais contármelo ¿no os parece?
- Es que Jorge nos explicó que la torre de la Giralda, es como una antena a través de la cual se reciben energías, como si fuera una antena receptora, y que poniéndose uno pegado de espaldas a una de sus paredes se podían notar esas energías en forma de cosquilleo, y Guillermo quiso probarlo, simplemente eso.
- Y, ¿notaste algo Guillermo? -le requirió su madre con cierta avidez.
- La verdad es que sí, como una sensación que no sabría explicarte. Según Jorge, se reciben energías no sólo a través de algunas torres, sino que principalmente de algunos árboles ¿no es así? -dijo ahora Guillermo mirándome-. Verdaderamente buscaba mi aprobación, y yo asentí.
- Sí, aunque las energías de los árboles excepto las de la Encina que son espirituales, la mayoría de ellos las tiene pero son más, digamos que de orden curativo o de bienestar y que duda cabe, cuando uno tiene bienestar, espiritualmente se encuentra mejor.
- ¿Habrá alguna razón para que nosotros hayamos tenido una predilección especial por una Encina determinada? Verás, Jorge, es que cuando mi marido vivía y Guillermo y Laura eran pequeños, salíamos muchos domingos al campo a echar el día, ya sabes lo típico de los domingos, y al regreso siempre nos deteníamos en la carretera porque junto a un arroyo, había y creo que aun estará una Encina enorme, preciosa, y allí pasábamos un rato estupendo. En el tiempo de las bellotas cogíamos las maduras que estaban en el suelo recién caídas ¡y estaban de ricas! Desde entonces los niños y hasta yo comenzamos a llamarle nuestra Encina.
- Pudiera ser. “La Encina ya estaba considerada por nuestros muy antepasados como el árbol sagrado por excelencia; ella es símbolo de fuerza vital; sus energías nos aclaran las ideas; en cierta medida tiene bastante parecer con el Aliso, y propicia el aumento de la inteligencia. Yo os recomiendo que volváis a salir de vez en cuando y por supuesto vayáis a estar de nuevo bajo aquella Encina, al fin y al cabo Laura tiene ya coche y os puede llevar perfectamente, y por supuesto con Guillermo, ahora, dentro de poco comienzan a nacer los campos y a él después de tanto tiempo encontrarse en plena Naturaleza creo que le va a hacer sentirse como un hombre nuevo”.
“Estar bajo la influencia de una Encina, intentando encontrar solución a un determinado problema, es ideal, es como si tuvieras ya medio problema resuelto, sobre todo si se pone uno descalzo; veréis que se nota como la madre Naturaleza os envía energías blancas por las plantas de los pies, aunque para esto no hay ninguna necesidad de hacerlo bajo la frondosidad de una Encina, esto se puede hacer en cualquier lugar del campo abierto, incluso un parque”.
- Antes has mencionado el Aliso, y recuerdo que mi abuelo tenía uno en el corral de la casa de su pueblo; recuerdo también que era un hombre que te decía casi con exactitud qué tiempo íbamos a tener, pero de un día para otro ¡eh! Y no se equivocaba. Siempre inventando refranes, y recuerdo también que cuando le preguntaban la hora, él miraba hacia el Sol y la decía tranquilamente ¿verdad María Isabel? -dijo Alejandro con cierto aire de orgullo por como era su abuelo.
- “El árbol de Aliso, realmente también aumenta la capacidad Espiritual de la persona; parecido a la Encina, sobre todo si se hace lo que hizo Guillermo sobre la pared de la Giralda. Si se pega uno al tronco, esa unión de Amor con su naturaleza, estimula el Espíritu. El Aliso es conocido en algunos lugares como el árbol de los místicos y los magos. Entre las ramas de estos árboles es mu fácil ver unas energías blancas llamadas gnomos, pero para ello hay que estar bastante evolucionados espiritualmente.
El Fresno, también posee poderes mágicos, y no sólo equilibra la actividad del subconsciente, sino que estabiliza la fuerza de la voluntad, ya sabéis, esa máquina que posee el hombre y que tanto le cuesta poner en marcha; Echarse un rato bajo la sombra de sus ramas enriquece la voluntad de decisión si es que la persona no se siente en un momento dado, capaz de decidir por sí sola”.
- ¿Cuándo nos vas a llevar a ver la Encina, Laura? -preguntó Leonor a su hija-. Porque lo cierto es que me gustaría volver a aquel lugar aunque ello me traiga recuerdos...
- Cuando queráis; si os parece el próximo Domingo ¿vale? -respondió Laura-, a la cual se le notaba cierto brillo en los ojos.
- Ahora en lo que hay que pensar es a ver como nos las apañamos para poder llevar el carro en el coche -dijo Guillermo un tanto circunspecto.
- Todo tiene solución si se quiere que la tenga -le dije a Guillermo mirándole fijamente-. Y qué bueno sería que hubiera un Pino cerca porque si te pegas a él, no sólo encontrarás alivio en el cuerpo, sino que también lo hallarás en otra parte más importante aún... en la mente, aunque ella sea una parte de él.
- ¡Hijo! En esta casa lo que más se toma directamente de los árboles además de la fruta, es la tila, ahí hemos hecho un descubrimiento perfecto, pues una taza de infusión de tila después de la cena, no sólo hace pasar una noche tranquila, sino que Guillermo ha dejado de roncar -apuntó ahora Leonor sonriéndole a Laura con estas últimas palabras.
- ¿No me digas que mi hermano ya no ronca? Porque no os podéis imaginar lo que era de noche-. ¡Madre mía, cómo se le oía de una habitación a otra!
María Isabel, bastante tiempo callada, le echó una mirada a Alejandro de la que todos nos dimos cuenta echándonos a reír.
- El Tilo -dije con cierta suavidad-. No sólo tiene esa cualidad, que, sin dejar de ser importante, no lo es tanto como la de desarrollar el instinto de ternura y la capacidad de Amar...
Acabado un día impregnado de entregada y hermosa amistad, Alejandro y María Isabel se ofrecieron para llevarme a mi casa en su coche a lo que con gusto acepté. Por el rabillo del ojo pude observar en Laura una mirada como dándome a entender cierto desasosiego al no haber caído en la cuenta y haber sido de ella la idea del ofrecimiento.
Ya estábamos en la calle y nos dirigíamos hacia el aparcamiento, cuando Alejandro sacando un papel doblado de uno de sus bolsillos me lo ofreció diciéndome: Jorge, me gustaría que leyeras esto. Es un artículo mío para la revista de la Asociación Médica en la que quiero comenzar a colaborar con mis escritos. La revista es muy interesante ya que además de llegar a mucha gente, se tocan temas fundamentalmente humanos. Te agradecería me dieras tu opinión ya que este será mi primer trabajo.
Entramos en el coche, y después de darle unas explicaciones acerca de dónde deseaba que me dejara, arrancó el vehículo.
“Durante el trayecto fui leyendo el artículo; me pareció muy de actualidad ya que hablaba de cómo el Amor, el combustible que permitiera el desarrollo hace miles de años, se encuentra seriamente amenazado debido a la escasez de recursos y reservas existentes, a los incrementos de los grupos detractores con que se ha ido enriqueciendo el suelo que pisamos, y sobre todo por su habilidad y distribución altamente geoestratégica.
El papel preponderante que intenta ocupar el mal en sus diferentes y múltiples facetas, hace tambalear la estructura del Amor, por ser muy alto el índice que ocupan sus más y más seguidores en el mundo entero.
En nuestro país, la infraestructura amorosa, sigue dominada por ese sector porque carece de todo orden de escrúpulos morales y, sobre todo, éticos donde obviamente priman las envidias, los egoísmos y un largo etc...
Debido a esta situación, y al no producirse una búsqueda contundente y adecuada de nuevas motivaciones, las cosas fueron quedándose no sólo pequeñas para las propias necesidades del espíritu, sino que además se quedaron un tanto obsoletas y faltas de sentido en el tiempo actual.
Tiempo después del manifiesto conciliar, los seguidores del Amor han rebasado algunos cálculos volviendo a nivelar bastante la balanza, y es así como dicen algunos a la vez que lo aseguran, que el Santo Padre se alza como uno de los símbolos del mundo en los últimos tiempos. Para ello no ha esgrimido otro argumento, que el de proseguir con su forma de hacernos llegar el Amor a los que no lo conocieron, y regresárselo a otros que vieron cómo se les marchaba sin explicación convincente alguna.
Ese día ha sido para todos un día de luz, de sol y de júbilo en un país con entusiásticas reverberaciones juveniles y modernistas en que el Amor debe ir, al menos ese debe ser el intento, aplastando lenta pero firmemente a las huestes confundidas del mal.
Por ello, la medicina preventiva del Amor, debe ser uno de los principales temas de investigación a desarrollar simultáneamente con el resto de los proyectos que en materia de educación, los cuales se encuentran últimamente en no muy avanzado estado. La medicina preventiva del Amor, debe por consiguiente tener un objetivo claramente definido; llegar a muchos a través de los textos apostólicos, unos textos reales, sin recortes y sin influjos de intereses particulares, cuya aplicación debidamente observada, no dejará sombra alguna en la recepción y asimilación del tratamiento...”


2 comentarios:

  1. Santiago, te prometo que nunca había visto unos planteamientos como los que he leído en tu novela, son tan fáciles de comprender al lado de las historias que nos llevan contadas sobre los dinosaurios o los extraterrestres que casi me decido más por lo que tu piensas de todo ello, no se de donde te habrá venido la idea pero me gusta, que pena que no nos comportáramos así siempre. Limón.

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  2. Desde hace mucho tiempo muchos seres humanos han estado y están inmersos, desgraciadamente, en tantos problemas y quehaceres mundanos que nunca tuvieron tiempo para dedicar un poco de meditación a estos temas, casi desde siempre considerados " tonterías".

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