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LA NOVELA XIII



 
Trozos del espejo
 
 
                                               CAPÍTULO DÉCIMO TERCERO


              Sentado ante mi mesa de trabajo y distraído en archivar unos informes, intentaba poner en orden mis ideas sobre todo lo acaecido a lo largo del día. Hoy no habíamos ido a casa a almorzar; lo habíamos hecho a petición de la dirección, en un pequeño restaurante cercano. La comida había sido frugal, con idea de volver lo antes posible a la reunión, pues tenían intención de marcharse en el último vuelo. Me sorprendió esa necesidad de terminar tan pronto, y no me dio muy buena espina esa decisión, no señor; me decía una y otra vez: a un caso tan delicado no se le podía poner un tiempo determinado, y mucho menos tan limitado. En fin, pensé recordando mis propios argumentos: tendría que ser así. No obstante, cuando ellos se vayan... ¿qué pasará? Porque lo que está claro es que yo me quedo aquí más solo que la una...
Miré el reloj; las siete y media, ya pronto tendrán que irse o perderán el avión. La oficina era un hervidero de comentarios a hurtadillas, pero a mi nadie me decía nada; todos pasaban de largo. En ese momento se abrió la puerta del despacho y salió el Director acompañado de los dos jefes visitantes. Con una despedida general, alzando el brazo, y un hasta la próxima visita, acompañados de leves sonrisas un tanto circunspectas, salieron por la puerta hacia la calle; el último en salir fue el jefe qué volviéndose nos dijo que podíamos cerrar, que él ya no volvería por lo que nos veríamos al día siguiente.
Cuando llegué a mi casa, mi mujer ya me estaba esperando ansiosa de conocer todos y cada uno de los detalles. Nos sentamos en el salón y la puse al corriente de todo; me miró entre asustada y confusa diciéndome de forma muy directa:
- ¿Bueno y ahora qué? Porque lo que es yo no tengo muy claro nada de esto.
- Ahora nada, supongo que aguantar el chaparrón y esperar resultados; tampoco yo lo tengo muy claro.
Quince días tardé en saber el resultado de aquella movida. En esas dos semanas mis compañeros, incluido el Director, habían bajado bastante el nivel de su relación conmigo. Desde mi propia perspectiva, el comportamiento de ellos lo entendía como aceptable; no es que yo hubiese hecho lo mismo, únicamente que me daba perfecta cuenta de que mi intento había sido el de ponerlos a trabajar, y digo intento, porque en estos quince días, a partir de aquel Jueves famoso, allí no había variado absolutamente nada; en cambio, a partir de haberse cumplido aquellas dos semanas de larga espera, algo sí cambió; yo fui cesado en mi puesto, quedé relegado por la misma Dirección de la Central a un segundo plano, y un tiempo después y ante la imposibilidad de hallar armonía en el núcleo laboral, me tuve que marchar. No recuerdo cuanto tiempo había transcurrido desde aquel Jueves; Jueves que dejó de ser famoso en la medida en que la fama es recordada, pues se convirtió con el paso del tiempo en el Jueves fatídico. Desde entonces y hasta aquel otro día en que hube de dejar la empresa jamás recibí una llamada de aquél Director de la Central conocido con el nombre del Sr. Torres.
Estos últimos pensamientos, coincidieron con la entrada de Leonor que venía a decirle a Ramón si quería una taza d café.
- ¡Sí, gracias Leonor, me vendrá muy bien!
Ramón suspiró profundamente, mirándonos a todos siguió diciendo: Yo no conseguiré enterarme nunca de lo que ha pasado realmente, como por mucho que me lo expliquen no conseguiré entenderlo, ¡por Dios! Una fábrica como esta, que ha sido de todas las de España la que más producción y rentabilidad ha tenido durante estos dos últimos años, y ahora de golpe y porrazo la cierran así como sí. Lo siento pero a mi me da la impresión de que aquí debe de haber algo más.
- ¡Las cosas de la vida que nos ha tocado vivir! -dijo Alejandro mirando a Ramón.
- Las de la vida no; los hombres, que cuando tienen un poco de poder se creen que ya no hay nada más que ellos... -le corrigió Ramón con cierto disgusto.
- Bueno hombre, no te apures que ya sabes lo que hay. Dios aprieta pero no ahoga, y ya te buscará una solución si tu pones tu empeño en ello.
- Sí, si por ese lado estoy tranquilo, lo que me molesta es que se produzcan estas injusticias. Además, y estoy totalmente de acuerdo contigo en que Él me buscará una solución, pero, siempre y cuando yo le proporcione dónde está esta. Yo sé perfectamente que todo tiene una razón de ser, y que esto que me ha ocurrido debe tener un porqué aunque yo no sea capaz de encontrarlo o, tal vez, buscarlo con tenacidad. Al principio no sólo me preguntaba por qué me ocurría esto a mi, sino por qué también a los demás, a todo un conjunto. Afortunadamente después de mucho meditar llegué a la comprensión de que el Karma, la Ley de Causa y Efecto, se aplica lo mismo de forma individual que colectiva, ya que un grupo puede ser considerado como una unidad colectiva dentro de un territorio; y gracias a aquellas meditaciones y reflexiones posteriores, he llegado a comprender no sólo mi caso, sino el sentido de muchos temas a todos los niveles.
- ¡Muy bien! -dijo Laura enfatizando la exclamación. -¡Ea! Pues tranquilo, tómate el café y cuando te pongas a buscar la solución ya verás como todo sale bien.
- ¡Dios te oiga Laura! Porque la verdad es que todo lo veo muy negro últimamente, y no te puedes imaginar como eso me tira abajo el ánimo.
Sinceramente, aquella exposición que Ramón hizo sobre el Karma tanto individual como colectivo no me la esperaba. No le tenía tan versado en semejante parcela de la evolución Espiritual. Tendría que mantener con él algún que otro encuentro con idea de que me hablara hasta que punto tenía conocimiento de la Ley Kármica.
- Pero no pierdas la esperanza, con un poco de paciencia, te repito, verás como todo se arregla: siempre hay luces al final del túnel. -le dijo Laura de nuevo esbozando una amable sonrisa.
- Ya lo sé Laura, pero es que es muy difícil cuando le llega el turno a uno. Cuando se trata de los demás, espero que esto no te moleste, para todo vemos solución pero, cuando ya se trata de nosotros mismos nos volvemos bastante pesimistas, vamos que no somos capaces de encontrar un poco de serenidad; que esta es la realidad y no una película; por cierto, fui a ver la película aquella que me recomendaste: “La Historia Interminable”.
- Y, dime, ¿qué te pareció, te gustó?
- Ya lo creo. Fabulosa, llena a rebosar de imaginación; un auténtico mundo de fantasías. Para mi el mundo de la fantasía es el lugar donde habita todo un conjunto de deseos y esperanzas, y hasta de esas aspiraciones que tienen algunos hombres.
- “Esta película me da a entender que en el fondo de cada hombre debe haber siempre un niño, por que si no somos un poco fantasiosos e imaginativos en este mundo nuestro sería demasiado duro el poder transitar por él. Hoy, la gente se ha olvidado de cuando era niño, y piensa solo en lo real, en lo que toca con sus manos; cada uno resignándose con lo que le ha tocado vivir, pero, eso no es verdad. Si no tiene esperanzas no podrá mejorar ni progresar porque en eso consiste, en fijarse la meta un poco más lejos de donde se está y eso sólo lo puede hacer la imaginación y la inocencia.
- Creo en los sueños, creo que sin ellos, sin deseos o fantasías no se puede vivir, la vida es muy dura pero está esplendorosamente llena de realidad. No en vano la fantasía es lo que más se acerca a ella.
Yo creo que todos somos un poco soñadores, pero eso no está de moda; hoy en día esos ahora son locos, por eso se está perdiendo bastante de ese encanto infantil del hombre.
La película es un claro reflejo de la realidad, de lo que pasa en el mundo; es un mensaje desde el principio hasta el final.
En el momento en que pierdes toda esperanza ya no queda nada, te vas resignando a tu vida y la afrontas como puedes, y detrás de esa nada está el mal; pisotear a tu prójimo por el bienestar propio, sin importarte las consecuencias. Creo, estoy seguro de ello, que tener fantasías es bueno, muy bueno; desear algo que llegues con tantas fuerzas a conseguirlo, con un poco de suerte, ayuda a superarte poco a poco. Yendo así por la vida siempre tendrás a alguien que te eche una mano, pero, si estás vacío, estarás solo, sin suerte y sin futuro que proyectar, pero siempre habrá alguien que sea capaz de vencer todos los obstáculo y acabe triunfando...”
Guillermo fue a decir algo; me llevé, mirándolo, un dedo a los labios dándole a entender que no dijera nada y tanto él como los demás que se habían percatado de mi gesto guardaron silencio; ello era importante, y la reflexión ante la magnífica exposición que a título de resumen nos había hecho Ramón se hacía imprescindible.
En el intervalo de aquel silencio me vino un recuerdo: mezcolanza de una frase de la película y otra de la que me vino acerca de los recuerdos que acudieran a mi mente hacía un momento acerca de la situación vivida en mi antigua empresa, y sobre el comportamiento de aquél tristemente famoso, para mi, Sr. Torres con su caro y bien cortado traje de ejecutivo y sus hipócritas palabras: “¡Una armadura tan brillante, y no sirve para nada!”
Dejado atrás este pensamiento, pasados unos minutos fui yo el que dando por terminado el silencio, pregunté:
- Bien ¿que os ha parecido la definición que nuestro buen amigo Ramón nos ha hecho sobre la película?
- Yo la he visto dos veces, una en el cine y otra en la televisión; me acuerdo estupendamente, y para mí os puedo decir con total tranquilidad que lo que ha dicho Ramón ha sido como un retrato; daría cualquier cosa por volver a verla -dijo María Isabel.
Los demás estuvieron de acuerdo con ella, y fue curioso, porque el denominador común de todos los análisis estaban apoyados en la imaginación; no sé si la cantidad de veces que se citó la palabra imaginación fue la que impulsó a Leonor a preguntar:
- Jorge ¿en el principio de la Humanidad, el hombre que desarrolla primero la imaginación o la inteligencia?
La verdad que la pregunta era de lo más interesante a la par que harto compleja para salir airoso con una acertada respuesta; por eso me limité a responder:
- Podría, sin mayor contratiempo, decir que la definición más plausible y conocida fue la de Albert Einstein el cual situó a la imaginación por delante del conocimiento, ya que uniéndonos a él habría de decir que en la época primera todo evolucionaba sin prisas pero sin pausas. Los primeros miembros comenzaban a aparecer haciéndolo como eje alrededor del cual giraría toda la vida, tanto animada como inanimada de nuestro planeta.
- ¿De nuestro planeta o del Universo? -apuntó Leonor.
- De nuestro planeta Tierra; en el resto del Universo la vida es otra y con otra forma muy diferente a la nuestra; nosotros no somos más que un eslabón en la maravillosa obra de la vida y su continua evolución.
- ¡Yo pensé...! -Leonor iba a decir algo pero prefirió callar.
- Sí, Leonor, te entiendo, como tantos otros supuestamente muy altos en el conocimiento y que llegan a decir desde la tribuna de su más absoluta ignorancia que nosotros somos el ombligo del Universo; que somos único, que ya no hay más vida que la nuestra; claro, y es lógico que se piense así, no tenemos más que mirarnos en nuestro propio espejo y preguntarle si existe realmente alguien por ahí fuera... Y si lo apuramos mucho: ¿si hay alguien mejor que nosotros?
- Entonces, es verdad lo que se cuenta de que los extraterrestres pueden venir a la Tierra y atacarnos -volvió a tomar la palabra Leonor.
- No exactamente...
- “Cuando digo que nosotros somos un eslabón más, es porque lo mismo que existen planos más bajo que el nuestro de cuya pobre inteligencia no se podría esperar un ataque dada su escasa sabiduría o conocimientos técnicos. Al mismo tiempo existen otros que si tienen un alto conocimiento. Este orden se encuentra en todos los campos, el técnico como comprenderéis, está tan desarrollado que sí pueden venir, pero nunca nos podrán hacer daño, esta fase de evolución en la que nosotros estamos inmersos con nuestra soberbias, nuestras envidias, egoísmo... hace tiempo que ellos la superaron.
En cierto que vienen, tan cierto como que vemos sus medios en la lejanía, pero lo hacen como los padres que llevan a sus hijos al circo para que lo vean y se rían con los payasos; así ellos toman a los niños los suben en sus naves y les dan un paseo por nuestro planeta Tierra, y los pequeños extraterrestres cuando nos ven aquí y captan nuestras ideas y las diferentes formas en que nos tratamos los unos a los otros, pienso que lo que hacen de verdad es partirse de la risa que debe entrarles.”
- Nunca me lo había imaginado así ¿qué triste no? -dijo Leonor moviendo la cabeza significativamente.
- Además, echándole un poco de imaginación, pienso que en un momento también podrían decir, para qué atacarlos si el día menos pensado se destruyen entre ellos mismos.
- ¿Cómo serían realmente los primeros hombres de nuestro planeta? -siguió apuntando Leonor y a la que se unió María Isabel un tanto interesada en la pregunta.
- “En esa evolución, producida entre ellos a raíz de haber cruzado la frontera parcial del Reino Animal, después de la cual comienza a tomarse conciencia, el aspecto que presentaban era de una apariencia ruda y connotaciones muy acusadas. En sus albores y por naturaleza primitiva eran enormemente curiosos, aunque con cierto recelo todo lo observaban. A medida que transcurría el tiempo, su intuición se iba desarrollando a pasos agigantados; era la lucha por la supervivencia dependiente sólo y exclusivamente de ellos, por lo que gracias a ese instinto de conservación, ya desde sus principios comenzaron a cazar pequeños animales pues con las primeras armas que contaron fueron sus propias manos.
Ellos aún seguían más encorvados que erguidos, como si no desearan desligarse de la tierra, como si no quisieran despegarse del suelo ya que además de ser al cien por cien el único elemento que conocían, este era su único protector cuando agazapados a él podían pasar bastante desapercibidos ante la presencia de los animales depredadores.
Más tarde y con el conocimiento adquirido en las luchas y en la necesidad de medianas distancias para su defensa, así como para la caza de animales de mayor tamaño ya que los grupos iban creciendo con el paso del tiempo, fueron evolucionando, abandonando su postura; fueron desarrollando sus extremidades inferiores; esto les permitió no sólo correr con más seguridad y soltura, sino poder complacerse con la observación desde una altura diferente.
Los animales grandes los mataban al principio con gruesas ramas que arrancaban de los mismos árboles; más tarde lo hicieron con algunos de los huesos de los mismos animales que se comían.
Con el alto desarrollo del instinto, por cierto muy superior al del hombre de nuestros días, y la observación de absolutamente todo, comenzó en ellos un nuevo periodo de descubrimientos; así, con la recién nacida inteligencia, cuyo primer paso fue el de darse cuenta en que a la hora de golpear a los animales para poder comer era mejor un hueso que una rama, quiero pensar que dieron comienzo también a la pesca.
Al principio, vieron que los animales del río eran diferentes por lo que decidieron cogerlos, naturalmente se les escabullían ante la torpeza propia de la corta destreza de sus manos. Su segundo intento fue arrojándoles piedras; evidentemente el sistema no era muy acertado, pero habían tantos peces y disponían de tanto tiempo que al final siempre cubrían sus necesidades; hay que tener en cuenta, como es de suponer, que ellos vivían al día. Intentos posteriores les llevarían a darle muerte alanceándolos mediante largas ramas cuya punta habrían afilado rozándola contra la superficie de la piedra.
“Observando que los peces abrían la boca bajo el agua y comían pequeños animalitos como moscas y gusanos además de diminutas partículas para ellos desconocidas, comenzaron a pensar en la forma de atraparlos vivos; para ello un descubrimiento grande fue el de unos pequeños huesecillos de animales, con los que hicieron anzuelos que atados a largas y finas tiras de raíces, dieron comienzo a ese arte medianamente difícil como es en nuestro días el de la famosa pesca con caña”.
- Perdona, Jorge, pero, según tu versión, antes has hablado de que ellos ya tenían luchas, ¿Cómo tan pronto empezaron a pelearse, y por qué? -preguntó ahora Alejandro.
- “Claro, verás, desde que toman conciencia de que se encuentran en un estado diferente dentro del mismo Reino, y esto sucede en sus principios, hasta que han descubierto que no sólo tienen que comer frutos silvestres, sino que pueden cazar animales, y con sus extremidades inferiores muy desarrolladas, han pasado muchos miles de años según nuestro espacio-tiempo, para ellos sólo ha transcurrido un tiempo sin catalogar, ¿pero que ha ocurrido en ese tiempo? Que la vida y la muerte también en este estado tienen medidos sus ciclos, así que son muchas las reencarnaciones habidas a lo largo de este tiempo y con ellas como en cada sociedad conviven juntos pero no unidos; los evolucionados, los en fase de evolución y también los estancados, que los hay, y estos últimos son los que se conocen en todos los periodos como las malas personas, esas cuya costra de lacras no permite recibir ni tan siquiera el Sol que los pueda llenar de vida.
En el comienzo, sus luchas se limitaban a los animales hostiles con los que necesariamente convivían aunque como es natural, de forma apartada; más tarde, serían ya luchas inconformistas. Oleadas de primeros hombres en pequeños grupos mixtos se hicieron presente; ante ellos se mostraba una muy dura tarea y la climatología era feroz dado sus grandes y brusco cambios. Todo habría de ir en consonancia, por ello en aquella época debían y por mucho tiempo, conservar sus cuerpos cubiertos de aquel espeso vello que le protegiera desde siempre. Con el paso del tiempo, clima y hombre fueron ajustándose, y en el hombre fue desapareciendo la pilosidad corporal, no obstante, es curioso observar como en nuestros días se ve aun algún que otro cuerpo que nos lleva a entrever cierto testimonio de cómo debió ser aquello”.
- “Fue impresionante, y fascinante, porque imaginaos que ya comienza a caminar erguido y se da cuenta de que arriba hay un espacio abierto en el que nunca había reparado; ha dejado de estar continuamente mirando hacia la tierra, y es en ese mismo espacio llegada la noche, que descubre por primera vez una oscuridad cargada de brillantes y parpadeantes lucecitas...”
- ¡Guaaau! -expresión muy de moda en esta época y que emitiera Alejandro para manifestar que con su imaginación había llegado a ver por un instante aquel maravilloso momento.
- Se me han puesto los vellos de punta -dijo Leonor entrelazando sus manos de forma un tanto nerviosa.
- Y a mi también -habló María Isabel que cruzaba sus brazos y con las manos se tocaba los codos como si sintiera un escalofrío.
- Verdaderamente debió ser maravilloso aquel momento; cómo me gustaría haberles visto las caras -dijo ahora Laura con la voz entrecortada.
- Todo es cuestión de lo que hablábamos antes, bueno, de lo que decía Jorge referente a aquello de la imaginación -manifestó Alejandro.
- “Ciertamente, esos fueron unos de tantos momentos grandes en la historia de la Humanidad en sus albores, porque ya observando ese espacio y que nosotros llamamos cielo, comenzaron a detener su atención en la claridad y en la oscuridad; en los vientos, en las lluvias y en las nieves, y con ellos otro gran momento, aquel en el que durante la lluvia y tras un relámpago acompañado de un fuerte estruendo se descargó un rayo; este buscó raudo un árbol, el cual al incendiarse dejó maravillosamente tan sorprendidos como asustado e inquietos sus ojos cuando ante ellos nacía el Fuego. Ese Fuego que les acompañaría a lo largo de sus existencia. Aquel fue su primer Dios no idolatrado aún, pero sí amigo de verdad. Gracias al Fuego se le acabaron los días y las noches del más absoluto frío al descubrir el calor que este desprendía. El Fuego les permitió cierta tranquilidad y seguridad no sólo ante animales salvajes de poderosos colmillos y garras, depredadores que acechaban continuamente sus existencias, sino ante sus ya también reconocidos enemigos.
- Dices tú que ellos vieron incendiarse el árbol por la descarga de un rayo, pero, cuando quieren tener Fuego ¿cómo lo hacen, se quedan atentos durante el transcurso de la lluvia esperando haber si se repite donde ellos se encuentran? -me interrumpió Leonor.
- “Ellos en aquella primera ocasión sienten también un pánico atroz ante el desconocimiento; desde lejos se quedan a la expectativa; es de suponer que consumido el Fuego y notado el calor que desprende así como la luz que produce, se quedan a la espera de una próxima oportunidad. Con el siguiente acontecimiento y el saber que a ellos no les produce ningún daño, aunque con cautela, se acercan a él, toman unas ramas encendidas y las mantienen pero, no con mucha confianza; esta va tomando cuerpo cuando se dan cuenta de otro descubrimiento: están en la oscuridad de la noche y se pueden ver unos a otros además del entorno en el que se encuentran. Ya han sentido el calor y se han dado cuenta que aquellas ramas encendidas se mantienen en sus manos aunque poco a poco estas se van consumiendo sin que les hagan daño. En ese segundo intento ven como ellos dominan la situación por lo que llegado el momento comienzan a dar carreras y gritos de alegría celebrando el descubrimiento: A partir de entonces irán día a día cortando ramajes y encendiendo unos con otros. El Fuego les ha cambiado sus vidas; ya todas las noches son noches de fiesta alrededor de hermosas y brillantes fogatas, por lo que no es de extrañar que nuestras fiestas más ancestrales y las cuales se realizan siempre alrededor de una candela tenga sus orígenes en la Prehistoria.
En los perfiles del tiempo y entre los pliegues del viento no dejan de llegar los ecos de como con una necesidad perentoria, reciben una inspiración de orden Superior y que en la disposición cronológica del Humanidad será catalogada como la primera. El estudio de mantener aquel Fuego no puede esperar porque ven que este se va apagando despacio, sin remedio, se dan cuenta de que lo que realmente arde es la madera, por lo que recogiendo trozos, ya secos, del suelo y juntándolos a los que están ardiendo ven con satisfacción como uno hace arder al otro. El seguimiento ya es fácil, madera tienen de sobra, y como madera, ella será más tarde el otro descubrimiento ya que junto al Fuego será la base no sólo de la supervivencia en el crudo Invierno, sino que gracias a ella podrá más adelante construir sus armas de caza y luchar así con unas herramientas diferentes más sólidas y seguras.
Después de todo esto y con una cierta tranquilidad, comienzan a pensar en el dominio y cuánto de uso se le puede dar al elemento. Para ello relacionan a fondo la madera con la madera gracias a la observación de un sencillo gesto en un miembro del grupo cuando intentando limpiarse la grasa del brazo con la palma de la mano, ambos se calientan por lo que comienzan a rozarla una con otra hasta que fuerza y tenacidad da su fruto, y sus siempre asombrados ojos ven de nuevo ahora ese humo que, relacionado con el Fuego, haría que la persistencia y el acercarle a aquella pequeña llama unas hojas secas, haría que se convirtiera en el que a partir de ese momento y para siempre sería ya su Fuego.
Con este descubrimiento, el género humano comienza su gran ascendencia, lástima que el conocimiento en lugar de mantenerlo al servicio de las causas nobles no sea así por lo que ineludiblemente comenzaron las soberbias, las envidias, las avaricias... y con ellas las guerras, los intereses para más guerras y los intereses para la paz... y así con el hombre desde siempre y para siempre...”






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