jueves

LA NOVELA XII



 
Trozos del espejo
 
 
CAPÍTULO DÉCIMO SEGUNDO


            ¡Ringg, ringg...! -el teléfono saltaba sobre su soporte.
Aquella mañana sonó, y mi mujer se incorporó en la cama del sobresalto propio que produce la llamada cuando se está durmiendo aprovechando que el día era Sábado. Miré el reloj, las ocho menos cuarto -pensé quién podría ser a esa hora. Con el recelo que genera una llamada a esa hora, mi mujer descolgó el aparato ya que este está sobre su mesita de noche.
- Diiga -dijo con la voz propia de quien aun está medio dormida.
Ya el saber que no se trataba de ninguna llamada preocupante por parte de la familia, me lo pasó diciendo.
- Toma, es para ti, te llama un tal Sr. Torres desde Madrid.
- Ahora si que la preocupación se apoderó de mi, principalmente por ser una hora tan temprana y llamarme a mi casa. Me armé de valor y pensé: “bueno, es lo que estabas esperando ¿no? acaso no te dijeron que posiblemente se pusieran en contacto contigo porque lo más probable es que todo esto quisieran oírlo directamente de ti, pues ahí los tienes”.
- ¡Dígame! -dije intentando demostrar una tranquilidad que verdaderamente no tenía.
- Buenos días Jorge, estaba Vd. durmiendo, supongo; discúlpeme, pero era importante llamarle lo antes posible, es más, le estoy llamando desde nuestra sala de reuniones.
- No se preocupe, no tiene importancia; la verdad es que anoche regresé tarde del viaje y estaba bastante cansado; por cierto antes que se me olvide, sólo adelantarle que aquella operación que tenía entre manos y de la que ya hablamos aquel día, se ha cerrado y muy felizmente, pero, dígame: ¿a qué se debe su llamada?
- Bien, primero felicitarle por la consecución de ese pedido, si le he de ser sincero, nunca pensé que pudiera hacerse con él por presentar los inconvenientes que estuvimos comentando; y en cuanto al motivo de mi llamada es el siguiente: Ha habido una reunión en la Dirección General de la Empresa, y a tenor de su informe, me comunica la Gerencia que le pregunte a Vd. si ese informe suyo estaría dispuesto a mantenerlo en un careo personal frente a su Director inmediato ahí en la sucursal, y luego más tarde ante sus propios compañeros, para lo cual se desplazarían por el tiempo que fuera necesario el Director Comercial, el de Personal y el Financiero.
Un tremolar de de emociones iba haciendo mella en mi ánimo conforme escuchaba cuanto me decía, al tiempo que no podía parar de preguntarme una vez más: ¿qué pasaría con todo aquello, ya que se trataba de una responsabilidad, a la vez que gente frente a mi, y aunque ellos, en su fuero interno, lo reconocieran, qué iban a decir...? Una vez más, asistido de la razón y mi fe en la verdad y la justicia a todos los niveles dije categóricamente:
- Pueden venir cuando quieran, esto es un barco que se hunde cada vez más y yo que estoy en él he de hacer todo lo posible porque no me arrastre al fondo; si hay que enfrentarse a ellos personalmente, repito, cara a cara, yo me enfrentaré y que Dios me ayude, pero es que no le veo ninguna otra solución. ¿Sabe cual es mi principal miedo Sr. Torres? Pues que al final de todo ello, y, conociendo a los hombres como presumo conocerlos, sea yo el que se quede en pañales en razón de unos intereses materiales que ahora a mi se me escapan, pues no en vano, y Vd. estará de acuerdo conmigo, soy la parte más endeble de este insólito caso.
- Vd. se enfrentará y yo le apoyaré, de eso no le quepa la menor duda, confíe en mi y en mi mucha experiencia dentro de la empresa. Bien, comunicaré su aceptación, ¡ah! El Jueves no vaya a salir a ningún sitio, se queda en la oficina, y por favor no haga comentario alguno con sus compañeros de que vamos a desplazarnos hasta ahí.
- Así lo haré, y muchas gracias Sr. Torres; a ver si es verdad que le damos un nuevo giro a esta política comercial porque el personal vale, lo que no sirve es el sistema y quien debería dirigirlo, ya me entiende.
- Perfectamente, Jorge, y gracias a Vd. y recuerde que siempre estará Torres a su lado, y su empresa la cual llegado el momento sabrá agradecer su honestidad y su lealtad hacia ella. En estos tiempos que corren, es difícil encontrar gente que haga la empresa suya hasta ese extremo. Adiós y gracias una vez más; seguimos en contacto.
Repetí una vez la despedida y colgué el auricular; inmediatamente, mi mujer quiso que la pusiera al corriente de cuanto hablamos durante la conversación telefónica. No tuve más remedio que sincerarme con ella una vez aunque bien sabe Dios que intenté siempre evitarle el posible disgusto que se llevaría con todo ello. Le hablé de cuanto fue tratado con anterioridad, y a medida que se iba enterando su cara cambiaba de color; sus gestos eran fiel testimonio de que aquello que estaba oyendo no le estaba gustando nada; su espíritu conservador, se hacía latente en cada frase... ¿Instinto, clarividencia? ¡no lo sé! El caso es que me contagió su preocupación hasta el extremo de que me levanté y me dirigí al cuarto de baño al objeto de darme una ducha e irme la oficina. No era normal ir el Sábado a hora tan temprana ya que mi costumbre era ir a media mañana, simplemente por dar una vuelta y en ocasiones preparar un poco las visitas de la próxima semana.
Cuando salí del baño, me tenía el desayuno preparado; lo estuvimos tomando en silencio hasta que, al parecer, no pudiendo aguantarse ni un momento más, me dijo:
- Respeto lo que estás haciendo, pero, te repetiré una vez más: no debes fiarte ni de los hombres, ni de las empresas a las que estos representan, por mucho que manifiesten reconocerte que eres un elemento muy bueno: para unos tanto tienes tanto vales, para ellas, que quieres que te diga: quieras o no, las dirigen ellos. Si ellos ven que vas en contra de su sistema ¿quién le quita de la cabeza que mañana no vayas en contra de ellos mismos? ¡Lo siento, ojalá me equivoque, ojalá salga todo bien! pero de lo que no me cabe la menor duda, es que esto te va a hacer sufrir mucho.
Me estaba acordando de tus propias palabras, de cuando le adviertes a la gente que se reúnen contigo aquello que les dices de que tengan cuidado, que cuando se defiende la verdad, puede ocurrir lo que les ocurrió a los cristianos, que lo echaron a los leones. Ahora estoy viendo a tus leones; perdóname, pero es que los estoy viendo en tus propios compañeros, en tu propio jefe y lo que es más triste, no sé por qué hasta en leones se va a convertir tu propia empresa; te recuerdo que ella está dirigida por otros compañeros tuyos aunque no sean de aquí, pero nadie se va a arriesgar a defender a nadie; sí, ya sé que tú lo harías siempre, ya me lo has demostrado en más de una ocasión, pero...
- Quédate tranquila, mujer, no ocurrirá nada y si por desgracia ocurriese, el Padre nunca abandona a los que luchan por salirse de la rueda de la falsedad y la hipocresía; y si aun a pesar de todo he de sufrir por ello, no será más que el efecto de alguna causa anterior que habría de salir... “todo será como deba ser”. Lo verdaderamente importante es seguir trabajando en libertad y por ella, al menos de principios, y como tú bien sabes por lo que siempre te he venido contando, trabajando de aquella forma que se tiene allí, nunca se es libre.
Habían pasado unos días, y ahora detenido en un semáforo camino de la oficina, estoy pensando que me deparará este Jueves. Este es el día de Júpiter -pensé-, él es un planeta de hermosas influencias dado que no sólo tiene valores de autoridad y amplitud, sino que es el de la masa más voluminosa que rodea al Sol; rige por tanto causas de peso, girando majestuoso alrededor de su eje y arrastrando en su curso la bella procesión de sus numerosos satélites.
Hoy no será día de sentimentalismos ya que Júpiter tiene por elemento al Aire, y éste es cien por cien mental, y aunque en la edad de la vida se corresponda con la madurez, sus principios son de cohesión y con tendencias a fundir en uno, el instinto y la razón, la pasión y la reflexión.
“Este planeta, psicológicamente hablando, simboliza las tendencias de expansión afectiva que toman su nacimiento en la fase oral de los psicoanalistas con la satisfacción de los apetitos digestivos de la criatura. Todo lo llena de ambición mesurada, aunque no siempre, de pacifismo, de simpatía, de optimismo, de bondad y generosidad por la novedad... Se trata de una tendencia oblativa que consiste en entregarse así mismo, en ir hacia el otro, en darse , en desplazar el impulso vital de su ego hacia el Universo que lo rodea, al mismo tiempo de expandiéndose en sus instintos de propiedad. Conduce a dilatarse, a aprovechar el momento y la coyuntura, a triunfar material, social y afectivamente en sintonía y armonía real con su medio.
Todos los planetas enmarcan con su influencia un destino, y el que yo estaba viendo en este no me estaba gustando nada. Júpiter simboliza las protecciones, las adquisiciones y los beneficios materiales, la riqueza y el bienestar así como las distinciones honoríficas; en una palabra y aquí sí que sufrí un pequeño escalofrío, las ambiciones satisfechas a todos los niveles...”



































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