lunes

LA NOVELA X



 
Trozos del espejo
 
 
                                                       CAPÍTULO DÉCIMO


El magnífico almuerzo con el que me había visto gratamente sorprendido fue obra de Leonor en unión de Laura; ésta que, encuentro a encuentro va descubriendo un poco de mi personalidad, a sabido con ello captar algunos de mis gustos por ciertos alimentos naturales, y ello fue y así lo confesaron, la clave para darme la sorpresa.
La comida había transcurrido en un ambiente rebosante de armonía familiar y jocosos comentarios a cargo de Guillermo, que, sabedor de lo que ambas mujeres estuvieron preparando el día anterior, no podía evitarlos, sobre todo, cuando la madre se desplazaba a la cocina y traía con todo el Amor del mundo alguno de sus platos especiales para, según ella, tan magna ocasión, y a la espera de, junto a los demás, ver la cara de asombro que yo ponía ante semejantes acontecimientos.
Después de comentar mi alto grado de admiración por las atenciones que me fueron dispensadas, nos levantamos al tiempo que Laura decía a su hermano y a mi que pasáramos al saloncito, lugar este en el que se tomaría el café como otras veces; y así, mientras la madre e hija se entregaban a la tarea de retirar los servicios, ayudé a Guillermo en su desplazamiento.
Estábamos los dos charlando animadamente sobre las Artes Plásticas, cuando sonó el timbre de la puerta... Laura corrió hacia ella y la abrió; sabía de quien se trataba ya que como organizadora directa del día, se lo había comentario a María Isabel ahora que ambas acababan de reanudar su antigua amistad. El comentario, por lo que pude saber más tarde, fue del agrado de ella mostrando especial deseo de participar; y así lo hizo en unión de Alejandro, su marido, ya que cuando el matrimonio, acompañado de Laura entró en el saloncito, María Isabel portaba sobre sus manos y a modo de regalo una espléndida tarta.
Ambos no tardaron en saludar a cuyos saludos tanto Guillermo como yo correspondimos. La tarta quedó depositada sobre la mesita mientras me decían que este detalle era algo así como una especie de agradecido reconocimiento. Ofrecí con gratitud la deferencia que tenían para conmigo, no sin argumentar levemente el que no debían hacer tales cosas, y pedí que nos sentáramos todo juntos. Laura se llevó el pastel a la cocina y volvió acompañada de su madre la cual venía diciendo que lo había dejado todo dispuesto para cuando nosotros deseáramos.
Una vez todos juntos, y apenas nos habíamos sentado, dijo Leonor levantándose:
- Jorge, me gustaría consultarte una cosita a solas. ¿Te importaría si nos fuéramos a otro sitio?
- Claro que no.
- ¿Me perdonáis? Será cuestión de poco tiempo, -dijo Leonor tímidamente y a título de excusa.
- Naturalmente, mamá. -dijo ahora Guillermo sonriéndole a su madre.
Leonor, con un gesto absolutamente familiar, me tomó de la mano, y saliendo del saloncito me condujo hasta su dormitorio. Ya en el, me invitó a que me sentara en un silloncito el cual guardaba toda la antigua forma de una Descalzadora, mientras ella lo hacía en una silla preciosamente labrada y elegantemente decorada al estilo Victoriano.
- Jorge, -comenzó diciendo- lo que quisiera consultarte es que cerca de aquí hay una señora que echa las cartas; dicen que tiene bastante fama de ser muy buena en ello, y me gustaría ir a preguntarle sobre algo que necesito saber desde hace tiempo. ¿A ti en principio que te parece la idea?
- Leonor, en principio, como tú dices, no tiene porque parecerme mal si ese es tu deseo; un deseo que yo respeto. No obstante, lamento tener que decirte que al menos que el tema que le plantees sea espiritual, de poco te podría servir.
- Verdaderamente no es espiritual, aunque quiero pensar que en cierta medida si puede guardar alguna relación, quiero decirte que, aunque sé que es material, una respuesta positiva podría dar una tranquilidad a mi Espíritu.
- Si tú lo crees así, no voy a ser yo el que te quite la idea, pero, dime ¿Te pide dinero por esa posible ayuda que tú crees que ella te podría prestar?
- Tengo entendido que en todos los trabajos que realiza sólo suele cobrar la voluntad.
- Bueno, tú sabes muy bien que la voluntad ya es un precio que se deja a juicio de la persona que va a consultar, y principalmente es así porque muchas veces por este motivo es que no suelen decir cosas que desagraden, ya que siendo satisfactoria la respuesta, es de suponer que la voluntad sea más generosa. ¿No crees?
- ¡Entiendo! -dijo Leonor un tanto apagada.
- De todas formas te daré unos consejos para cuando vayas, y si haces lo que te digo, y esa persona a la hora de la consulta te acepta, es posible que haya sido elegida como vehículo para hacerte llegar esa tranquilidad a bordo de una respuesta válida.
Tú sabes, y si no lo sabes yo te lo digo, estas personas que echan las cartas utilizan siempre las suyas; unas usan las cartas de la baraja española, y otras las cartas conocidas de figuras que son las del Tarot, o sea, los arcanos mayores.
- Eso si lo sé -me interrumpió apresuradamente-. He oído decir que son cartas de figuras.
- Bien, entonces en primer lugar lo que debes hacer es lo siguiente: Ir a una tienda o Librería Esotérica y comprarte un mazo de láminas del Tarot; un juego e cartas del Tarot, para que me entiendas.
- ¿Alguna marca en especial, o algún modelo? ¡Perdóname, Jorge, tantas preguntas pero, es que entiendo muy poco de esto!
- No te preocupes y estate tranquila. Generalmente disponen de varios, así que los ves todos y el que más te guste, pues ese; todos valen, luego te explicaré por qué. Una vez que lo tengas, si ves que además de las cartas de figuras vienen cartas de la baraja española que es lo normal, y que esas si las conoces, estas las separas y las guardas. A continuación tomas las de figuras y las limpias pasándoles un paño un poquito húmedo, esto debes hacerlo para quitarle las posibles energías negativas que hayan podido depositar en ellas las personas que las hayan estado manipulando, tanto en su fabricación como en su posterior embalaje; una vez limpias te las guardas en un bolsillo y las tienes siempre contigo excepto cuando vayas a dormir que las puedes dejar debajo de la almohada para volver a tomarlas al día siguiente por la mañana.
- ¿Siempre debo hacerlo así, quiero decir, siempre he de llevarlas encima?
- No, eso debes de hacerlo tan sólo al principio para que tomen contacto contigo; posteriormente deberás hacerlo como mínimo una semana antes del día que vayas para hacer una consulta; es del todo importante el cumplimiento de este requisito.
- ¿Y si me dice que no, y me dice que sólo lo hará con las cartas suyas?
- Entonces no debes permitirlo por lo que deberás dejarlo por el momento y decírmelo; ten en cuenta que los tarots, o sea las láminas del Tarot, cuando se exponen sobre la mesa para una posible lectura, se van a expresar a través de las vibraciones de la persona cuyas energías haya depositado en ellas por lo que si no son tus cartas, tampoco serán tus vibraciones, y en este caso a la hora de la interpretación, esta jamás podrá ser correcta; las láminas sólo y exclusivamente se manifiestan por si mismas ante uno mismo, y la persona a la que se le consulta se limitará, sin tocarlas para nada, sólo a su interpretación, y ello sujeto siempre a que no violente la respuesta o mensaje alguno, porque pudiera ser que no haya respuesta momentánea, o también que aquella persona no fuera la persona indicada.
- Y en el caso de que no se negara. ¿Cómo tendría yo que hacerlo, o que sistema habría de emplear? Porque ahí si que, de verdad te digo, no tengo la menor idea.
- En ese sentido harás lo que ella te diga, que en realidad será lo mismo que hace ella normalmente. Dicho de otra manera: Tú tomarás tus cartas. Tú las barajarás con el fin de producir un caos en ellas. Posteriormente tú misma las cortarás y te las echarás según la costumbre que ella adopte, y, una vez expuestas sobre la mesa, ella se limitará a leer lo que según entienda te están diciendo en razón de la consulta que, previamente, tú le habrás realizado.
- Jorge, dirás que soy una pesada pero, ¿Y si se negara?
- ¡Está bien, mujer! No te apures más; haces lo que te he dicho y cuando hayan transcurridos los siete días prepararemos aquí mismo una sesión y yo te las interpretaré, si no tienes inconveniente.
- Contigo ninguno, hijo. Y digo yo: ¿Por qué no lo hacemos ya sin tener que ir a ver a esa mujer?
- Sencillamente porque no tengo por costumbre el leerle las cartas a nadie, salvo la excepción indicada, y esta pudiera ser, pero sólo pudiera. ¿Comprendes? Además ya has olvidado cuanto te acabo de explicar. La lectura o interpretación sólo puedo hacerla con tus cartas, y después de que las hayas tenido contigo viviendo durante un tiempo... ¿Recuerdas?
Noté en su mirada que esta respuesta no le agradó mucho, pero inmediatamente recapacitó y la aceptó mostrándome una leve sonrisa llena de comprensión al darse cuenta de que yo tenía razón.
- “Antes te dije que todas las cartas valen, porque lo importante en las láminas son sus vibraciones manifestándose, no un modelo determinado, y acuérdate siempre de lo que te digo: el Tarot es Sagrado, y tan serio como profundo, por lo que no debe jamás ser frivolizado. Es una Ciencia Universal constituida por una Fuerza Superior para hacer llegar a la mente humana el conocimiento, y a través de él la ayuda necesaria para que el espíritu evolucione por el difícil sendero de la materia, y no es en absoluto, como se suele decir, un Arte Adivinatorio”.
- Jorge, hace unos días estuve viendo un programa de televisión sobre temas ocultos; se habló de muchas cosas, entre ellas de las echadoras y echadores de cartas, y de cuánta falsedad giraba alrededor de ellas y de ellos, porque allí estuvo hablando alguien del público sobre uno al que fue a ver, y no quieras oír lo que decía de él. A veces me da miedo pero, ¿Cómo puede haber tanta gente dedicada a echar las cartas sin saber?
- Si que es triste, pero eso es como tantas y tantas cosas de las muchas que suceden en esta vida, y que se tratan sin conocimiento alguno. Cuando un país sufre un azote de las características del nuestro, me estoy refiriendo concretamente al paro obrero, nace en el ser humano la necesidad imperiosa de encontrar algo a lo que agarrarse, y una tabla de salvación tan cómoda como engañosa, es comprarse un libro sobre el Tarot; libro por cierto que ya te lo dan con baraja incluida, porque si el obrero tiene necesidad de encontrar trabajo sea el que seas, el empresario no tiene más remedio que buscar mil y un argumentos nuevos para poder seguir adelante. Así y con unos días de exhaustivo auto-aprendizaje de lo más elemental, no a la búsqueda de poder ayudar al prójimo, sino de esos escasos dineros, pero que están siempre reservados para quien mejor nos diga que vamos a mejorar en la salud, que vamos pronto a disponer de un magnífico trabajo, de una fuerte entrada económica, o que ése amor de nuestros sueños nos caerá rendido en los brazos, cuando, precisamente, esas son materias para las que el Sagrado Tarot no sirve.
Se ponga el ser humano como se ponga, y por muchas vestiduras que se rasgue, ésta es una Ciencia Universal, y sólo para lo que te he dicho anteriormente: para aprender, descubrir la Sabiduría, y con ella, ayudar a conseguir un comportamiento ético, y a través de él la más alta evolución del Espíritu. Piensa que una vez conseguido ello hallarás la verdadera Felicidad, y, con su entendimiento, serás la más sana, la más rica y la más amada... porque siendo positiva, todo cuando de bueno hay en el Universo se pegará a ti dándote su mayor protección y jamás abandonándote.
- Sin embargo, hay mucha gente a la que se les oye decir que les aciertan...
- ¡Lógicamente! Eso es lo que dicen, pero no es verdad. Lo cierto es que desgraciadamente son tantos que a algunos les tienen que acertar, como se suele decir, pero, te repito que en el Tarot no se acierta nada porque nada se adivina, y, fíjate que curioso: hasta un reconocido Sabio de la Antigüedad como fuera Platón, ya en uno de sus discursos manifestaba que el Tarot no debía ser considerado como un Arte Adivinatorio. Y es verdad porque la palabra descompuesta lo dice: Ta o Tar, que traducido de la lengua Egipcia quiere decir Camino. Ro o Rot, quiere decir Real. Lo que nos lleva a entender que se trata de un método para ayudarnos a seguir: “El Camino Real de la vida”. También me inclino a que las respuestas de esos a los que se le pregunta si le han acertado, son positivas, es porque temen al ridículo, con lo cual, y en su ignorancia además de absurdo comportamiento, lo único que hacen es caldo de cultivo para el favorecimiento inconsciente y la falsa fama de muchas de esas personas.
- Entonces ¿Quién puede leer las cartas con la seguridad de que te vayan a decir la verdad?
- Sólo aquél que desde su conocimiento y por Amor regale su ayuda, le será llegada la inspiración a la hora de interpretar una lectura del Sagrado Tarot.
- ¿Y cómo saber quién es ésa persona?
- Ese es, sin duda alguna, el aspecto más difícil; de momento cualquiera que no haga jugar en ello ninguna clase de interés, y mucho menos si ese interés está representado por el dinero, aunque sea la voluntad.
Ahora observé tranquila a Leonor que, levantándose, me agradeció cuanto le había dicho, y tomándome por el brazo me llevó de nuevo al saloncito y, entrando donde se encontraban los demás dijo:
- ¡Ea, ya estamos aquí! ¿Os lo he robado mucho tiempo?
- ¡Demasiado! -le dijo Laura cariñosamente.
- Bueno, pues aquí lo tenéis de nuevo, es todo vuestro y perdonadme si he tardado mucho pero ya sabéis que yo soy muy torpe para entender con facilidad algunas cosas; bueno, os dejo que me voy a la cocina a preparar la merienda ¿os parece?
- Sí -contestó Guillermo que era el más cafetero.
- Bien, como dice Leonor, ya estoy aquí y dispuesto a que me contéis algo acerca de eso que habéis estado debatiendo todo este largo rato...
Es que, verás -comenzó Alejandro con cierto titubeo-. Estábamos hablando sobre las dificultades por las que atraviesan algunas familias con muchos hijos, y como María Isabel y yo tenemos dos, nos estamos plateando la posibilidad de recurrir a la Vasectomía, y este es uno de los temas sobre el que hace tiempo teníamos intención de pedirte consejo, al menos como se ve desde tú realidad.
- Muy bien. Pero ese es un tema para el que solamente tú tienes la respuesta, y sabes perfectamente que ello es ir en contra de la Naturaleza en todo sus órdenes.
- Sí, lo sé, pero... no puedes, no sé, aconsejarme, en fin decirme si existe alguna salida para este problema.
- ¡Naturalmente! El único; la abstención si no queréis correr riesgos. Tened en cuenta, y esto metéoslo bien en la cabeza, que los hijos son el vehículo que el Padre utiliza para poder seguir creando su obra, por lo que podría decirse que es Él el que en este caso participa de forma directa en la llegada o no de un nuevo miembro en el que inocular para de su Espíritu y por consiguiente dotarlo de la verdadera personalidad.
- ¡Hombre, tampoco es eso! -exclamó Alejandro.
- Alejandro, lo siento, que no debería, pero, no existe otra manera, ni otra forma, ni otra solución.
- Oye, Jorge -intervino Guillermo-: esa relación, o ese contacto como se le quiera llamar, fue creado por Dios, por el Padre, como a ti te gusta llamarlo.
- Efectivamente, pero sólo y exclusivamente para engendrar, para dar vida a un nuevo ser y así poder perpetuar la especie, pero, esto ya deberías saberlo sobradamente.
- Sí, ¿pero si tenemos un hijo por cada contacto carnal...? -insistió de nuevo Alejandro.
- Os repito que la llegada de un hijo no depende absolutamente de la pareja, tened en cuenta que por medio está Karma y por supuesto la voluntad o necesidad, como queráis llamarle, del Padre; la pareja no es más que, en cierta medida, el medio del que Él se vale para seguir perpetuando su obra.
- Entonces ¿Qué explicación tiene el placer que se recibe en ese acto? -dijo Alejandro.
- ¡Ay, amigos míos! Si alguna vez os paraseis a pensar cuánta inteligencia debe tener el que es la Inteligencia. En fin, la explicación para esto es muy sencilla; es, motivar al hombre y a la mujer a cumplir con el deber sagrado de la continuidad. Si el engendrar un nuevo ser no conllevara ese gozo, con lo materialista que es el ser humano, ya me diréis cuantos hijos nacerían, sobre todo en estos tiempos difíciles: tiempos como estos que cada vez son más duros como bien apuntabais anteriormente. Laura como estudiosa de la Biblia, ya que tanto os apegáis a ella y de la que, por cierto, algunas enseñanzas se pueden sacar, ha debido leer algo de todo esto en ella... ¿verdad, Laura que ya al principio hay algo relacionado con ello?
- Sí, y estaba escuchando e intentando recordar dónde, me parece que en el Génesis, en el libro del Éxodo se habla del castigo de Onán, no recuerdo exactamente que capítulo es, pero en él se dice algo así como que Onán por la tradición fue obligado a casarse con la viuda de su hermano y que como él no quería tener descendencia con ella derramaba su esperma fuera y entonces Dios lo castigó; aunque en honor a una verdad, que considero racional, he de decir que después de leer y estudiar la Biblia como tú me has enseñado, ahora encuentro muchísimas cosas que no me cuadran.
- Bien, pero por el momento ese no es el tema que nos preocupa. Lo verdaderamente importante es que ese caso es considerado como uno de los delitos más graves que el hombre puede cometer contra su Creador, contra el Padre.
- Entonces... -dijo Alejandro cabizbajo y en un leve susurro.
- Entonces, lo único que te queda es cumplir con la Ley y que el Padre decida cuántos hijos bendecirán vuestra casa. ¿Acaso creéis que cuando una casa se ve bendecida con muchos hijos y en cambio otra no recibe ni uno solo es producto de la casualidad o la suerte? Además, y como todo tiene su parte oculta, la de este tema es que si un hombre recurre a alterar su naturaleza por medios extraños, es que reniega de su condición de varón, que está por encima de su condición de hombre, por lo que en futuras encarnaciones sólo le será concedido el reencarnarse en una hembra, o hacerlo en ese hombre que ocupará aquel hogar que jamás se verá bendecido con hijo alguno.
- ¡Caramba! Pues sí que lo tengo cada vez más claro; más me valdría haberme quedado en casa -dijo Alejandro al que se le veía bastante apesadumbrado.
- Ya os he dicho desde siempre que a mayor conocimiento mayor aflicción. No obstante, es bueno, el conocimiento hay que aprovecharlo sin desmayo, y la aflicción al ser comprendida crea felicidad ya que evita el que se siga cayendo en las trampas tontas en las que antes se caía, una veces por propios intereses ególatras, y otras por la comodidad, dejando a nuestra mente tomar decisiones que a la larga lo único que hará será perjudicarnos.
- Total, que de eso nos libramos las mujeres -apuntó María Isabel con cierta aunque nerviosa gracia.
- No exactamente, ya que desde hace mucho tiempo atrás también la mujer está cometiendo un delito en cierta medida semejante, si bien el suyo es de una gravedad muy superior, ya que al interrumpir voluntariamente su preñez, no sólo contraviene la Ley Natural de la perpetuidad de la especie humana, sino que ya lo hace incluso desde la perspectiva del exterminio. “Negarle a una semilla la posibilidad de convertirse en un nuevo fruto es cosa muy grave, pero, negarle a ese fruto la posibilidad de crecer y realizar una posible misión, es algo que sólo de pensar en su repercusión hace que se me ponga el bello de punta. Como sabéis, la vida humana, el cuerpo es el elemento en el que el Padre se apoya para llevar a cabo la Gran Obra del Espíritu. Si un día, como consecuencia de ese egoísmo material que el hombre ha comenzado a entrar en su sangre, no hubiesen hijos en los que poder insuflar el Padre parte de él, no se acabaría el mundo, se acabaría el Padre, Dios y con Él, todo, absolutamente todo”.
Tras esta últimas palabras en las que había quedado reflejado el Apocalípsis desde una perspectiva que nunca se tuvo en cuenta, un frío sepulcral vi que llenaba cada rincón del saloncito, a la par que un sentimiento de hondo pesar hacía presa en los rostros de mis amigos, creándoles gesto y muecas que se explicaban por sí solos.
Pensé quedarme callado hasta que ellos quisieran romper aquel silencio; mientras tanto me entretuve en reflexionar sobre cuántas familias se ven bendecidas con muchos hijos y en cambio otras no tienen la oportunidad de compartir sus vivencias familiares con ninguno. “Qué difícil es hacerle comprender a la gente que todo ello se debe a esa Ley Universal de Causa y Efecto, la Ley de la Causalidad, y que, al parecer, nadie quiere o le interesa entender. Que en el transcurrir de la historia no hay cabida para el azar, para la suerte o para la casualidad porque todo está perfectamente medido y definido, planificado, sujeto a una razón específica de ser. Que todo, absolutamente todo tiene un absoluto porqué. Todo aquello del azar, la suerte, la casualidad, incluso lo accidental, no es más que el producto de la “inteligencia” de unos pocos para aprovecharse de la ignorancia de unos muchos”.
Hace pocos días, en una charla informal surgida tras la celebración de una conferencia, uno de los asistentes manifestó un especial deseo de saber que ocurriría realmente si a ése alguien que le está encomendado el apriete del botón que abriría las puertas de una guerra nuclear, un día recibiera la orden y la cumpliera: ¡La Tierra entera sería destruida -decía con cierta congoja.
Cada uno de los allí presentes, dio su opinión acerca de la casi desaparición del planeta, en la que, por cierto, coincidían todos, incluso uno llegó a decir que una fuerza devastadora no sólo barrería todo tipo de vida a todos los niveles, sino que la misma masa sería presa de una desintegración total y, con su desaparición, el final de todo ese fin del mundo del que tanto se habla y tan poco interesa conocer su profundidad.
“La Tierra no puede ser destruida -dije ante el asombro de algunos-: porque la Tierra como comprenderéis no ha hecho nada malo”; a lo que otro respondió diciendo que eso era evidente ya que la Tierra era una masa natural, pero muerta, y que por eso no podía hacer nada.
Se equivoca -insistí de nuevo-. “La Tierra no es en absoluto una Naturaleza muerta; independientemente de las vidas que alimenta, en todos los órdenes , es un ser vivo, un ser que piensa, o ¿acaso creéis que las mareas como producto de su movimiento son debidas a un capricho, o que se levanta el viento y se echa, o llueve y nieva en un lugar más que en otro de sus mismas carnes, y todo ello, y aun más, deseos de quién? ¿Del hombre? No, amigos míos; el Padre dotó a éste y a todos los planetas de su propia personalidad y capacidad natural cuya infinita inteligencia estamos cansando con nuestros desatinos, con nuestro desamor, y el día menos pensado nos va a dar un susto de muerte por lo que, como comprenderéis no va a hacer falta que ningún hombre apriete botón alguno. No obstante, ella de vez en cuando se despereza, por decirlo de alguna forma, y con sus pequeñas y repito avisadoras sacudidas ya sabéis lo que ocurre; imaginaos el día que se enfade de verdad lo que puede suceder; ¿Podéis imaginar lo que sucedería si un día cualquiera decidiera detenerse en su rotación tan sólo una milésima de segundo? Saldríamos todo desplazados. No la Tierra no permitirá el Padre que el hombre la destruya porque ella es otro de sus muchos hijos; de esos que no le hacen el más mínimo daño absolutamente a nadie; y esos comportamientos Él los mima, diferente será lo que llegado un día hará con gran parte de la humanidad, y eso no quiero ni pensarlo, aunque muchas veces pienso que el Padre no tendrá necesidad de intervenir en la seguridad de que los mismos hombres se harán cargo los unos de los otros; acaso no reflexionáis sobre los tsunamis, los huracanes, etc., etc”.
Una exclamación de sobresalto producida por María Isabel ante la llegada de Leonor que traía como siempre una bandeja con el servicio, hizo que todos y cada uno de nosotros saliéramos de nuestros pensamientos, momento este en el que Guillermo y Laura observé como se miraban, y esa mirada cómplice, como si de una especial comunicación se tratara, me dejó un instante tras el intento de averiguar que significado encerraba.
Leonor sirvió el café y Laura hizo las particiones correspondientes de la tarta que trajera el matrimonio. Tomamos aquella deliciosa merienda sin rozar un sólo punto de lo hablado con anterioridad. Alejandro hacía algún que otro chiste pareciéndome que la idea era descongestionar, relajar en general lo que en tanta tensión se había convertido el ambiente.
Ahora se apreciaba una cierta tranquilidad distendida. Durante el café estuve intentando encontrar la significancia de aquellas miradas cruzadas y enigmáticas de ambos hermanos; no pude hallarlas por lo que decidí...
- Bueno, Guillermo, las cosas que preocupan mientras antes vean la luz, antes salen de la oscuridad, y, ya sabes: en la oscuridad no sólo pesan más sino que luego cuestan en salir porque como no ven, las hacemos tropezar con toda clase de obstáculos por lo que tanta tardanza termina haciendo daño.
Los dos hermanos se quedaron mirándose, ahora de forma directa, sin ocultarlo, pero sobre todo Guillermo, como diciéndose: ¿Cómo sabe que yo tengo algo pendiente acerca de lo hablado? La verdad es que intuía algo por aquella forma de mirarse el uno al otro, pero, mi decisión por Guillermo fue una relativa y de fácil elección; se trataba de uno o de otro, me arriesgué, me incliné por él y, al parecer, acerté ya que nos hizo un buen planteamiento.
- La verdad es que no sé como a estas alturas me sorprendo contigo Jorge, pero es cierto que me gustaría tomar el hilo de lo anterior, y que supieras algo que me ocurrió hace bastante tiempo y que me ha venido a la memoria cuando hemos estado hablando sobre la negación a la propia naturaleza humana, porque el suicidio viene a ser exactamente igual ¿no te parece?
- Evidentemente, todo lo que sea eliminar una existencia por cuenta propia, es un grave delito si bien es verdad que tiene mayor repercusión condenatoria el suicidio, ya que cuando alguien quita la vida a otra persona, contrae un Karma muy importante, pero si una persona se quita la vida a sí misma, ha negado a su espíritu la última oportunidad para evolucionar, era pues, éste un Espíritu estancado en su escala evolutiva, por lo que llegado el momento de la negación absoluta a su posible evolución, éste es ya definitivamente despersonalizado y vuelto a su origen.
- Jorge, un cosa que yo ya no podré hacer en mi vida será correr -dijo Guillermo con cierto tono de tristeza. Correr era otra de mis pasiones; ahora estoy volcado con esta otra como es la Pintura, pero ya ves nunca andaré, así qué cuando me dijeron, pasadas varias operaciones, que no volvería a hacerlo, no pude al menos evitar que durante un momento me pasara por el pensamiento el quitarme de en medio; afortunadamente no lo hice ¿quiere ello decir que estuve a punto de ser despersonalizado?
- Según qué estado actual de evolución se tenga, así podría haber sido, pero por fortuna, como se suele decir, conseguiste quedar la idea sólo en el pensamiento con lo cual y para tu tranquilidad, diríamos que, si bien contrajiste Karma de demérito, también es como si hubieras adquirido al mismo tiempo otro Karma que en este caso se denomina de mérito, o lo que es lo mismo, te hiciste deudor de un castigo a la vez que acreedor de un premio.
- Perdóname, pero esto no lo entiendo.
- El suicidio es el producto de no querer luchar, negarse a vivir, quitarse la vida es lo más cómodo; lo difícil , el trabajo real es vivir la vida que uno mismo se marca con todas sus consecuencias, con todas sus tribulaciones.
- Hasta ahí, el castigo lo entiendo; lo que no entiendo es lo del premio ¿dónde está éste?
- ¡Hombre, échale un poquito de tu imaginación! Al completar el pensamiento, al no haber ejecutado la obra de la idea que pasó por tu mente, no hubo muerte física, y al no haberla tampoco hubo desencarnación, y no habiendo desencarnado tú no puedes ser despersonalizado, por lo que te has concedido una nueva oportunidad para no caer en el estancamiento y poder seguir haciendo evolucionar a tu Espíritu.
- ¿Volverá mi Espíritu a una nueva reencarnación, entonces, después de mi muerte?
- Naturalmente; volverá a tener la oportunidad de seguir evolucionando gracias a un futuro cuerpo que le será concedido, ya que el Karma del pensamiento difiere en valoración bastante con respecto del de la palabra o la obra.
Ahora, una especie de tranquilidad inundaba el ambiente y en las caras se leían leves sonrisas de paz. La cara de Guillermo se notaba con una satisfacción especial; tal vez estaría pensando en la fuerza de voluntad que mostró aquél día, aun a sabiendas de que por aquella debilidad intuía que habría de pagar, pero, creo que por el momento la satisfacción le estaba cubriendo perfectamente su preocupación.
El sonido apagado del timbre de la puerta dejó oír su ronco aviso de que alguien se encontraba al otro lado pidiendo entrar. En ese momento Leonor debía estar cerca de la puerta porque se le oyó decir: ¡No os molestéis que ya voy yo!







   

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