jueves

LA NOVELA VIII



 
Trozos del espejo
 
 
                                                       CAPÍTULO OCTAVO


           Hace un buen rato que vengo observando cómo el sol dibuja de color dorado los perfiles y aristas arquitectónicos de las alturas del hotel Alfonso XIII, y conocido como “Andalucía Palace”, que por cierto fue el nombre que recibió durante la República. Es para mi uno de los hoteles más bonitos que he conocido, directa e indirectamente; la verdad es que no he conocido muchos, pero aun así mantengo lo dicho, y es curioso observar como destaca su figura edificial y armoniosa, de estilo Neomudejar, cuando nos damos cuenta de que está rodeado nada más y nada menos por la hermosura de una Plaza cuyo nombre es: Puerta de Jerez, nombre este tomado de la antigua puerta Almohade existente en la muralla que protegía a Sevilla. La maravillosa planta del Palacio de San Telmo de estilo Barroco, primera que fue del Colegio de la Marina y posterior Seminario, quedando al final regalado al arzobispado por los duques de Montpensier, así como de la extraordinaria y majestuosa Universidad de Sevilla, antigua y primera Fábrica de Tabacos instalada en Europa, y donde tomara cuerpo la famosa Ópera Carmen. Un edificio de estilo Renacentista a la vez que Herreriano. Qué curioso, un hotel de superlujo que fue construido para la exposición Iberoamericana del veintinueve y que costó hacerlo menos de lo que vale cualquiera de los muchos automóviles que hoy pasean a sus distinguidos e ilustres clientes.
Está acunado por la belleza, y es así como la belleza se hace eco en el balancear gracioso de sus palmeras como fieles guardianes naturales, y de la exuberante floración que adornan los perfumados paseos y pequeñas a la vez que alegres glorietas de su entorno.
Sentado en un banco de los jardines de María Cristina, unas palmadas suaves sobre mi hombro, me sacaron de mi atracción, era Alejandro que, en compañía de María Isabel, acudía a la cita en la que habíamos quedado unos días antes, cuando me llamó para decirme que ambos tenían necesidad de hablar conmigo.
Después del saludo acostumbrado, se interesó María Isabel:
- ¿Llevas mucho tiempo esperando?
- No, pero sí llevo aquí un buen rato disfrutando del paisaje urbano y señorial que hace a Sevilla una ciudad de encantamientos.
Diciendo esto, cada uno se sentó a mi lado en silencio. -Cuánto misterio, pensé.
- ¿Y bien, qué es eso que tanto os preocupa? -dije mirando a Alejandro, ya que había sido él el que lo llamara.
- La verdad es que no sé por donde empezar; igual te molestamos para nada. -dijo Alejandro un tanto dubitativo.
- Bueno, tú háblame y dame la oportunidad de ser yo quien decida si puedo o no prestaros mi ayuda.
- Ale, como solía llamar María Isabel a su marido, yo creo que Jorge nos puede ayudar bien y mucho; creo que deberíamos abrirnos a él, sin reservas. -apuntó María Isabel la cual estaba más decidida.
- ¡Conforme! Jorge, ¿Qué opinas tú de las sectas, y si te es posible, qué opinión tienes de ellas?
- En cierta medida, que son perjudiciales para el desarrollo Espiritual de las personas que forman parte de ellas.
- Sin embargo, aseguran aquellas que conocemos, que se sienten feliz.
- Seguro. “Pero eso no es más que el producto del engaño habilidoso, del lavado de cerebro que suelen hacer a las que, ante una necesidad Espiritual, se encuentran débiles e incapaces no sólo de comprender, sino hasta de ver lo que en otro tiempo de su vida sería de una claridad total. El papel de las fuerzas negras, hábilmente enmascaradas, es perfecto en su cometido, cometido que no es otro que apoderarse de la voluntad de individuos que llegaran a convertirse en fanáticos de una teoría real, a la vez que incapaces de captar la ausencia práctica positiva con respecto de esas teorías. El miembro de una secta es incapaz de discernir por propia voluntad; no se da cuenta de que no se le predica con el ejemplo; está despersonalizado, obligado voluntariamente, ha dejado en el trastero a su Yo, y ya no ve más que por los ojos de quien dirige la organización y que dice ser siempre un ser superior, un ser celeste, la reencarnación de Jesucristo o a veces hasta el mismo Dios.
“Las fuerzas negras tienen muchas formas de estar al acecho, y es en esa labor de captación que reciben las vibraciones de su “plato preferido”, los inocentes a la búsqueda de la Espiritualidad, es ahí llegado el momento de atraerlos. Una vez dentro se lo creerán todo; no existirá la duda sobre ese supuesto ser superior que lo sabrá todo, y lo sabrá, porque su voluntad dominará sobre la voluntad del discípulo, o seguidor, aunque no siempre tendrá necesidad de recurrir a ello, ya que en la mayoría de los casos, la incondicional entrega del adepto pondrá en oídos del falso maestro todo lujo de detalles e inquietudes, gracias a los cuales él siempre será conocedor no sólo de los comentarios, sino que conocerá las respuestas antes que las preguntas; de esta forma habilidosa nunca quedará en tela de juicio su alta sabiduría.
“Es curioso como la falsedad es de una medida infinita, tan infinita como los intereses materiales que las mueven y mantienen; cierto es que algunas no piden nada, al menos directamente, sin embargo, hacen jugar las palabras de tal manera que lo están pidiendo todo sin que nadie se dé cuenta; esto es tan cierto como que en el interior de una secta, tanto tienes tanto vales.
“Ciertamente, la cabecera de una secta es ayudar al hombre a encontrar, y poder entrar en el camino Espiritual, pero, si llegado el momento de mentir en interés del fingido maestro o de la supuesta causa: se mentirá sin el menor escrúpulo, sin rechistar; ser consciente de ello, y aceptarlo ciegamente, es haber llegado a ese grado de fanatismo del que será difícil que se pueda salir ya que no dejarán de alimentarlo.”
- ¿Pero es posible que se llegue a esos extremos? -comentó María Isabel sin ocultar cierto asombro.
- María Isabel, es muy sencillo. Te diré que muchos hombres y mujeres, naturalmente, tienen necesidad de algo; están en continua lucha, su búsqueda es incansable por estar hartos de un mundo de mentiras abiertas, de suciedad en el ser y en el estar; así que cuando oyen el ofrecimiento en la noticia de que existe tal o cual persona, en tal o cual grupo, lo buscan con ahínco porque quieren averiguar y experimentar si ello pudiera ser su tabla de salvación, sí será aquello que, durante tanto tiempo, han estado anhelando encontrar.
- ¿De verdad crees que todo esto puede llegar a ser así? -insistió María Isabel.
- No, no lo creo; os lo puedo afirmar con toda rotundidad; es más, no existe un trato por igual hacia muchos de sus miembros, independientemente de lo que ya os he dicho antes, y si en alguna ocasión pudieran oír cuánto se les critica en las altas esferas, estas personas que pusieron tantas esperanzas, se morirían de la pena que ello puede llegar a producirles.
- Con la amargura con que te estás expresando, me da la impresión de que has vivido diferentes experiencias de este tipo, ¿verdad, Jorge? -dijo María Isabel con cierto tono apesadumbrado.
- Tuve que vivirlas y sentirlas en mis carnes para, gracias a esas experiencias, poder ayudar a los demás. Al parecer era parte de mi aprendizaje...
- ¿Y cómo fue que estuviste para después dejarlo?
- Te lo acabo de decir. Posiblemente tenía que experimentar conmigo mismo para, con toda seguridad, ayudar y que ahora a vosotros os sirviera de apoyo y asesoramiento; aunque siempre todo ello quedará bajo vuestro libre albedrío.
El matrimonio quedó sumergido en un profundo silencio a raíz de tan contundente respuesta; algún gesto delataba en ellos que no estaban acostumbrados a tanta y tan directa claridad y seguridad.
- ¿Qué diferencia hay entre una secta y la iglesia Católica? -preguntó ahora Alejandro el cual había estado todo el tiempo como meditabundo.
- En principio, la separación por motivos discordantes: religiosos, políticos, económicos, comportamientos de diversa índole de sus diferentes miembros, y un largo etc., que te haría poner la carne de gallina, como se suele decir. No tenéis más que recordar algunos guiones cinematográficos que, sin lugar a dudas, están basados en la realidad. En cuanto a la enseñanza: La verdad es que no puedo decir que la diferencia sea al ciento por ciento exactamente; son muchas las parcelas que no guardan semejanzas entre una y otras; sobre todo en el sentido de ayudar al conocimiento de Dios en unas, y en el de Jesucristo en otras; ciertamente que la Iglesia Católica habla poco del Padre generalmente, y mucho menos puntualmente; ya sabéis que su base y sostén es sólo la figura de Jesucristo, y de aquí es muy difícil que pase, hasta ahí llegan sus enseñanzas y aun así, confundidas.
- Bueno, pero Jesucristo es Dios; el único hijo de Dios. -apuntó María Isabel.
- Creo recordar que hace tiempo ya dejamos este tema lo suficientemente claro cuando dije que un trozo de pan no es más que un trozo de pan, no obstante, esto no quiere decir que se niegue la figura de Jesucristo, lo único que mantengo es que es una parte importante de Dios, pero sólo una parte. Todo, absolutamente todo cuanto existe en en el Universo es una parte del Padre, y yo os puedo asegurar que para la Iglesia Católica, Jesucristo no es una parte de Dios, porque ya sabéis que para ella es Dios mismo; pero esa figura tan importante, aun sería mucho más hermosa para nuestro conocimiento si nos la presentaran y mostraran como lo que realmente fue: un hombre que se sintió tan Hijo del Padre, hasta el extremo de entregarse en cuerpo y Alma por la Causa Real, y consiguiendo llegar a encontrarse al final de su duro camino de evolución con el más alto grado de nivel Espiritual.
- Entonces... María... -susurró muy quedamente María Isabel, como si se encontrara sola y ajena a todo cuanto la rodeaba.
- Esta, es, no sé si sin quererlo, una buena insinuación. Te estás metiendo de lleno en la boca del lobo. -le dije sonriéndole.
- En cierta medida, parecida es la situación en la que nos encontramos con la figura de María, también cabecera de la Iglesia Católica y la cual, aun en estos tiempos sigue manteniendo que es la Madre de Dios, cuando una reflexión profunda y real nos lleva a la conclusión de que Dios es la Madre de María dado su carácter Supremo y Creador de absolutamente todo. También en este caso y en su torpe afán, no ayudan al conocimiento de la verdad; se oculta la realidad de la figura de María; “la más hermosa y sencilla de todas las mujeres, y que, gracias a su muy alto grado de evolución, fue elegida para, utilizándola como vehículo de pureza, poder engendrar el cuerpo de Jesús, el cual habría de recibir al Espíritu más evolucionado de la época”.
- ¿El Espíritu Santo? -dijo ahora Alejandro a modo de pregunta.
- No. ¡Realmente estáis hecho un lío!
- O nos lo tienen todo liado; perdona amigo Jorge, pero para que sea perfecto: ¿No nace Jesús de la unión de María y el Espíritu Santo?
- No. Jesús nace de una unión Blanca, como fruto del matrimonio entre María y José. “En el proceso infinito de la Creación, el Padre ideó un sistema perfecto para que se perpetuara la especie; no había pues necesidad o razón alguna para crear un sistema especial y diferente para el nacimiento de Jesús. De lo que sí hubo necesidad fue el aprovechar la unión carnal de ambos, considerada por el Padre la más pura, y por consiguiente, la ideal para que de ella naciera el que habría de ser el más alto y grande de sus mensajeros, aunque todo esto, como alguna vez llegaréis a comprender, no deja de ser una teoría más de la misma Iglesia Católica”.
“El seguidor de la iglesia Católica, no debe olvidar nunca que, tanto Jesucristo como María, son las figuras más importantes, pero que el Padre está por encima de absolutamente todo como Cabeza Universal de aquello que se creó, se crea y se creará; de todo ser animado o inanimado, desde una piedra en el monte, la cual nos permitirá ver en un momento determinado cómo de su interior puede brotar una chispa al ser entrechocada con otra piedra, hasta el Espíritu viviendo en el hombre que disfruta de aquello tan hermoso que el Padre le regalara en su día; el don más poderoso conocido: la Voluntad, y con ella la Libertad, el libre albedrío, gracias al cual puede decidir lo que sólo a su juicio le pueda o no interesar”.
Alejandro y María Isabel se habían quedado callados; estaban sin duda en una profunda reflexión, para mi, un tanto nerviosa la de él, porque no sabía más que darle vueltas al cordoncillo de una pequeña grabadora con la que estaba recogiendo todo cuanto se hablaba. El silencio lo quebró María Isabel, que de nuevo insistió:
- Pero, ¿Por qué no nos explican estas cosas, por qué no las dicen como son?
- Bueno, eso tendrías que preguntárselo a la iglesia, pero, qué te van a decir cuando aun continúan enseñando que nuestros primeros padres fueron Adán y Eva, así como un infinito etc. de explicaciones y enseñanzas confusas, como aquella otra de que el mal, el demonio es un ser con cuernos y rabo; ¡Por Dios, a estas alturas...!
“Si meditarais un poco, tan sólo un poco, pero, profundamente, sin prejuicios ni temores, encontraríais multitud de reflexiones que ante ellas, las explicaciones que conocéis no tendrían ni base ni sentido alguno. Si la iglesia enseñara a conocer qué es realmente el Espíritu, habría dado un paso agigantado hacia adelante, en lugar de estar dándolo hacia atrás, sin embargo, no lo harán nunca ya que ella sería la primera perjudicada y a la que se le acabarían los privilegios..., y no quisiera extenderme al respecto.
“Como, sin duda, vosotros sabéis por vuestras prácticas religiosas, existe una especie de diálogo corto en la liturgia eucarística; en uno de ellos, el Celebrante le ofrece a los fieles aquello de: El Señor esté con vosotros, a lo que los fieles corresponden: Y con tu Espíritu. ¿Cómo puede la iglesia Católica tener a sus seguidores en tal grado de ignorancia en una ya plena integración al nuevo siglo? ¿Cómo se le puede decir a una persona, que por demás se la tiene como ministro de la iglesia aquello de: Y con tu Espíritu, cuando el espíritu que porta en el centro de su plexo solar (pecho) es precisamente, Dios, el Padre.
Ciertamente es así. Las razones que asiste a la iglesia para este comportamiento son tan complejas como profundas en razón de ello, pero en eso no voy a entrar, allá cada cual con su forma de deber, poder o querer entenderlo; lo que sí os aseguro es que al igual que vosotros, quien quiera conocer, conocerá. Y es curioso porque veréis. Hace un rato comentó María Isabel algo sobre el Hijo de Dios Único. ¿Cómo se puede mantener y aceptar que Jesucristo es el Único Hijo de Dios, cuando todos, absolutamente todos llevamos en ese centro de nuestro interior un trozo de Él como hijos suyos que somos, y no sólo en este Reino Animal, también en el Vegetal, y por supuesto en el Reino más antiguo: el Reino Mineral?
No es gratificante observar como muchas iglesias relegan a un segundo plano el hablar directamente del Padre. Todas ellas son de una importancia material muy relevante; y ello las lleva a que su ayuda supuestamente de orden Espiritual sea muy flaca, no así la de orden religioso, no obstante, insisto una vez más, no se debe confundir el orden; aunque parezca lo mismo, no lo es. Es cierto que a través de lo religioso se puede llegar a conseguir un alto nivel de Espiritualidad, pero, también esto se consigue sin necesidad de religión alguna, es más, el trabajo real está precisamente en la vida diaria, en la lucha encarnizada contra las fuerzas que por todos los medios intentan sacarte de ese camino hacia Dios: auténtico calvario para el hombre en su evolución”.
- La vida religiosa conventual, ¿es más cómoda? -dijo María Isabel.
- La vida religiosa, yo no quisiera decir que es más cómoda; lo que sí es evidente, es que ella comporta menos compromiso. “ Ella no sufre la avalancha y el ataque continuo de las tentaciones mundanas; y sobre la vida dedicada a la contemplación, la monástica, es como huir de su propia realidad; de acuerdo en que se abandona todo o casi todo, pero, como dice la religión Budista, así no se consigue el Nirvana, ese estado de Gracia Eterna concedido a todo ser de buen comportamiento consistente en el completo aniquilamiento por absorción en el seno de la Divinidad. Para vuestra mayor comprensión, significa que lo verdaderamente importante es vencer a la bestia de la pasión y los bajos deseos en el terrible campo de los deseos materiales y las pasiones”.
- Sin embargo la iglesia es de Dios. -comentó ahora Alejandro.
- Siempre quisimos creer, dadas las enseñanzas, que así pudo haber sido, pero, ya no. “La iglesia de nuestros días es del hombre y sus intereses; podéis observarla detenidamente y veréis cómo cada vez existe menos comunión entre ambos; están consiguiendo con su soberbia velada y, a veces no tan velada, que aquellos que fueron sus seguidores se encuentren cada vez más lejos de ella, encontrándose muchos de ellos, paradójicamente, a su lado por no decir dentro de ella misma”.
- No obstante, todas las iglesias que conocemos grandes y pequeñas tienen por mensaje el: Amarás a Dios sobre todas las cosas. -volvió a decir Alejandro.
- Y es cierto. Lo que ocurre es que ninguna lo hace. Sólo ellas han permitido con sus envidias, avaricias, corrupción y sus peleas internas el nacimiento de las sectas, y es así como el hombre ante la necesidad de algo más profundo y limpio, se ha volcado con lo que se le presentó en un momento crítico de su vida en su pertinaz búsqueda Espiritual.
Entre la iglesia y la secta existen parcelas perfectamente diferenciadas; así y para que os valga de ejemplo e inicio de futuros y fértiles análisis y reflexiones profundamente meditados, mientras que la primera todo su afán es ocultar la verdad, llegando inclusive a falsificarla, la segunda tiene como objetivo descorrer el velo de la Sabiduría, enseñando un camino nuevo para llegar al Padre y no haciéndote creer que el Padre vendrá a ti. Aunque justo es reconocer que no todas las sectas son fiables en este sentido, por lo que encontrar a aquellas que son puras, hoy en día es harto difícil dada la dinámica de intereses que mueve el Universo. El Padre, sólo se deja encontrar de quien verdaderamente lo busca; a Él, hay que ganárselo con un comportamiento ético, pues sólo con el comportamiento moral no es suficiente. Lástima que esas enseñanzas, ni las una ni las otras, te permitan, muchas veces, practicarlas libremente, a menos que consigas liberarte”.
- Sin embargo, la iglesia arrastra a mucha gente. -volvió a insistir.
- Evidentemente. Pero, aún así, eso no es más que el fruto del árbol que no da nada, y pudiera ser que se convierta en la Higuera que relatan los evangelios. “La Iglesia al estar regida por la moral, no ayuda a crear compromisos reales, y esto, paradójicamente, le viene muy bien al pueblo en general, ya que ello le permite interpretarla no sólo según su estado anímico, sino según sus propios intereses; diferente sería que estuviese regida por la ética, cuya enseñanza debiera ser el principal de los pilares sobre los que descansará su doctrina. Recordaréis como os dije en alguna ocasión, que a diferencia de la moral que es del hombre, la ética es intrínseca del Espíritu”.
Hecha esta última aseveración, le dijo Alejandro a su mujer.
- ¿Qué opinas de todo esto?
- La verdad es que estoy un poco confusa, aunque por otro lado bastante contenta, sobre todo porque al menos no he encontrado titubeos en las repuestas, y esto para mi es muy importante. -dicho esto con cierto aire de satisfacción, a su vez, preguntó-: ¿Y a ti que te ha parecido?
- A mi, en realidad, me ha satisfecho bastante; ya te decía yo que para nosotros era muy importante tocar este tema con él.
- Jorge, ¿Suponemos que habrás adivinado ya el motivo de nuestra preocupación? -dijo Alejandro abiertamente.
- En cierta medida he podido captar por vuestro continuo e incontrolado nerviosismo que algún grupo está a vuestra caza, pero que no os acaba de convencer su planteamiento.
- ¡Efectivamente! Y la verdad es que al menos a mi, particularmente, aun me bailan en los oídos, algo de aquello tan bonito que me expusieron. Lo cierto es que es a mi mujer a la que tengo que darle las agracias ya que fue ella la que me convenció para que te llamáramos; y la verdad es, justo reconocerlo, que tengo las cosas más claras aunque me siento un poco triste pues he oído cosas que reconozco, y en las que, a lo mejor por esa comodidad que tú dices, no he querido pensar nunca. -dijo un tanto azorado.
- Me alegro por ti, por vosotros, porque lo cierto es que yo de ahí, sintiéndolo mucho, no podría haber pasado; el resto depende ya de vuestro discernimiento.
- Pensad ahora más tranquilos; tenéis la cinta grabada; volved a escucharla y meditad despacio, y si no lográis hallar una respuesta que os satisfaga plenamente en vuestro interior, pedid ayuda al Padre, Él os la enviará utilizando cualquier medio, pero, recordad siempre una cosa: si captáis la respuesta, actuad sin pensar; no permitid que entre en juego vuestra mente, puede que si le dais paso os llevará a una nueva confusión, y si le es posible mayor aún: “En las cosas del Espíritu hay que actuar sin pensar”. Muchas veces me dicen que, en ocasiones, me repito, pero también son muchas en las que, aun a pesar de ello, hay quien no se entera o no quiere enterarse; a veces la mente muestra escenas tan hermosas...
Ambos asintieron con la cabeza dando su conformidad plena a lo que acababa de decir, y como diciendo que esto último a ellos no les iba a suceder.
María Isabel se levantó y Alejandro y yo hicimos lo mismo. El matrimonio mostró su alegría y agradecimiento por la ayuda que, según ellos, les había prestado, manifestando a continuación el deseo de que nos viéramos de nuevo ya que había, según dieron a entender, otro par de cosas sobre las que también querían mi consejo. Les dije que cuando ellos quisieran, y tras una despedida bastante afectiva, y en cierta medida larga, se separaron de mi tomando el camino de su casa.
Comencé a caminar por el desgastado acerado; volví la cabeza justo en el momento en el que ellos se perdían entre la multitud que en aquella hora punta cruzaba por el amplio paso de peatones, como frontera hermosamente decorada entre los jardines y la plaza; me quedé unos segundos observando los chorros de agua que los surtidores de la fuente parecían quererlos elevar hacia el cielo, más altos que nunca.
Dos palomas batiendo, juguetonas, sus alas blancas se refrescaban en la pequeña pileta que está en uno de los rinconcitos de los jardines; no pude evitarlo y allí estuve un buen rato contemplándolas; las palomas alzaron el vuelo y continué de nuevo la vuelta a mi casa; crucé la hermosa avenida titulada Paseo de Cristóbal Colón, y ya en el puente el sonido alegre de unas campanitas me sacaron de la abstracción en la que me encontraba, no sin cierta contrariedad, observé que se trataba del pequeño semáforo que, instalado a la entrada del puente de San Telmo, avisa al tráfico rodado y tránsito peatonal de que el paso se cierra, y se va a elevar la plancha con el fin de permitir el paso de un soberbio barco mercante, el cual encontrándose en sus proximidades iniciaba la maniobra para salir hacia la bocana del puerto, remolcado por una pequeña nave la cual mostraba disponer de una considerable potencia.
Allí estuve largo rato aguardando a que de nuevo volviera el puente a su estado normal de circulación mixta; entretenido, viendo como surcaba las tranquilas aguas del Guadalquivir aquella impresionante mole, y en cuyo rótulo de popa de podía leer: Amsterdam.
Terminado el paso del buque, y restaurado el tráfico, la masa humana, tanto a pie como motorizada reinició su marcha hacia Dios sabe que destino...
Al entrar en la calle, observé cómo en la puerta del pequeño jardín que da acceso a la comunidad en la que resido, se encontraba mi mujer conversando con una vecina la cual le comentaba con un profundo acento de marcado disgusto, el malestar que reinaba en el seno de la familia, motivado porque su hija que deseaba contraer matrimonio, no había encontrado en la parroquia más que problemas y de los que entre otros hacía destacar, el para los novios el más importante: una negativa rotunda por parte del párroco, a su ferviente deseo de tomar la comunión durante la celebración de su boda.


    

2 comentarios:

  1. Amigo Santiago, me estás poniendo en un compromiso. A Juan le gustan los relatos y además se ha enganchado a tu novela, así que para reyes, si esto sigue así, me ha pedido un portátil jajaja. Saludos. Mari Carmen.

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  2. Yo creo que con que le regales una Tableta sería suficiente, y me alegro que le esté gustando la novela. Un abrazo para ambos, y espero que nos veamos antes de Navidad, si estoy en condiciones de ello,claro.

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