miércoles

LA NOVELA VII



 
Trozos del espejo
 
 
CAPÍTULO SÉPTIMO


           Asomado al balcón contemplo el deambular de la gente; es cierto que es una calle muy comercial, aunque no es menos cierto que en esta hora de la tarde del Viernes debería imperar más la tranquilidad, sobre todo por ser una calle de las que se consideran afortunadas por carecer, desde hace bastante tiempo, de ese siempre molesto tráfico.
Apoyado sobre la baranda, estoy reflexionando. Hoy he almorzado en casa de Leonor, la madre de Laura y Guillermo, que me invitó y no quise negarme ante la petición casi insistente de los tres. Anoche me llamó Laura y me lo dijo; también me dijo que vendría Alejandro con su mujer, al parecer María Isabel tenía deseos de conocerme por lo que aprovechando que yo estaría merendarían con nosotros.
Me pareció oír el timbre de la puerta, por su sonido particularmente raro, abandoné el balcón repleto de sol y pasé al interior; el matrimonio había llegado. Laura y su madre acababan de recoger la mesa mientras que Guillermo en su inseparable silla, pero con una soltura admirable, recibía a los recién llegados.
Las dos mujeres salieron de la cocina y todos en el recibidor comenzamos el ritual acostumbrado de los saludos y las presentaciones; ellos ya se conocían por lo que sólo quedaba yo como encuentro extra. Alejandro me saludó y me presentó a su mujer; yo me presenté sin ayuda de ninguno y a continuación Leonor pidió que nos sentáramos, para después de disculparse, dijo que nos quedáramos en el salón mientras ella terminaba, que enseguida estaría con nosotros pues sólo iba a traer el café de la sobremesa.
Durante el tiempo que se estuvo tomando el café, la charla se hizo tan amena como, en cierta medida, intrascendente; los temas saltaban de uno a otro como el abanico que se abre mostrando en cada una de sus varillas un color diferente. Estábamos muy relajados, excepto Alejandro y María Isabel a los que se les notaba bastante inquietos; ello me lo confirmó el que después de haber hablado con Guillermo -según me dijo Laura-, venían con la idea fija de compartir algo de las experiencias que, según ellos, estaban viviendo.
Estaba tomando el último sorbo de aquel aromático y delicioso té, cuando por encima de la taza pude observar esa mirada furtiva de María Isabel a Laura, y que ésta, correspondiendo con un gesto apenas imperceptible, delataba cierto deseo o inquietud por romper el hielo de un tema más directo e importante para ella.
Sin ánimo de mostrar dote alguna de videncia y dirigiéndome a María Isabel, le pregunté abiertamente: -¿Qué es eso que tanto te preocupa?
- ¿A mi? -respondió preguntando sorprendida-, y añadió: ¿Cómo sabes que me preocupa algo?
- A todos nos preocupan cosas, y ello es un error pues no debemos permitir que esto suceda -le dije sonriendo para que se tranquilizara.
- ¿Y cómo puedo evitar la preocupación?
- Sencillamente ocupándote de eso que más tarde puede llegar a preocuparte.
- ¡Venga! Pregúntale directamente, háblale de lo que te preocupa, no le des más vueltas, con toda confianza -apuntó Guillermo-, además, si no tiene respuesta no te va a decir absolutamente nada, Jorge no habla por hablar, de eso estoy seguro.
- Es que, bueno, el caso es que sueño mucho con la muerte, -dijo por fin María Isabel desviando un poco la mirada.
- ¿Cuánto es mucho para ti?
- Desde primeros de año no hay semana que no sueñe al menos un día, y siempre días diferentes; necesito saber el por qué de ese sueño tan continuado que me hace estar preocupada.
- Ahora te estás ocupando de ello, por lo que creo que hasta que no acabes el trabajo y tengas un resultado no deberías de preocuparte ¿no te parece?
- ¡Dios te oiga! -dijo María Isabel sin que le abandonara un cierto rictus de preocupación.
- Él, siempre oye, lo que ocurre es que estamos tan ocupados con otras tareas que a la hora de llamarlo lo hacemos normalmente con poquitas fuerzas.
- ¿Podrías decirme algo acerca de ello?
- Vamos a intentarlo. “El ensueño, es como encontrarse en una dimensión desconocida donde no existe el tiempo y aun menos el espacio. Es tan antiguo como la cultura, y desde aquellos lejanos tiempos la ciencia del hombre ha ido recogiendo experiencias extrasensoriales de toda índole, gracias a las que se ha estado adaptando de forma flexible con cada tipo de manifestación.
“Bien, dicho esto, tienes que tener en cuenta un análisis exhaustivo y de forma programada en un periodo de quince a veinte días, en los cuales se repetirá el ensueño dos o tres veces; si no varia esa estadística que llevas. Esto es importante dado que el ensueño está siempre bajo la influencia del estado de salud que disfrute tu organismo en ese momento. Es esencial, el considerar si el régimen de comida es bueno; si es regular, y si también es regular el horario que se aplica siempre al tiempo de descanso. Esto y la posición que se adopta para dormir, son preceptos fundamentales para saber a qué puede ser debido un ensueño, principalmente, desagradable, llegando hasta el grado de pesadilla.
“Un catarro o una gripe, puede producir afección de garganta, y ello hará que se pueda tener un ensueño en el que aparezcan imágenes de estrangulación, ahogo o pérdida física de la cabeza.  
“Por motivaciones similares, como puede ser una alteración del sistema nervioso o digestivo debido a la pesadez de una comida, podrían producirse escenas de alejamiento, estancamiento etc.
“También es muy importante que hagas jugar en todo el factor que se refiere a si estás teniendo alguna obsesión desde hace tiempo, ya sea de índole: familiar, social y hasta laboral”.
- Yo... -quiso decir algo María Isabel, pero con un dedo puesto en los labios le di a entender que no dijera nada.
“Una vez tenidos en cuenta todos estos aspectos o elementos de juicio, te diré qué puede significar. No me dirás nada, únicamente y después de orientarte por la necesidad que te oprime, podrás discernir por eliminación y de esta forma, y un poquito de ayuda llegarás a interpretar tú misma ese ensueño.
“La muerte para los ocultistas, siempre ha sido el símbolo del cambio. Ahora bien, si como se te aparece la muerte, es que eres tú, la que está enterrada, puede significar: prisión o confinamiento. Si es que te ves en una cama y amortajada, ello puede interpretarse como que estás pendiente, aunque no lo sepas, de realizar un viaje de placer. Esto último podría resultar raro pero no lo es. Si a quien ves muerta es a una persona que no está contigo, podría ser significativo de que disfrutarás de magnífica salud. También debes intentar recordar, si es que no lo sabes ya, el tiempo de descanso en el que se te produce el ensueño, y si es en color o lo aprecias en blanco y negro”.
Tras unos largos minutos de silencio en el que todos, pareció, nos pusimos de acuerdo para darle tiempo de asimilar cuando había oído, habló Alejandro dirigiéndose a su mujer.
- ¿Qué te ha parecido? ¿estás más tranquila ahora?
- Sí, mucho más tranquila; igual cuando llegue a casa comience a encontrarle pegas, pues es mucho tiempo el que llevo ya con esto, y no creo que me lo pueda quitar con facilidad, no obstante, en principio, y ahora mismo estoy bastante contenta.
- Jorge, no sabes cuánto te agradezco el que me hayas ayudado en este que, para mi, se estaba convirtiendo en un problema. Gracias.
Laura, haciendo un inciso, dijo dirigiéndose a María Isabel:
- Si ya has encontrado una solución que te ha dejado satisfecha, lo que tienes que hacer es procurar olvidar, no vaya a ser que permitas volver a dejar entrar tu mente y te juegue, como siempre, una de sus malas pasadas.
- Quien tiene que darse las gracias eres tú, -le dije a maría Isabel, y le añadí: si no te hubieras enfrentado al problema, siempre habrías vivido con esa preocupación; y bien, por hoy basta de sueños y ensueños.
- Una pregunta solamente Jorge. Yo en ocasiones he soñado las imágenes en color, ¿esto puede ser? -me preguntó Laura.
- Es evidente que sí, ya que si dices que lo has visto así, así será. Disculpa la broma pero, naturalmente que puede ser. “De esta forma es cómo, a lo largo de la historia, los estudiosos fueron recogiendo las experiencias de los momentos vividos por sus semejantes dentro de los sueños y más tarde relatados, pudiendo de esta manera ir realizando una estadística”.
- Es que Guillermo no se lo cree.
- Ese es problema suyo. Lo importante es que lo que tú digas sea la verdad, y eso sólo lo sabes tú; ahora bien, que los demás se lo crean o no, ese, repito, es problema de los demás.
- Pero... ¿cuándo alguien no te cree? -insistió-.
- Te repito que eso es problema de ése alguien. Para ti, lo único que has de tener siempre en cuenta es que sea verdad. Mirad, y me dirijo a todos vosotros. “La diferencia entre la verdad y la mentira, es que la verdad no necesita defensas. La verdad se dice, y punto; mientras que la mentira hay que apoyarla con un sin fin de explicaciones; lo que demuestra que lo que se está haciendo es como apuntalar una casa que no tiene buenos cimientos, o al menos está levantada sobre un terreno pantanoso. A veces, también ocurre que cuando una respuesta no nos gusta pedimos todo tipo de explicaciones con el sólo fin de no tener que molestarnos en pensar un poco, en trabajar sobre ella; la queremos lo más cómoda posible. También hay quien pretende, ante la verdad, entrar en discusión, cuando la verdad se podrá aceptar o no, pero lo que no se puede hacer de ninguna de las maneras, es ponerla en tela de juicio, y mucho menos entrar a discutirla. En cuanto a que el ensueño, en ocasiones, se produce en color, o en color lo recordamos, es debido a que este se ha producido en horas cercanas al despertar”.
- Pero... si yo digo: -insistió Guillermo- que esto es verdad, y ya no discuto, ¡así cualquiera!
- Evidentemente. Lo malo es que tu sabes que no es verdad, que estás engañando deliberadamente, y que, en consecuencia, tú eres el primer engañado, lo cual es mucho más triste aún.
Aparte de eso, pasado un tiempo, las circunstancias querrán volver a aquel momento, por razones que no entendemos o a veces no nos interesa entender, y como quiera que, si bien la verdad es siempre la misma, pero la mentira no, al hablar nuevamente sobre aquello y no recordar exactamente lo que se dijo la vez anterior, se dará otra versión; llegado será el momento en que nos daremos cuenta de cómo hemos hecho el más tonto y a la vez, más doloroso de los ridículos.
Laura asintió con la cabeza, mientras que agitando nerviosamente una mano decía: -Jorge, ¿por qué me levanto algunas mañanas tan cansada?
- Esta pregunta es muy fácil de contestar -le dije sin poder evitar hacer una graciosa broma que los demás corearon inocentemente-. Bien, o te has acostado muy tarde tras venir, por ejemplo, de una juerga; o relacionándolo con los ensueños, es porque posiblemente hayas tenido uno en el que hubieras desarrollado un trabajo que requiriera un esfuerzo físico. También podría ser que hubieras librado una batalla contra qué o contra quien sabe...
- Me acordaría ¿no?
- No necesariamente. No todos los ensueños se recuerdan; y además son muchos los casos en los que tampoco se pone empeño en recordarlo, y ello es porque pudieran resultarnos desagradables, o porque pudieran hacer sufrir, por lo que en esos casos corren un velo en calidad de ayuda.
- ¿Quién lo hace, si tú dices que nadie nos puede ayudar? -volvió a decir Laura.
- No, lo que yo digo es que nadie influencia en nuestras decisiones, y eso convendrás conmigo en que es distinto.
- Entonces ¿quién nos ayuda corriendo ese velo? -quiso saber ahora María Isabel que llevaba mucho rato en silencio.
- Nuestro Ángel de la guarda. Sí, no poned esas caritas. Eso es lo que nos decían cuando pequeños, ¿no? Pero él es el producto que un día fabricaron las energías blancas que creamos cada uno de nosotros con aquel buen comportamiento que tuvimos para con nuestros semejantes.
- Jorge, ¿Una persona que practique la meditación puede concentrarse en un deseo y verlo realizado en un ensueño? -preguntó Guillermo.
- Pudiera ser; pero esta no es la finalidad de la meditación o el Yoga; te querrás referir a la concentración directamente sobre ese deseo. Entonces sí, aunque no siempre, ya que dependerá de la calidad o características del mismo. De todas maneras es el mejor camino. La concentración hay que entenderla como una facultad ha desarrollar sobre cada una de las actuaciones de nuestra vida. Ningún trabajo al que nos enfrentemos tendrá éxito si no nos concentramos plenamente en él.
-¿Qué es exactamente la meditación? -insistió de nuevo Guillermo.
“La meditación es una ciencia oculta y universal, una tradición que se remonta a muchos miles de años anteriores a nuestra civilización; me atrevería a decir, que es la práctica más difícil a la que se pueda enfrentar el ser humano a lo largo de su existencia. Tened en cuenta que se apoya, principalmente, en la liberación, por un tiempo, de ese conjunto de pensamientos al que llamamos mente, y de todo aquello a que nos obligan los sentidos. Permitir que entren en nosotros las ideas del Universo, en lugar de manipular una y otra vez las nuestras con su carga de errores; encontrar, si es que lo deseamos respuestas a: ¿quienes somos, qué hacemos aquí, de dónde venimos o a dónde vamos? En definitiva, esas eternas preguntas de las que tanto se habla pero, de las que nadie o casi nadie quiere, realmente, respuestas”.
- Entonces, ¿qué tendría que hacer para meditar?
- Bien, en principio hay que dejar muy clara una cuestión, y es la siguiente: “Al ser un ejercicio interior de relajación, cuya preparación lleva a la contemplación. La meditación yo no os la puedo enseñar, cómo tampoco podría enseñaros a dormir, aun que si os puedo ayudar en su aprendizaje. El más acogedor de todos sería vuestro cuarto, pero, por muy confortable que este sea, a la hora de dormir, el sueño es muy posible que no llegara. A la meditación, le ocurre exactamente igual; no existen técnicas reales ni para lo uno ni para lo otro; ambos han de producirse por sí mismos, no obstante, ante el deseo firme de su consecución, y con la ayuda debida, no dudo que ambos se puedan producir si lo deseamos con toda la fuerza de nuestra voluntad.
“Cuando nos encontremos realmente predispuestos y dispongamos de un cuarto en el que no seremos molestados durante el tiempo que nos encontremos en meditación, comenzaremos a crear un ambiente agradable; para ello quemaremos un poco de incienso cada mañana después del aseo del cuarto y que habremos de realizar nosotros mismos ya que no podemos exponernos a que nadie, con posibles vibraciones negativas, en mayor o menor valoración, enturbie o contamine el lugar. Se dispondrá de una imagen (aunque esto no es siempre necesario), que nos inspire realmente espiritualidad. Tendrá por misión el que nos concentremos en ella. Sentados ante la cual haremos cada día el tiempo de meditación; a medida que trascurran las sesiones la imagen dejará de ser necesaria. La meditación deberemos realizarla siempre a la misma hora, preferentemente al amanecer por ser este un tiempo en el que la mente aun no ha luchado con todas las intrigas y agitaciones del día, encontrándose limpia, o lo que sería como decir que se encuentra un tanto adormecida aún, con lo cual nos ofrece ciertas facilidades para ser trabajada.
“Al principio, notaremos cómo al comienzo de cada meditación, el conjunto de pensamientos saltará de uno en otro recuerdo sin control alguno; ello será síntoma evidente de que al darse cuenta de lo que pretendemos, se revolverá contra nosotros furiosamente, ofreciendo una resistencia sorprendente muy difícil de sujetar; no debemos violentar el aquietarla, y lo conseguiremos gracias a que nos será de mucha ayuda la realización cada día y a la misma hora; de esta manera y con una fidelidad en su ejecución conseguiremos que se vaya amoldando.
“La situación en la que debemos sentarnos debe estar orientada hacia el Este ya que ello nos aportará el favor de vibraciones positivas. También al hacerlo, nuestra mirada, desde la imaginación, debe estar dirigida siempre hacia el mismo punto que no cambiaremos nunca, al menos hasta haber adquirido la experiencia suficiente. El más beneficioso, por lo que él representa, es el centro de la imagen, a la altura de su plexo solar, ya que éste es el centro del pecho y en él, el sentimiento espiritualizado.
“La mente, al principio, no deberá ser forzada para amoldarla; ella sola se irá adaptando; esto es importante, y por eso os lo repito. Los primeros siete días, estaremos quince minutos, más tarde iremos ampliando paulatinamente ese tiempo, hasta conseguir el que deseemos en razón de nuestras propias inquietudes o necesidades. Si en los comienzos el ejercicio se realizará con los ojos cerrados, con el transcurrir de la práctica, llegaremos a meditar sin necesidad de cerrarlos.
Acababa de dar la última explicación, cuando fui requerido por María Isabel y Laura que en voz de la primera preguntaron. - Dos personas como Laura y yo ¿podríamos hacer juntas la meditación?
- Podría ser, pero no es aconsejable ya que en un plazo no muy lejano, es posible que una sin quererlo entorpeciera a la otra; es mucho mejor que cada una lo haga por separado, o al menos hasta poseer una práctica lo suficientemente avanzada como para que ambas, mediante la voluntad, podáis conseguir estar en la misma vibración. Si conseguís con el paso de unos meses un alto grado de concentración, os podréis enviar mensajes telepáticos; ya sabéis que es sólo cuestión de poneros en la misma frecuencia, aunque siempre condicionadas a que tengáis una mente tan emisora como receptora, no obstante, ello también se puede trabajar.
- ¿La práctica del Yoga está relacionada con todo esto? -insistió de nuevo Guillermo.
- Naturalmente. No se puede llegar al Yoga sin una total calma mental; gracias a esa paz en el conjunto de pensamientos se llega a conseguir lo que el Yoga tiene por finalidad, y esta es abrir de par en par las puertas de nuestra conciencia al Padre. Haciendo esto se vive mucho mejor nuestra conciencia interior y desde ésta al mundo exterior.
“Llegar a un estado de total paz mental no quiere decir en absoluto que se carezca de pensamiento; su significancia estriba en que pensamientos u ondas mentales los hagamos estar al margen del verdadero ser que sentimos vivir en nuestro interior y cuya paz real le permite aceptar o rechazar aquello que considera verdadero o falso.
“Cuando esto se consigue, y no suele ser antes de muchos meses de práctica regular estricta, es que hemos conseguido limpiar el camino donde las fuerzas de la Naturaleza inferior, mental y física estuvieron asentadas. Sólo y exclusivamente cuando el mental y el cuerpo de Luz estén en plena armonía, llegado será el momento de que puedan hacer juntos el verdadero camino”.
- O sea, ¿qué todo está basado en la mente? -volvió a decir Guillermo.
- Guillermo, en lo que está basado todo es en nuestra voluntad, pues si no hay voluntad de nada serviría la más insignificante de las cosas, y todas están relacionadas con algunos de nuestros sentidos.
“Imaginaos al cerebro humano como el motor de un automóvil; ese motor ha sido creado para desarrollar un potencial gracias al cual nos desplazaremos en un sentido o en otro. Ese potencial es la mente, sin embargo, ni motor ni potencial nos servirían si nuestra voluntad como palanca de cambios no la hacemos actuar. De nuestra voluntad va a depender: si damos marcha hacia adelante, marcha hacia atrás, o la dejamos en punto muerto con lo que caeremos en el ya recordado, anteriormente, punto del estancamiento.
“Todos desprendemos una energía en calidad de vibración que se expande a nuestro alrededor; los que la proyectan de forma positiva, van llenando el Universo de felicidad; los que proyectan energías negativas no sólo son rechazados o marginados, sino que además captan en ellos el poder de algo así como una esponja maligna que intenta absorber las energías blancas de los demás. Cada ser humano, en función de si tiene la mente a su servicio o por el contrario está, por comodidad, al servicio de ella, será el que realmente fabrique su mundo, un mundo de felicidad o infelicidad, según sea de virtud o de vicio, de placer o de dolor.
“La Voluntad proporciona Sabiduría y esta a su vez Inteligencia; juntas nos llevarán a la paz de la mente; ésta a su vez permitirá la concentración; mediante ella la meditación; y con la meditación el éxtasis del Yoga, gracias al cual, el Padre estará de pleno con nosotros, y aunque este proceso no condonará nuestra deuda Kármica, si nos ayudará, mediante la felicidad y el conocimiento, a poder llevarla con la más absoluta resignación”.
Después de esta exposición y el resumen final, todos estaban pensativos. Laura, María Isabel tenían la vista perdida en diferentes direcciones; Guillermo movía repetidamente la cabeza de arriba abajo, y Alejandro me miraba fijamente por lo que intenté descifrar que pasaba por su cabeza en aquel momento, pero no pude; desistí de ello pensando que, aunque se hallaba sorprendido, ya que todo este tiempo estuvo muy pendiente de las respuestas, al final le saldría aquello que llevaba dentro. Fue a decir algo, pero se calló al oír a Leonor que decía traer la merienda. Laura se levantó y ayudó a la madre que portaba una bandeja con el servicio.
- Laura, por favor, sobre la mesa de la cocina hay una bandejita con dulces; tráetela.
Laura obedeció y se perdió por el pasillo; al poco tiempo apareció con la bandeja que depositó sobre la mesita del centro del salón. Alejandro intentaba disimular pero, inquieto en el sillón no dejaba de mirarme a ratos; parecía como si quisiera descubrir algo; como si tuviera necesidad de preguntar y viviera la preocupación de que se le pasara la oportunidad de hacerlo.
Leonor se sentó a mi lado y, sirviéndome el té, me ofreció un dulce. Todos merendamos, al tiempo que el matrimonio centraba la charla con Leonor que les recordaba a ambos cuando Alejandro era un crío. Ello ayudó a que todos se relajaran.
Al terminar la merienda, Leonor se fue a levantar para recoger el servicio como era la costumbre; la tomé por el brazo y le pedí que lo dejara y se quedara un rato con nosotros; ella miró a los demás y no dijo nada; se volvió a sentar y mirándome se sonrió, ahora miró a sus hijos, recibiendo de cada uno de ellos una dulce sonrisa.
Se produjo un cortísimo espacio de tiempo silencioso que yo mismo rompí dirigiéndome a Alejandro el cual se había vuelto un poco tenso y al que cogí por sorpresa cuando le pregunté:
- Tú querías preguntar algo ¿verdad Alejandro?
- Sí, -dijo resueltamente-, y continuo: ¿Quién es Dios, o el Padre como tú le llamas?
La pregunta saltó; ninguno se inmutó apenas, como si previamente la hubieran tenido preparada. Por el contrario Leonor que era la primera vez que estaba tan directamente con nosotros, se quedó con la boca abierta, sin poder articular palabra o movimiento facial alguno. Nunca he conseguido entender por qué cuando se tocan parcelas del tema, este siempre se endurece cuando se habla del Padre tan directamente, -pensé.
- ¿Qué quién es Dios? Ya me parecía a mi que tú estabas ahí preparando algo así, -le dije tan resuelta como distendidamente.
- Sobre Dios, no hay que preguntarse quién es, sino ¡¿qué es?!
“Bien, no voy a entrar en lo que los ocultistas conocen como el Tetragrámaton. Esta definición viene del griego Tettares (cuatro) y gramma (letra), y hace especial referencia a las cuatro letras que en hebreo componen y a su vez expresan el concepto y nombre de Dios, por lo que no voy a entrar en términos esotéricos profundos sobre vibraciones, energías, fuerzas, etc., por consiguiente os diré qué es Dios de la forma más elemental que pueda, aunque es posible que por lo elemental de la definición no podáis enteraros. Podría deciros que Dios es lo que vosotros queráis que sea, ya que su historia diaria es la que Él vive cada día, y en cada momento, en cada uno de vosotros. Lo lleváis en el interior.
Él, es el todo, absolutamente el todo, y fuera de él no existe nada, absolutamente nada, por lo que una respuesta simple, sin complicaciones, sería decir, aparte de lo que ya os he dicho, que Él, es lo Absoluto. Ahora quedáis vosotros, y en especial tú, Alejandro y tu poder de discernimiento.
- Pero, ¡es un misterio! -apuntó Alejandro.
- ¡Lógicamente! Es por Naturaleza el Gran Misterio de los misterios. El trabajo del hombre sobre el plano Físico, es conseguir estar espiritualmente tan alto que podamos llegar un día a verle y sentirlo realmente.
- ¿También puede ser un misterio por lo de la Trinidad? -insistió de nuevo, ahora mirando también a los demás.
- No, simplemente por lo que te he dicho, y por su configuración. “Él, es el Padre Único que construyó el Universo a su Voluntad; lo ordenó con su Sabiduría y lo esparció a todo su rededor con su Inteligencia.
Sin Él, nada de lo que fue hecho se podría haber hecho; nada de lo que se hace se haría, ni nada de lo que se hará se podrá hacer. También podríais recordar la famosa frase de Teresa de Ávila: “sólo Dios me basta”, y que un mundo que podía haber entendido algo más de ella, no quiso de ninguna manera entender”.
- Pero, entonces, eso que dice la iglesia de que Dios es Amor, ¿eso cómo es? -dijo ahora Leonor queriendo saber y sorprendiéndolos a todos.
- Naturalmente que es Amor, y Bondad, y Misericordia; podría repetirte toda una letanía de las cosas que es, de todo lo conocido, pero recordarás que hace un momento acabo de decir que Él es, absolutamente todo.
- ¡Perdóname, Jorge! Pero, es que entonces no entiendo muy bien esto: ¿qué es el Amor? -insistió Leonor argumentando que de pasada y con anterioridad había oído algo acerca de ello.
- Leonor, el Amor es la absoluta renuncia del ego; la absoluta entrega orientada hacia las cosas de Dios, hacia las cosas del Padre.
- ¡Cumplir los Diez Mandamientos! ¿es eso lo que quieres decir?
- Por decirlo de alguna manera, vale así, pero, fíjate que curioso y cómo se repite la simplicidad de Dios respecto de luego lo enrevesado que el hombre lo hace todo. Con que cumplamos el primer Mandamiento, al cien por cien, ya es suficiente, observad que sobran los demás: “Amarás a Dios sobre todas las cosas”. Cuando se ama a Dios sobre todas las cosas, ya no se vuelve a hacer el más mínimo de los daños, ¿por qué? sencillamente, porque el resto está fuera del contexto”. Son muchas las cosas que el hombre se ha inventado...
- Claro, esto es lo que dice la iglesia que es lo mismo, -apuntó de nuevo Leonor-. Mientras, los demás seguían callados como queriendo darle la oportunidad plena ya que ella no había estado nunca presente.
- No exactamente. “Las iglesias, es cierto que la bandera que enarbolan es ese mensaje, por lo que todas están, desde ese mensaje, apoyadas en el Amor a Dios, pero, las iglesias son del hombre y no toda la gente de las iglesias son de Dios. Ten en cuenta que todos conforman las iglesias bajo sus propios intereses y que no en todos los casos son los intereses de Dios, sino los intereses de los hombres aunque hay excepciones manifiestas de muy buenas intenciones espirituales, pero no todas, y tampoco basta con las intenciones”.
- De todas formas, las cosas que estamos hablando son cosas de Dios, no de las iglesias que han ido, desde tiempo inmemorial, levantando el hombre, -le dije poniendo cierto énfasis en mis palabras.
- Entonces... ¿Jesucristo no es Dios? ¿No es el único Hijo de Dios? -preguntaba de nuevo Leonor a la que se le veía un tanto alarmada.
- ¡Qué os gusta complicaros la vida! -dije intentando tranquilizar no sólo a Leonor, sino también al matrimonio, aunque me parecía que tanto a Guillermo como a Laura, el comentario no les había hecho mucha mella.
"Jesucristo es Dios, visto como símbolo desde el prisma religioso, pero no desde el prisma Espiritual; es una parte de Él, como ser humano con un altísimo grado de evolución espiritual. La figura de Jesucristo os puedo garantizar que es más hermosa aún de como la presenta la iglesia ya que fue un hombre que, por Amor al Padre, se entregó hasta morir por demostrar su existencia. Nadie, absoluta y categóricamente nadie, puede llegar a conseguir ser exactamente igual que Dios. Una parte de un todo, nunca puede llegar a ser el todo; como un trozo de pan, nunca podrá ser un pan. Podrá tener en su interior una parte de su Naturaleza Divina pero sólo eso, una parte.
“Aun no se ha descubierto como es Dios, por consiguiente no se puede saber quién o qué puede ser Dios en la tierra. Como tampoco se le puede llamar Hijo Único de Dios, porque tú, vosotros también sois hijos de Dios. Todo, absolutamente todo cuanto existe en el Universo: desde la gran Galaxia, hasta la más insignificante de las piedrecillas de un camino, pasando por el ser más avanzado, todos son hijos de Dios, y cada uno con una misión que cumplir donde quiera que se encuentre”. Pero os agradecería que dejáramos los temas de las iglesias para que los resuelvan ellas, ¿no os parece? No confundáis nunca Religiosidad con Espiritualidad. Os repito, una vez más, que la Espiritualidad se identifica sólo y exclusivamente con el Padre, mientras que la Religiosidad, es tan sólo intrínseca de los hombres y sus intereses, aunque qué duda cabe de que a través de ella, algunos, también puedan llegar a la Espiritualidad.
Hubo un largo silencio no sin ausencia de cierto grado de incomodidad. Cada uno por su lado estaba inmerso en sus propias deliberaciones y deducciones ante la dureza de lo que acaban de escuchar. Quise respetar aquellas reflexiones individualizadas por lo que me dediqué a contemplarlos uno por uno, eran mundos completamente distintos aun estando en el mismo Universo.
Guillermo hizo un intento de decir algo, pero prefirió seguir en silencio; Laura se irguió en su asiento exhalando un largo suspiro que me hizo sonreír, y colocándose las manos entrelazadas detrás de la cabeza fue a decir algo pero Guillermo decidido se le adelantó preguntándome:
- Jorge, lees mucho ¿verdad?
- Pues si te digo la verdad, algo nato en mi, y no deseo que toméis esto como una presunción, no, algo sí, que duda cabe pero, no en el sentido que quieres creer.
- ¿Entonces...?
- Entonces, nada; prefiero no hacerlo, prefiero meditar y sobre mis dudas, que son muchas, reflexionar; dejar que entren en mi las respuestas del Universo a mis preguntas cuando se las hago a él. Posiblemente si leyera mucho te daría respuestas que no serían las mías, y tal vez incorrectas o por qué no, erróneas.
Después de esta última aclaración, sugirió Laura:
- Por mi, y por hoy, creo que ya tengo bastante; ¡buena conversación tendré esta noche con la almohada!
- ¡A mi me ha dejado de piedra! -dijo María Isabel que continuó-: creo que tengo tema para estar entretenida durante un buen tiempo.
Guillermo y Leonor no dijeron nada, sólo sonreían nerviosamente; por el contrario, Alejandro si dijo:
- ¿Te importaría hablarnos de ello en otro momento? Verás, es que lo necesito.
- En absoluto -dije apreciándole una real necesidad. -De todas maneras, creo que sería muy interesante que a muchas de estas preguntas intentarais encontrarle vosotros mismos una respuesta. Haced un poco de meditación, y veréis cómo sin mucha dificultad, alguien en vuestro interior os hablará, y si se resiste, pedidle ayuda. Él está ahí, pero pedidla con fuerzas, con convencimiento, y veréis sorprendidos como llega la ayuda en forma de conocimiento, pues el Padre, aunque no os lo parezca, nunca jamás abandona a los hijos que lo llaman; y si alguna vez se le llama y no viene, nunca dudéis de Él, ni tampoco de lo que os he dicho, pensad en que tendrá sus razones, razones, por otra parte, estoy seguro que vosotros también, al final, entenderéis.
- Leonor, ¿Tú serías capaz de negarte ante la llamada de tu hija?
- ¡Hijo, por Dios! En absoluto. -dijo poniéndose una mano sobre el pecho.
- Pues imaginaos si tenemos un comportamiento correcto que se ajuste a esos mandamientos que tú apuntabas antes, lo que el Padre puede hacer por cada uno de nosotros.
Ese pensamiento se fundió con el sonido de las campanas del reloj de salón; miré hacia él y comenté dirigiéndome a todos:
- Las ocho y media, he de marcharme...
Nos levantamos, y una vez en pie, Alejandro, Laura y Leonor se colocaron a mi lado mientras María Isabel se inclinaba sobre Guillermo y le decía algo al oído; observé como él le asentía con la cabeza, y ambos se unieron también a nosotros.
Me despedí de ellos como de costumbre y me dirigí hacia la puerta; en esta ocasión, fue Leonor la que se adelantó, y tomándome por un brazo me dijo quedamente-: ¡Yo te acompaño!
Alejandro, avanzando unos pasos hasta donde yo me encontraba me tendió la mano diciéndome: -¿Podríamos vernos otro día? Es que me gustaría preguntarte sobre un tema bastante personal.
- Cuando tú quieras, y si te es más cómodo o no puedes esperar, me llamas; Laura te puede decir el número de mi teléfono.
Leonor me abrió la puerta y con su eterna sonrisa me dijo: hasta otro día, y que sea pronto. Cuando ya me encontraba bajo el dintel y a punto de salir le oí decir muy bajito: ¡Gracias!
Salí al rellano y tomé la escalera; cuando di la vuelta salvando el recodo que esta forma, oí que se cerraba la puerta. Gané la calle y una vez más me dirigí hacia la parada.
Ya de vuelta y con los ojos cerrados como tantas veces, iba desgranando la tarde pasada; de pronto, sin poder evitarlo, comencé a escuchar la conversación que mantenían aquellos dos viajeros que estaban a mi lado. Me sentía tan cansado que no podía abrir los ojos, por lo que dado lo interesante del tema preferí seguir en la misma postura.
“La vida, no es más que la consecuencia del Amor a Dios”. -Decía uno que por la voz me pareció mayor.
“¡Y la muerte! ¿Podría decirse entonces que es la consecuencia de la ignorancia del hombre?” -Ahora interpelaba el otro, el cual, por su voz, me quiso parecer más joven, o al menos de menor edad ya que ambos debían tener aproximadamente setenta años.
"En lo que se refiere a su interpretación, naturalmente. El tiempo es el único elemento valioso que, de perderse, jamás se puede recuperar. Y eso es, precisamente, lo que le está ocurriendo a la humanidad, y sobre todo a la juventud. Por infinidad de medios, en todos los órdenes y a todos los niveles, les está llegando continuamente el mensaje de que ese tiempo se acaba, y con él, inexorablemente las viejas formas de pensar, las viejas formas de actuar, las viejas creencias. Aun recuerdo cuando no hace mucho tiempo, ya que como tu sabes fui maestro en el colegio de Los Salesianos en Triana, se me dio la oportunidad de corregir a un par de zagales, que el bueno de Antonio Álvarez, ya murió el pobre, se quejaba a la dirección en el sentido de que no había manera de hacer carrera con ellos. Cuando me los enviaron a mi clase, con aquellas pintas y aquella forma de hablar que, por cierto yo apenas entendía, me traían a mal traer porque me tenían a toda la clase alborotada con sus ideas de la música, la libertad, y yo que sé cuántas cosas más. Y todas ellas bajo unas nuevas modas sobre las que me temía me echaran a perder al resto, como así estuvo a punto de pasar. Un buen día se me ocurrió la idea de traer a un amigo psicólogo, que a su vez es Salesiano nuevo. No sé si te acordarás de él. Fermín, sí hombre, estuvo con nosotros en una excursión que hicimos a Portugal; raro porque tenía unas buenas barbas, ¿te acuerdas? Bien pues como te decía: lo invité, y tras haberle puesto al corriente de lo que yo pretendía...¡chico! Aquello fue mano de santo. Le dio una charla a toda la clase pero, con una llamada especial a los dos, que ahí los tienes: uno acabando su máster para la Magistratura, y el otro con un vivir cómodo, gracias a la academia que formó tras haber terminado Empresariales. Y en cambio ahora los dos, metidos en Cáritas hasta las cejas ayudando a todo aquél que lo necesita.
-Yo seguía con los ojos cerrados aunque sonriendo.
“Cada año que pasa es uno menos de los que quedan después de esta nueva Era amigo Manuel, y aunque, salvo esas excepciones, seguimos igual. Siguen mandando los valores de siempre; sigue predominando la moral sobre la ética, en definitiva el hombre sin compromiso serio; apegado a la materia como única, firme y segura tabla de salvación.
“La llegada de la nueva Era, como tú la llamas, no hay que entenderla como una época apocalíptica; no habrá destrucción, lo que sí nos entrará por la ventana del conocimiento será un poco de aire fresco que renueve al que durante tanto tiempo hemos mantenido y convivido con él. Habrá que aprender: que sólo y exclusivamente venimos de Dios, y que hemos de vivir para Él. Que sin Él, no somos nada, y que cuando en nuestra evolución hayamos conseguido alcanzar una más alta cota, no caigamos de nuevo en la trampa de que lo conseguido fue sólo gracias a nosotros mismos, aunque esto , en cierta medida, sea dicho entre comillas. Esa soberbia será la que empuje una vez más al hombre haciéndole perder el equilibrio, y dejándolo caer desde la altura de su empobrecido conocimiento.
“Vivir para Dios, nos permitirá hacer nacer en nosotros esos nuevos e importantes conceptos: El dela vida como consecuencia -ahora sí- del Amor a Dios, y el de la muerte, como consecuencia -ya no- de la ignorancia del hombre.
“El concepto de la vida, es permitir vivir a todo aquél que desee hacerlo, y para conocer dónde se encuentra el comienzo de esa vida, basta saber que aquello que tratamos ya es una semilla y ella es vida. La Humanidad debe tomar conciencia absoluta de que no sólo comete delito el que acaba con una vida de más o menos tiempo, en un estado o en otro, sino que también aquél que no le concedió a su semilla la oportunidad de poder cumplir con la misión que le fuera encomendada, y para la que en su momento fuera creada, o tal vez habría de ser así...
“Debemos estar, sin reservas, dispuestos para Dios; ofreciéndole a nuestros hijos para que en ellos anide la vida real y se pueda, felizmente, producir una nueva encarnación del Espíritu en la materia y con ella, el reciclaje gracias al cual, Dios da armonía y equilibrio a la vida infinita llenándola de su Justicia.
“El concepto de la muerte, es conocer y comprender su no existencia. No es que se produce la muerte y el espíritu vuela hacia la morada de Dios, no, eso no es muerte, es desencarnación. Es el cuerpo el que deja de servir, deja de existir cuando el espíritu una vez cumplida la misión que traía, se desencarnó de él y volvió a aquellos planos cuya Naturaleza es diferente a todas las demás.
“Si en esta hora final, el Alma está llena de Amor a Dios, que son en realidad nuestros actos positivos, el hombre caerá en la dulzura de sus brazos. De no ser así, habrá de sufrir la aplicación de la ley.
“Amar la vida es recibir con alegría una encarnación. Amar la muerte, es aceptar sin amarguras una desencarnación, pues sólo amándola será como demos viva prueba de que tuvimos un comportamiento excelente para con nosotros y para con los demás”.
- ¡Eh! Oiga, que hemos llegado al final; se había Vd. quedado dormido ¿no? -me dijo el conductor del autobús tomándome por uno de los hombros.
- ¿Dormido? No, en absoluto; venía escuchando a estos caballeros...-dije un tanto sorprendido al darme cuenta de que me encontraba solo con el conductor, el cual me dijo:
- ¡Disculpe, señor! Pero los dos caballeros que estaban sentados a su lado ya se apearon hace cinco o seis paradas...



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