martes

LA NOVELA VI



Trozos del espejo
 
 
                                                              CAPÍTULO SEXTO


             Esta mañana he salido a la calle muy temprano. Triana, al igual que Sevilla están radiantes; el estallido primaveral del aroma, la luz y el color están bañando sus calles, sus plazas, su ambiente. Estos primeros días de la Primavera hacen que uno se sienta un hombre nuevo; con unas nuevas ganas de vivir pues no en vano con esta época del año nace la vida, y con la vida la esperanza, la oportunidad para algo mejor, pero siempre si es que lo queremos así.
El cielo está de un Azul luminoso, y yo me siento feliz. La gente está vestida de fiesta, de una fiesta que ninguna otra podrá igualar porque el Domingo es algo singular entre todos y cada uno de los días del año.
Unos buscarán la palabra, a veces, reconfortante de una homilía litúrgica, otros buscarán ese paseo por el parque en el cual las palabras quedarán relegadas a un segundo plano, cuando enfrentados se crucen sus miradas, otros buscarán la paz y el sosiego de un maravilloso día de campo, los menos o quizás los más buscarán la playa como anticipo refresco de los próximos y encendidos calores del Verano que ya comienza ha hacerse sentir.
A esta hora, voy caminando por la calle San Jacinto de mi Triana natal, y lo hago pensando en qué nuevas inquietudes invadirán hoy el corazón de los dos hermanos, Guillermo y Laura. Ella, tras un esfuerzo poco menos que titánico ha conseguido que su hermano acceda a salir a la calle. Hace mucho que, debido a estar prisionero de esa silla de ruedas que le tiene encadenado, Guillermo no pasea por su ciudad. Hoy saldrá, Laura le pidió hacerlo argumentándole que yo estaría con ellos.
Verdaderamente me llené de satisfacción cuando anoche, por teléfono, me contó el desarrollo de la conversación, y de lo contenta que estaba la madre con lo que estaba ocurriendo; con estos pensamientos llegué al lugar de la cita, y ya estaban allí.
- Buenos y sonrientes días, -saludé a los dos hermanos.
- ¡Buen día nos dé Dios! Y nunca mejor dicho, -contestó Guillermo sin abandonar la sonrisa a la que yo había hecho alusión.
- ¡Hola, ¿cómo estás? -correspondió Laura, y en la que pude observar que radiaba la felicidad.
- Muy bien, y vosotros también; no hay más que veros las caritas de contento que tenéis.
- Estamos bien, muy bien, y ahora felices de estar aquí, en la calle y los tres juntos, -volvió a decir Laura.
- ¿Hace mucho que habéis llegado? -les pregunté.
- No, estábamos dando la vuelta a la esquina cuando te hemos visto venir; eres muy puntual.
- Es que ha de ser así; cuando se dice a una hora, es esa hora, ni antes ni después, no obstante, siempre será mejor antes que dar lugar a que te tengan que llamar la atención. Bien, ¿dónde vamos, o por dónde comenzamos si es que tenéis algún plan previsto?
- A mi me es igual, por dónde queráis vosotros, -dijo Guillermo removiéndose en la silla con cierta impaciencia.
- Yo tenía programado un gran paseo -dijo Laura-, y añadió, al fin y al cabo no tenemos ninguna prisa.
- Pues a ver ese programa.
- ¿Qué os parece irnos hasta San Pedro, luego callejeando nos vamos a los jardines de Murillo para por la calle San Fernando llegar a los de María Cristina, y desde allí por la avenida nos venimos hasta casa? -ofreció Laura dibujando en su rostro un gesto del que me pareció desprenderse que no estaba muy segura de que aceptáramos tan largo paseo.
- A mi me parece estupendo por dos razones, una porque hace muchos años que no voy por esos lares, y otra porque ya me diréis, yo voy en el carro, ¿a ver quién se cansa?
- A mi me parece bien el recorrido, además tenemos para descansar en cada uno de esos lugares.
- Pues entonces, no se hable más y en marcha -dijo Laura colocándose detrás del hermano y tomando los manguitos de la silla que le servirían para ir llevándolo-.
Nos pusimos en camino, alegres y dispuestos a disfrutar de aquella soleada mañana que se presentó tan llena de luz, como presuntuosa de llenar de Amor nuestros corazones, ¡y por el santo de mi nombre! que lo iba consiguiendo. Guillermo se maravillaba de los diferentes cambios que se encontraba a cada momento. Laura se sonreía, y cariñosamente le llamaba pueblerino, a lo que él, valientemente correspondía diciéndole lo tonto que fue al no querer salir antes con la cantidad de veces que ella se lo había propuesto. Laura, dirigiéndose al hermano le dijo:
- Guillermo, ¿tú no querías preguntarle a Jorge sobre lo que estuvimos hablando la otra tarde acerca de las leyes del Karma?
- Sí, verás, es que después de hablar contigo aquella noche por teléfono, Laura vino a casa al día siguiente, como te dije, estuvimos hablando casi toda la tarde pero se nos planteó el tema, y como tú dijiste que lo dejarías para más adelante, pensamos que hoy nos lo podías aclarar.
- ¡Conforme! Aprovecharemos el paseo, ¿qué es lo que queréis saber?
- ¡Uf! Muchas cosas -dijo Guillermo haciendo un gesto que me resultó hartamente gracioso.
- Todas las que nos puedas decir y así sacarnos de nuestras dudas -remachó Laura, ahora copiando el gesto del hermano.
- Os estáis metiendo en un terreno tan delicioso como resbaladizo, -les dije a los dos moviendo la cabeza.
- ¿Por qué dices eso? -insistió Laura.
- Porque debéis de tener muy claro que este es realmente el tema, y que a mayor conocimiento de él mayor aflicción tendréis. Tened en cuenta que, cuando se incurre en una falta de forma inconsciente, no es tan grave la pena como cuando se comete conscientemente. ¿aun así, y bajo esta premisa, queréis de verdad seguir conociendo? -les dije mostrándome un tanto circunspecto.
- ¡Por favor! -dijo ahora Guillermo-. Seguro que no te vamos a defraudar.
- Pues vamos a ello, será que tiene que ser así.
- “Las leyes de Karma son principales en el contexto de las leyes Universales. Son para nosotros, las leyes de Causa y Efecto, por lo que ningún acto: correcto o incorrecto realizado en una vida, desaparecerá como causa sin haber tenido su correspondiente efecto, ya que cualquier vida no es más que el resultado de toda una serie de causas y efectos.”
- ¿Podrías ponernos un ejemplo sobre una Causa y su posterior Efecto? -pidió Guillermo.
- Sí, y mejor os pongo dos; escuchad: “Lo que sembréis y cuidéis será lo que recojáis; Si sembráis las semilla de una rosa, la flor que obtendréis siempre será una rosa, pero, si sembráis la semilla del odio, aquél corazón donde la pusisteis no amará jamás.
“Un trastorno determinado se puede presentar en distintos individuos, pero, cada uno lo manifestará según el grado de su causa, y todas son siempre diferentes.
“Cada individuo recoge en una vida el fruto de lo que sembró en el pasado, y cuando me refiero al pasado no hablo de ayer, que también pudiera ser, sino que me remonto a una o varias vidas pasadas, a reencarnaciones anteriores.
“El ser humano nace libre de ataduras, espiritualmente, por ello será que, mediante ese libre albedrío, él se incline por hacer el bien o el mal, comenzando por él mismo.
“Toda acción tendrá su carácter retributivo, sea positiva o negativa; sólo y exclusivamente va a depender de nosotros como únicos autores, directores e interpretes de nuestra vida y obra”.
- Jorge, ¿el Karma lo sufre toda la humanidad? -dijo Laura que se había metido de lleno en el tema.
- Absolutamente toda. “Desde los orígenes, unos han creado más, otros menos, pero todos tienen o tuvieron algo. En nuestro actual tiempo y planeta sólo los nuevos se podrían librar y poder evolucionar rápidamente, pero lo dudo; a estos, afortunadamente, les ha tocado caminar por una dinámica provista de otro tipo de inteligencia más avanzado; aun así, girar con una rueda que yendo como va, cada vez más en decadencia: ¡ya me diréis!”
- ¿El Karma es siempre individual o también existe uno colectivo? Te hago esta pregunta, porque conozco casos de personas que sufren solas, y algunos que otros que lo sufren familias enteras, -inquirió de nuevo Laura.
- Sí, y fíjate que en algunos casos hasta pueblos y naciones enteras sufren un padecimiento general; y no cito a ninguna de las muchas existentes, porque, sin duda, sabréis en cuales de ellas estamos pensando; ¿no es cierto? Pueblos enteros viviendo una época de calamidades, y que no son precisamente producto de la mala suerte ni, por supuesto, de la casualidad o el azar.
“El Karma se entiende mucho mejor cuando el ser humano acepta que es parte importante del Universo, y que sólo a él y a su Naturaleza debe responder como unidad de conciencia que es.
“Cuando el espectro kármico es muy extenso, todos los que han de estar bajo su influjo serán reunidos en grupos y ocuparán para ello el mismo lugar.
"Cuando la Ley Kármica se está aplicando individual o colectivamente, por mucho que desde fuera se intente prestar ayuda, esta no llegará en el grado que se desea, sino en el grado en que se encuentre y si antes no ha aparecido el efecto de aquella causa que produjo en ellos tan situación.”
- ¿Las enfermedades psíquicas, físicas, etc., pueden ser de origen kármico? -preguntó ahora Guillermo, en el que observé una extraña mirada.
- Muchas enfermedades y dolencias, catástrofes individuales o colectivas etc., pueden estar sujetas a Karma o a las conocidas imprudencias del hombre. “Tened en cuenta que en ocasiones, el hecho de que un individuo se encuentre aquejado o dañado, significa que le están dando la oportunidad de conseguir un cambio de actitud mental, gracias al cual el Espíritu pueda evolucionar. No obstante, una causa sólo desaparecerá por completo con la llegada de su efecto correspondiente, no otro, aquello que conocéis y que coloquialmente reza: “En la misma medida que se hace, en la misma medida se paga”, aunque comprenderéis que esta sentencia o axioma, no está del todo completa por hablarse en ella sólo de la parte negativa; también cuando en la medida que se hace es positiva, se cobra; en este caso la ley aplicada será la Ley de Darma”.
- También es justo que te diga para tu tranquilidad, que quien lleva su Karma, en calidad de dolencia, sufrimiento etc., con resignación y gracia, colabora de forma muy importante a ir haciéndola decrecer, y más aún si consigue transmitirlo. Vivir entendiéndolo, es vivir más feliz, y eso ya es síntoma de decrecimiento en cualquier padecer.
“Sólo entendiendo y aceptando que las leyes universales son de un equilibrio perfecto para conseguir en el Plano Material, precisamente, ese equilibrio, podremos dar respuestas a las eternas preguntas sobre: ¿Por qué unos no están mejor que otros, están más sanos, son más ricos, viven mejor, son más altos, más guapos, son hombres, son mujeres, etc., etc., aun a pesar de ser buenas personas en la vida actual?
“Ciertamente, no siempre las leyes son entendidas, pero, siempre deberemos ser comprensivos con ellas si aceptamos de buen grado a aquél por quien fueron hechas. De todas formas las leyes siempre se verán desde dos perspectivas, aunque en nuestro fuero interno reconozcamos una y otra vez que sólo tiene una; la ley es perfecta y no presenta ningún problema de aceptación, y la segunda es cuando la vemos desde fuera hacia dentro, o sea que ahora nos ataña a nosotros directamente, en ese caso la ley no será perfecta, y además presentará tantos problemas que al final la haremos inaceptable”.
- ¿Existe alguna causa que se distinga de las demás para crear Karma? -apuntó de nuevo Guillermo.
- En todas las culturas y sociedades pasadas y presentes, el egoísmo se distinguió sobremanera; fue siempre tan rápido que sobrepasó y aun sigue, desgraciadamente, sobrepasando al ser humano.
“Ser altamente inocuos, puros en nuestros pensamientos, palabras y obras, puede hacer posible que no broten en nosotros, personalmente, los efectos como tales, de aquellas causas que nos aguardan mucho o poco tiempo atrás”.
Ambos hermanos escuchaban pacientemente mis explicaciones; los veía entusiasmados aunque de vez en cuando movían la cabeza en todas direcciones; las dudas creadas por sus mentes hacían presa en ellos pero, seguíamos adelante, y con este pensamiento, me di cuenta que después de mucho callejear entrábamos en los hermosos jardines de Murillo; en ese momento y ante la visión confortable de un banco de ladrillo muy limpio, Guillermo se dirigió a su hermana y luego a mi.
- ¿Estás cansada, Laura?
- No mucho, pero aquí me siento y no me muevo en media hora, -dijo riéndose.
- ¿Y tú, Jorge?
- La verdad es que no, pero como tu hermana me va a invitar a sentarme, aprovecharé la ocasión.
Y así, sentados cerca de la fuente central, erigida en homenaje a Colón, continuamos con el tema.
- ¿Cómo estáis viendo de claro esta Ley Kármica? Cómo veréis todo es muy sencillo.
- Yo la estoy asimilando bastante bien, -se adelantó Guillermo asintiendo con la cabeza.
- ¿Y tú, Laura?
- Yo, también, muy bien, aunque tengo que madurar algunos detalles que se me quedan a medio camino.
- ¿Cómo cuales? -le pregunté ante las dudas que, al parecer, la frenaban.
- Prefiero, después de lo que me has dejado claro, intentar meditar sobre ello; luego, en todo caso, te expondría mi reflexión con el fin de que me dijeras si voy mejor. De todas formas se hace muy cuesta arriba; es todo muy complejo.
- ¡Perfecto! Y es verdad que es muy difícil, aunque no imposible digerir todo esto casi a la primera vez que hablamos de ello, sin embargo, fijaos en una cosa: “Desde que todo fuera creado, los planetas llevan un recorrido perfectamente ajustado a un proyecto, desde entonces en sus órbitas, y no todos pueden verlo y mucho menos entenderlo, las células en nuestro cuerpo material, viven y se desarrollan como si de un pequeño Universo se tratara; en ese mismo cuerpo, la sangre fluye por las arterias; mirad que hasta la tierra nos ofrece la posibilidad de imaginar sobre y bajo ella, un proceso de crecimiento en reinos diferentes al nuestro, y todo de acuerdo con unas leyes que no entendemos, o que a veces, según nos convenga o no nos convenga, querremos entender”.
- ¿Puede haber gente que esté enferma espiritualmente? -dijo Laura entornando los ojos; cómo siendo coherente con ella misma de que la pregunta era un tanto comprometida.
- ¡Desde luego que con algunas preguntas apuntáis bien alto, eh! -le dije sonriendo.
- En principio he de deciros que la frase: estar enfermo espiritualmente, no deja de ser una metáfora; en ese sentido, ello se refiere al estado anímico, pero, desde un prisma material. Sentada la base, claro que sí; los más, y entre ellos los materialistas a todos los niveles; ellos con esa persistencia de aferrarse únicamente a los bienes terrenales están abonando a ritmos forzados la llegada de un doloroso Karma. Deberá quedaros perfectamente claro que todo aquello que espiritualmente pueda perjudicarnos, “si no lo abonamos con Amor lo abonaremos con dolor”.
Tras este último y, comprendo, duro comentario ambos hermanos se quedaron bastante tiempo pensativos como intentando digerir lo que acababa de decirles. Y no puedo evitar en mantenerme en ello porque es muy cierto que todo aquello que no se hace por Amor se hará por dolor...
- Jorge, ¿las iglesias tienen que ver algo en esta forma de pensar? -dijo Guillermo.
“¡Evidentemente! Lo que ocurre con ellas, y generalizo, es que cada una se manifiesta según sus propios intereses. De todas formas os diré que en lo que al ser humano se refiere, en estas cuestiones sí acude a la iglesia, pero, sólo para encontrar el favor, y un significado al dolor y al sufrimiento que han entrado en su vida. Presumo que cuando estéis preparados esta pregunta se la haréis a ella directamente; estoy seguro que su respuesta os sorprenderá.
“En cuanto la iglesia reciba una pregunta directa a este respecto, su carácter cerrado, desde siempre, le hará decir únicamente que es la “Voluntad de Dios”. Nada más lejos de la verdad, ya que demostrado está, que Dios hace al hombre libre, como os he dicho anteriormente, y será él y su libre albedrío, el único responsable de que mediante una causa haya de recibir tarde o temprano el correspondiente efecto”.
- ¡Discúlpame, Jorge! Antes se me quedó algo no muy claro que ahora he conseguido poner en pie: ¿el carácter positivo o negativo de una acción actual, compensa o anula el efecto de una causa anterior, me he explicado? -dijo Laura un tanto nerviosa.
- ¡Perfectamente! “Bien, una acción negativa, como causa actual, tendrá inexorablemente su efecto posteriormente; lo que se desconoce es cuándo. Una acción positiva, como causa actual, no compensa un efecto por venir; Tanto una como otra juegan papeles diferentes y no hay relación entre las dos, pero, con la excepción de que la acción positiva crea felicidad, por lo que no cabe la menor duda que llenar nuestra Alma de actos nobles es nuestro trabajo, y gracias a ese comportamiento haremos evolucionar el Espíritu”.
- Entonces, ¿dónde está el equilibrio? -insistió Laura, aduciendo que ello le hacía entrar en un mar de dudas.
“Precisamente ahí, en ese equilibrio. Nada ni nadie puede escapar a la Justicia Divina, para bien o para mal”.
- Pero... yo tengo entendido que Dios es Amor -el que insistió ahora fue Guillermo haciendo un gesto con las manos.
“Y lo es, naturalmente que lo es. Lo que tenéis que ver con absoluta claridad, es que como Amor que es, también es Bondad infinita, cosa que Él ejerce de forma continuada, pero además es Misericordia, y Piedad, y Gracia, todos los etcéteras que encontréis o queráis sumarle, pero, como comprenderéis, porque además estoy seguro de que lo sabéis muy bien, también es Justicia, y si no hubiera Justicia no habría equilibrio. Hay que estar continuamente dando Amor, sin tan siquiera pensar en recibir algo a cambio”.
Con estas últimas palabras me levanté diciendo: ¿Vamos a la búsqueda de una nueva etapa?
- ¡Vamos! -contestaron los hermanos uno tras otro.
Comenzamos a caminar entre palmeras que nos envolvían como el vuelo de aquellas palomas blancas que hoy se habían alejado del Parque de María Luisa más que de costumbre. El sol estaba ya en todo lo alto y las campanas anunciadoras del Ángelus, hacían muy poquito que se habían dejado de oír en una torre cercana.
Guillermo volvía a extrañarse del cambio que observaba al mirar hacia el Prado de San Sebastián; le aclaré que lo habían convertido en aparcamientos municipales; hizo un comentario entre dientes que no pude oír claramente, pero que, sin duda, me imaginé, y seguimos paseando.
Entrábamos en la ancha acera de la bella calle San Fernando, ahora y en este día, despoblada de todo tipo de estudiantes, cuando Laura mirando hacia la Universidad dijo:
- Jorge, he estado dándole vueltas, un poco tontas, ya lo sé, a una cosa que ahora la veo como muy simple; y estoy de acuerdo contigo completamente. Tengo hoy la oportunidad de hacerlo y, debo hacerlo; he de estar dando continuamente Amor a mis semejantes aunque este no sea correspondido, y es más: aunque ello, entiendo, no me liberará del Karma que pueda arrastrar, pero, que me ayudará a ser más feliz, y con ello evito cometer actos que puedan dar lugar a que sobre mi persona recaigan algunos de los efectos que estarán esperando una oportunidad.
No pude evitar que este comentario me llenara de satisfacción; no quiero pensar en que me llenara de un orgullo de defecto porque sería crearme un Karma por la debilidad vanidosa de mi comportamiento, no obstante, me dio muchísima alegría, porque así demostraba haber sabido captar lo que mis torpes palabras quisieron expresar.
- ¡Muy bien! Perfectamente Laura; me alegra mucho que lo hayas entendido; te puedes apuntar un diez, -le dije con sana aquiescencia, sonriente y convencido.
- Pero, ¿que ocurre cuando alguien te trata mal, aun a pesar de haberte comportado lo mejor que has podido? -dijo ahora Laura mirándome muy fija, como dudando.
“Sí, desgraciadamente esto suele suceder muy a menudo, pero, no debemos darle mayor importancia, aunque la tenga; tú sigue tratando bien a ese semejante y no te preocupes de lo que hacen los demás; de eso, te garantizo que quienes deben preocuparse son los demás, ya que por lo que hagan en ese sentido tendrán que rendir cuentas con sus efectos ante sus propias causas; a ti, sólo te concierne lo que hagas tú que es de lo que tienes que responder”.
- Pero, ¿por qué tengo que pagar yo? -dijo un tanto enfadada.
- Porque, posiblemente, ese sea alguno de los efectos que siempre están esperando, y ante el primer desliz, aunque sea tan sólo de pensamiento: ¡zas! Ahí lo tienes.
- De acuerdo, conforme. Y cuando sin venir a cuento, pienso yo, o sin razón alguna, aparentemente, me intentan hacer daño, ¿también debo aguantarme? -insistió.
- Entonces, más que nunca, y te lo voy a explicar, aunque a estas alturas ya deberías tenerlo bastante claro: “Si una persona te ofende, y recuerda el dicho: “no ofende quien quiere sino quien puede”, no le repliques, nunca, porque las fuerzas negras utilizan todo tipo de medios para hacer daño. No replicar significa indiferencia, y la indiferencia duele más que si te ensalzaras en la pelea. Ante ese posible ataque, nuestra indiferencia será como una pared, y el daño u ofensa será como una pelota que, lanzada, rebotará en esa pared y regresará al lugar desde donde fue lanzada”.
- ¡Escuchad! Os voy a contar parte de una historia que escribí hace mucho tiempo, gracias a la meditación y posterior reflexión; ella será el mejor ejemplo a seguir dada las características que encierra.
“Imaginaos que la persona que os lanza ese, llamémosle ataque, significa que pone en un campo de batalla a un caballero negro, sobre un caballo negro, provisto de una maza, y con la orden de descargar un golpe. Si correspondéis de la misma manera, no sólo estaréis a su misma altura, con lo que ello conlleva de negativo, sino que al entrar en la pelea quedaríais destrozados, que es lo que el atacante persigue, y por consiguiente os llenaríais de infelicidad.
“Bien. Si por el contrario, atendiendo la recomendación, actuáis con indiferencia, aquél caballero negro, recorrerá todo el campo de batalla, y al no encontrar a nadie, volverá grupas y descargará el golpe sobre la persona que lo creara, por lo que queda meridianamente claro que él tiene que descargar su golpe.
“Habréis observado en alguna ocasión a la persona que no es correspondida después de haber lanzado el ataque, cómo el sufrimiento de su propia soberbia, la ha ido comiendo por dentro, llenándola de la más absoluta infelicidad”.
- ¡Es verdad! Yo he podido comprobarlo; yo me he dado cuenta de ello, -dijo Laura, en cuyos ojos se veía cierto contento al tomar conciencia de que iba comprendiéndolo todo.
- Ahora me explico yo algunas cosas de las que me han pasado con algún vecino, -dijo Guillermo muy serio a la vez que se le notaba convencido.
Habíamos llegado a los jardines de María Cristina, y nos sentamos en un banco de forja sevillana, alejado del bullicio que, alegremente, producían los niños jugando en el pequeño parque infantil allí existente.
Se nos acercó una gitana; llevaba un niño, un churumbel como ellos llaman a sus críos, a horcajadas sobre su cintura; cuando estuvo junto a nosotros, le pidió a Laura que le comprara un clavel (ciertamente no teníamos pinta de turistas). Guillermo buscó en uno de sus bolsillos y sacando unas monedas, seleccionó una y se la dio a la mujer. Tomó la flor y se la ofreció a su hermana la cual, visiblemente emocionada, no pudo evitar el que esa actitud fuera observada.
Le estaba comentando a Guillermo sobre los problemas sufridos por la fuente que existe en la Puerta de Jerez, de cómo la quitaron y la volvieron a colocar de nuevo en el mismo lugar, a consecuencia de la instalación del futuro Metropolitano de Sevilla, cuando Laura levantándose repentinamente dijo: - Guillermo, ¿a qué no sabes quién viene hacía aquí? Creo que no te lo puedes imaginar...
- ¿Quién? -preguntó Guillermo un poco alterado y al que le cogía de espalda. - El nerviosismos que se le notó al salir de su casa, al parecer, no lo había abandonado durante el tiempo que llevábamos paseando.
- ¡Alejandro, el marido de María Isabel!
Guillermo, sin hacer el más mínimo intento de volverse le preguntó a una Laura que se le notaba inquieta: -¿Trae un libro en la mano? Sí, -afirmó ella.
- Entonces es que se ha venido a leer un rato a los jardines; ya me lo comentó en una ocasión, cuando estuvo en casa a visitarme: “Siempre que hace buen tiempo me voy allí a leer un rato”. -me dijo.
- ¡Buenos días! -saludó Alejandro al llegar donde estábamos sentados.
Todos correspondimos al saludo, y Laura tomando la iniciativa me presentó al recién llegado.
- Jorge, te voy a presentar a Alejandro, es un buen amigo nuestro y de la familia, pues éstas se han tratado desde hace muchos años.
- Y muy bien por cierto, -apuntó Guillermo saludándolo efusivamente.
Nos estrechamos las manos, al tiempo que Laura continuaba con su pequeño protocolo: -Alejandro, éste es Jorge, un amigo nuevo que nos ha caído de no se sabe dónde, -dijo ruborizándose al darse cuenta de la expresión utilizada.
- ¡Caramba! Pues eso sí que es una novedad, ¿aunque supongo que eso no será exactamente así, que algo más sabréis?
- ¡Pues no! No sabemos mucho más, ni tampoco nos ha preocupado; únicamente sabemos que se llama Jorge, que vive en Triana, y que lo conocemos desde hace tan sólo unos meses. Lo que sí te puedo decir es que ha sido una bendita causalidad, -esto último lo dijo Laura en la que observé por el rabillo del ojo una furtiva y pícara mirada.
Después de un extenso e interesante intercambio de noticias, entre Alejandro y los dos hermanos, durante el cual me enteré que Ale como lo llamaban algunas veces, era un buen médico de familia, éste, dirigiéndose a mi me preguntó: -¿Y tú, a que te dedicas, en que ocupas tu tiempo? -A llenarlo de vida, dedico mi tiempo a llenarlo de vida, intensamente, -le respondí.
- Bueno, eso lo hacemos todos, ¿no lo crees tú así? -dijo de nuevo sonriéndose.
- No, no lo creo yo así; verás: es que es muy diferente el llenar el tiempo de vida, a llenar la vida de tiempo, ¿comprendes lo que te quiero decir?
- El juego de palabras es muy bonito, pero, para el caso es lo mismo; de todas formas ¿eso es lo que haces, nada más que eso? -siguió insistiendo mientras observé cierta tensión en los hermanos que permanecía en silencio, sin querer interrumpir.
- ¿Vivir la vida, a ti te parece poco? -le respondí una vez más, esta vez sonriendo al tiempo que me daba cuenta de que él estaba dispuesto a seguir.
- He querido decir: ¿qué cómo te la ganas? Insistió de nuevo.
- Sé lo que has querido decir, y te diré que yo la vida no me la gano, la vida no es necesario ganársela, tú confundes la vida con otras cosas que sí hay que ganarse; la vida está ahí, regalándose momento a momento a todo aquél que sepa tomarla y conozca para que sirve, porque la vida tiene una utilidad muy hermosa y, sobre todo, muy concreta; la vida es un regalo tan hermoso como simple, que por simple pocos saben entenderlo. “A veces habréis oído este pequeño diálogo que dice: ¿Cómo te va la vida? Y al que algunos responden: ¡mal! y no se dan cuenta de que no es la vida la que, realmente, va mal, sino que los que van mal son ellos”.
- Mirad esos gorriones, son sencillos, ¿verdad? Pues fijaos como ése anciano les está echando miguitas de pan; es muy posible que venga todas las mañanas; a ellos no les falta la comida, ni unas plumitas para el Invierno, ni un charquito de agua en el verano, y su trabajo: sólo consiste en alegrar el ambiente enrarecido en el que, desgraciadamente, se mueve el hombre después de haberlo hecho.
- ¡No sigas, por favor! -me cortó Alejandro-, no he pretendido, ni querido ofenderte.
- Y no lo has hecho; tú me has preguntado, y yo te he respondido. ¿Acaso he despertado en ti algo que estaba ivernando? -le dije resueltamente.
- Chico, siempre creí que ganarse la vida era otra cosa diferente, o al menos, no tan complicado como yo lo he visto siempre.
- ¿Ser sólo médico, por ejemplo? -le pregunté intentando picarlo.
- ¡Más o menos! -me respondió apreciándosele cierta sinceridad.
- También, naturalmente, pero esa forma ha de ser siempre entendida como secundaria en cierto orden, aunque en el material, evidentemente, ha de ser lo primero.
-“La vida es otra cosa muy distinta de lo que la gente piensa; vivir la vida es lo que estamos haciendo ahora, compartir conocimientos, experiencias, luego otros órdenes, más tarde y gracias a ellos mediar en la ayuda, el dolor y el sufrimiento ajenos. No todo se reduce a pasar por ella aferrados a los bienes materiales, sino principalmente a los bienes espirituales, esos que dirán mañana de nosotros que fuimos unas grandes y excelentes personas”
- ¡Entiendo! -manifestó Alejandro, mientras observé como Laura y Guillermo se sonreían.
- ¿Seguro que lo entiendes? ¡sí, creo que sí! -le dije posando mi mano derecha sobre su hombro.
- Bueno, os dejo que he de ir a recoger a la familia para dar un paseo antes de la comida, ya que el tiempo se me ha ido volando con vosotros y esta charla tan amena; no esperaba esto; había venido con idea de leer un rato y miren por donde me he encontrado con una situación que, a decir verdad, me ha llenado bastante; me ha dado que pensar, -dijo levantándose.- -Ha sido un placer conocerte Jorge, -dijo una vez en pié.
- ¡Muchas gracias! Yo también celebro el haberte conocido y que seas amigo de estos hermanos, -le dije poniéndome en pié.
- Laura, Guillermo; me he alegrado mucho de veros, sobre todo a ti, Guillermo pues pensé, en más de una ocasión, que ya no volvería a verte en la calle, -dijo besando cariñosamente a ambos hermanos-.
- Nosotros también nos hemos alegrado de verte, y dale muchos recuerdos a María Isabel, y besitos para los niños -le dijo Laura.
- Hasta otro día, -se despidió, no sin antes pedir que los hermanos les dieran recuerdos suyos a su madre.
Ya se alejaba Alejandro, cuando Laura que no había vuelto a sentarse dijo: ¿qué os parece si seguimos adelante?
- ¡Conforme! -Contestamos los dos casi al unísono.
- Jorge, ¿tú crees que Alejandro habrá captado lo que le has querido decir? -dijo Laura, y continuo-: te digo esto porque lo conocemos bien y siempre ha sido muy materialista.
- Seguro que sí; la cuestión está en que ese materialismo le permita o no, aceptar lo que ha oído, pero, esa es otra historia. Ten en cuenta que todos sabemos discernir aunque pretendamos hacer creer que no, sobre todo cuando una cosa interesa y cuando no.
Son muchos los que se colocan una máscara, y creen que los demás no se dan cuenta; todos se dan cuenta, lo que sucede es que hay distintos tipos de personas: los que dicen ver quien la lleva y no le dan importancia porque ellos hacen lo mismo, y los que al verlos se limitan a decir para sus adentros: ¡pobres diablos!
Íbamos caminando ahora a la altura de la antigua Lonja de los Mercaderes, hoy Archivo General de Indias, cuando Guillermo pidió rodear la Catedral y pasar al pie de la Giralda, argumentando que hacía muchísimo tiempo que no la veía en vivo; hizo variados intentos mentales con el fin de recordar cuando fue la última vez, y no consiguió recordarlo; y así lo hicimos.
Estábamos muy cerca; ya se veía majestuosa y brillante por el sol que la inundaba arrancándole destellos tornasolados, singulares y propios del maridaje perfecto entre la ladrillería de la Vega de Triana y la arquitectura Árabe.
- ¿Verdad que es preciosa? -comentó Guillermo a modo de acertado dicho popular- y seguidamente añadió: ya no sé cuántos años hace que estuve aquí la última vez.
- ¡Ciertamente que es de una belleza extraordinaria! -exclamó Laura, mirándola embelesada.
Seguidamente y dirigiéndose hacia mi, requirió: -Jorge, ¿Cuánto hay de verdad en lo que también se dice acerca de la magia y lo mágico de Sevilla?
- Hay mucho y muy cierto en todo ello; Sevilla es mágica y espiritual. “La Giralda no fue concebida como una torre cualquiera; ella es un receptor de energías universales. Esto es muy interesante de conocer porque el Universo está ordenado según los magos, por las categorías de la correspondencia y la empatía, y es más, sujetos a ese concepto de la magia, debe ello entenderse como el arte de transferir o producir efectos extraordinarios y maravillosos.
“Y es altamente Espiritual, porque a través de la Giralda, como antena receptora, esas energías las transfiere hasta su suelo, y como quiera que ella es también sentimiento, este, es agua y el agua que, como sabéis, es conductora, se une a la que posee Sevilla bajo ella misma y se desparrama por toda la ciudad inundando de Amor y de Gracia a todo aquél que pasee por sus calles, y entre ellos, ¡vosotros!
“Sabréis, que esta ciudad, hace más de tres mil años, se levantó sobre una hermosa isla que un día la magia hizo que emergiera de las profundidades de un gran golfo”.
Guillermo, con cara de asombro, no se pudo contener y dijo haciendo un gesto de adulación: -¿Me has cortado la respiración! Como sevillano la he visto de cien maneras diferentes, pero esta es la primera vez que la veo así, y te digo de corazón que es la que mas me ha gustado.
- Y yo también, -me apresuré a decir.
- No, no lo creo, no creo que sea así; ese sentimiento que tú acabas de poner, me parece que lo llevas muy dentro de ti desde siempre; es como si hubieras pertenecido ella, -siguió diciendo con la voz un tanto emocionada.
- Pudiera ser, pero es que ocurren cosas especiales cuando se habla de ella en su presencia. “También sucede cuando pegamos nuestro cuerpo al suyo que sentimos su vibración y recibimos parte de esa energía positiva que ella capta”.
Guillermo miró a su hermana, luego me miró a mi, y enseguida entendimos que deseaba realizar aquella experiencia. Le pedí a Laura que lo asiera por un brazo, mientras que yo hacía lo mismo por el otro lado, y con la silla pegada a la pared, lo levantamos y debidamente sujeto quedó de espaldas apoyado a la cara Este. Hacía todo tipo de gestos; como maravillado de aquello que estaba percibiendo...
Después de unos minutos, y algo cansado, pidió volver a la silla, y así lo hicimos; no se pudo contener, era demasiado fuerte para él el momento, por lo que pudimos apreciar el rodar de alguna lágrima tras los ahumados cristales de sus gafas. Guillermo radiaba de una felicidad que llegó a contagiarme. Laura no quiso perder la ocasión, y cuando volví la cabeza después de haber dejado acomodado a su hermano, estaba pegada contra la pared como una lapa, y diciendo: ¡se percibe algo así como si fuera un cosquilleo!
Y así, comentando sobre las experiencias adquiridas, y de cómo la gente se paraba curiosa y sonriente para mirarnos, continuamos caminando nuevamente para acercarnos ahora hacia la Plaza Nueva, en vías de reconstrucción de todo el pavimento. Aun Guillermo seguía comentando las muchas reformas que veía sobre la ciudad, cuando oímos con total claridad dos campanadas; eran las dos de la tarde en el reloj de la Casa Consistorial.
Aun era buena hora -comentó Laura- por lo que decidimos continuar sin prisas, no las había porque como dijo Guillermo, la casa se encontraba a un tiro de piedra, en la Collación de la Magdalena.
Laura hizo que nos detuviéramos para que Guillermo contemplara un precioso acordeón que había en el escaparate de una tienda dedicada a instrumentos musicales; después de comentar, bromeando, que lo único que le faltaba a su estudio era un acordeón, y a la madre la música, llegamos entre risas al portal. Laura abrió la puerta, mientras yo introducía a Guillermo en él, seguidamente lo entré en el pequeño ascensor y Laura y yo subimos por la escalera; ayudamos a que saliera, y los tres entramos en el piso con la llave de ella.
Al oír el ruido de la puerta la madre vino hacia ella, y al vernos, pude apreciar cómo la complacencia reinaba en su rostro del que, al parecer, no se había marchado aquella hermosa sonrisa que pude contemplar el día que la conocí.
Dirigiéndose a mí, tomo mis manos, y con un sentimiento difícil de disimular, me agradeció la mañana tan feliz que le había hecho pasar nada más de pensar que su Guille, como le llamaba cariñosamente, estaba en la calle con su hermana después de tanto tiempo encerrado en la casa y sin ánimo de salir.
Guillermo me tendió sus manos, unas manos agradecidas que yo apreté entre las mías a modo de afectuoso saludo de despedida. Laura me quiso acompañar hasta la puerta de la calle por lo que me despedí de ellos dejando el piso en compañía de ella; ya en la puerta me preguntó cómo podría pagarme las tantas atenciones para con ella y su familia; cuando le dije que me sentía sobradamente pagado con su limpia y blanca amistad, se me acercó y me dio un beso al tiempo que en sus ojos aparecían unas diminutas violetas bañadas aún con el rocío de la mañana.
Salí a la calle; ella me hizo un ademán con la mano al que yo correspondí de la misma manera, y eché a andar de nuevo hacia la Plaza de la Magdalena, hacia la parada del autobús que me llevaría muy cerca de mi casa en Triana.
Eran las dos y media por lo que no había mucho público en la parada; el autobús llegó y subí en él; minutos después arrancó y me dediqué a a distraer mi atención contemplando las terrazas de bares y cafeterías que estaban repletas de gentes vestidas con las más variadas prendas. El barroquismo sevillano se hacía presente hasta en el vestir de aquellas fechas en las que lo mismo hace calor para unos que frío para otros.
Dos señoras de avanzada edad iban comentando sobre la carestía de la vida y de cómo aquellos lugares, en cambio, siempre se veían llenos fueran las fechas que fueran.
Sonriendo ante aquellos comentarios llegué a mi parada; me apeé, con paso tranquilo doblé la esquina del Ambulatorio de la Seguridad Social Amante Laffón y atravesé la Plaza de San Martín de Porres; en ella y sus alrededores, tenemos unos naranjos bajo los cuales ya habían comenzado a desprenderse las primeras y pequeñas flores de Azahar que, caprichosamente, estaban desparramadas a su alrededor; recogí unas cuantas, y después de aspirar profundamente su aroma las hice tiernas prisioneras de mi mano.
Cuando llegué a mi casa, y una vez en el salón, las deposité sobre la mesa y me dirigí a saludar a la familia. Después de un breve diálogo sobre el paseo, me encerré en el dormitorio y me calcé las zapatillas y la ropa de casa.; cuando salí tomé el camino de la cocina pensando que mi mujer estaría en ella; al cruzar el comedor me salió al paso para preguntarme si había sido yo el que dejara sobre la mesa aquellas pequeñas y bellísimas violetas que ahora me mostraba sobre las palmas abiertas de sus manos, sobre todo -me dijo- cuando ya ha pasado su tiempo.




























2 comentarios:

  1. Ya es raro ver una novela en un blog, y la verdad no me desagrada su lectura aunque la encuentro un poco más cerca del ensayo. De todas formas bien construida. Seguiremos hasta el final a ver que nos depara...

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  2. Yo creo que, al menos, en mi caso, no debería verse tan raro, ten en cuenta que cuando yo hablo de mi blog, lo hago desde una perspectiva absolutamente de interés Social, Cultural y Literario...

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