domingo

LA NOVELA V



Trozos del espejo


                                                            CAPÍTULO QUINTO


Esta noche he llegado a casa cuando aun por el salón resonaban las últimas campanadas del reloj que cuelga de la pared; las ocho de la tarde, aunque ya noche, por lo que pensé aprovechar este tiempo antes de la cena para escuchar un poco de música en la radio. Decidido a ello, dejé las llaves sobre la mesita y el portafolios al pie del perchero mientras que colgaba en él la chaqueta que acababa de quitarme. Entré en el comedor y saludé a la familia allí reunida; seguidamente pasé al dormitorio y me cambié. Puesta la ropa de estar en casa, me dirigí a mi pequeño refugio no sin antes acercarme a un mueble que tenemos en el salón, muy cerca del teléfono, y sobre el que hay un precioso tarjetero de madera muy decorativo y que hiciera mi hija para colocar en él las hojillas delos recados; he tomado uno en el que por la letra sé que es de mi hijo y en el que escribió: “Papá te ha llamado a las siete un señor que me dijo llamarse Guillermo; te volverá a llamar”.
Después de leerlo y una vez en mi cuarto de trabajo, dejé la nota sobre la mesa y encendí la radio; inmediatamente, cuánto de agradable encierra un concierto de piano se desparramó a mi alrededor; me recliné en el sillón y me dejé llevar por los aires del recuerdo sobre las ondas de unas notas nocturnas; Chopín me trasladó hacia lugares antiguos y maravillosos, cuya belleza se fue perdiendo por ese afán del hombre en destruirlos aun a pesar de esos pensamientos de que con las nuevas urbanizaciones él sale ganando. El sonido del teléfono me trajo de nuevo a la realidad del momento; descolgué el auricular y como es normal dije:
- ¡Dígame!
- ¡Buenas noches! Soy Guillermo, ¿eres Jorge? -dijo mostrando una voz muy resuelta.
- Sí, soy yo, ¿cómo estás Guillermo?
- Bien, ¿y tú?
- Muy bien, a Dios gracias! ¿y tu madre?
- También está muy bien, por cierto Laura acaba de marcharse, estuvo esperando aquí conmigo pero, al parecer, tenía que hacer algo en la calle y ya no pudo esperar más tiempo aunque me ha dicho, o al menos así lo he creído entender, que vendrá mañana por la mañana, también me ha dejado dicho que te diera recuerdos de su parte.
- ¡Gracias! Pero dime, ¿cómo te ha dado por llamarme? -quise saber pensando en que Laura le habría dado el número.
- Ayer estuve por hacerlo.
- Pues menos mal que no lo hiciste, porque no estuvimos aquí en todo el fin de semana.
- Mi madre fue la que me hizo desistir diciéndome que a lo mejor estabas fuera, y acertó.
- Las madres siempre aciertan, y si no, están justificadas, pero, bueno, ya estamos aquí de nuevo, en el momento que hay que estar, ni antes ni después.
- Eso tendrás que explicármelo también algún día, pero ahora lo que más me interesa es sólo una cosa que se me quedó en el tintero la otra tarde, ¿te importa que te pregunte? -dijo con cierta preocupación-, o al menos así me pareció.
- No, en absoluto, -le dije-, pero lo que no te puedo garantizar a priori es que pueda contestarte; en fin, pregunta y luego ya veremos...
- Recordarás que estuvimos hablando acerca de la muerte, aunque en realidad eras tú el que nos hablaba acerca de ello.
- Sí, lo recuerdo.
- Es que no me quedó muy claro, o yo no me enteré bien del por qué mueren las personas; igual a ti te parecerá una pregunta infantil, o cuando menos una de esas preguntas tontas, pero es así, -dijo un tanto azorado.
- Ciertamente, esto ya os lo expliqué de pasada aquella tarde.
- Sí, no me cabe la menor duda, pero, es que luego estuvimos hablando Laura y yo hasta muy tarde sin conseguir recordar la respuesta que nos diste.
- Posiblemente no te lo diga con la misma definición o con las mismas palabras porque igual no me acuerdo bien, pero intentaré aclarártelo de nuevo, al fin y al cabo, el tema, como comprenderás, no ha sufrido ninguna variación, -dije utilizando un tono informal con el fin de que se relajara.
“Los espíritus, para realizar su trabajo de evolución en este plano material necesitan ir ocupando cuerpos físicos; la misión de las personas, como cuerpos físicos que son, es la de ir dando albergue y apoyo cada vez que ellos lo necesitan para una nueva encarnación. Te estoy hablando y al mismo tiempo recordando que contigo no he hablado de ello directamente, o en profundidad, sí con tu hermana, y ella posiblemente te haya comentado algo al respecto”.
- Bien pudiera ser, pero oye, entonces, ¿por qué muere una persona con más o menos años que otra?
- Esta respuesta, al cien por cien, tendría que ser tan profunda que creo no la entenderías por lo que intentaré hacerte llegar lo más elemental dentro de su complejidad.
“La vida humana, por la razón que te he explicado antes, tiene una duración de ochenta y cuatro años, sujetos al nombre de su Creador así como a las cuatro fuerzas que lo componen, y que fueran las que instituyeron y continúan instituyendo todo cuanto existe en el Universo.
“Cada una de esas fuerzas activas y positivas, han de tener relación con una edad del ser humano; así podemos ver cómo en la primera edad se corresponde con su primer ciclo, que es el ciclo del elemento Fuego, por consiguiente veremos que en esta primera edad no hay control, no hay toma alguna de decisiones, y sí asimilación de cuanta información se pueda almacenar.
“En la segunda edad, o sea, entre los veintiuno y cuarenta y dos años, esta idea ahora se interioriza, el ser humano ya es consciente de que ha de realizar un trabajo muy duro, y muy especial. Bajo la influencia de los elementos, esta edad se corresponde con el segundo ciclo que es el del Agua, y veremos como se llena del sentimiento.
“Con la tercera edad, o sea, entre los cuarenta y dos y sesenta y tres años, la idea que se interiorizó, ahora está desarrollándose; el ser humano se ha vuelto mental, y todo debe tener una razón de ser, a todo ha de encontrarle explicación, encontrarle un por qué. Obviamente se encuentra ahora bajo la influencia del tercer ciclo como es el ciclo del elemento Aire.
“En la cuarta edad, o sea, entre los sesenta y tres y ochenta y cuatro años, el ser humano se encuentra en ese periodo en que aquella idea que luego de interiorizarse se desarrolló, ahora muestra el resultado. Naturalmente hemos de pensar que el elemento que influencia este ciclo es el elemento Tierra, aunque he de aclarar, que Tierra no es un elemento propiamente dicho, sino el nombre que recibe la cristalización, o sea, el compendio de los tres elementos anteriores. El Fuego y el Agua se condensan, el Aire seca la condensación y se produce la solidificación, y con ella la masa, a ella como cristalización del proceso la llamamos Tierra.
“También en la Cábala, aunque en ella no vamos a entrar, y sé que has leído algo sobre ella, encontramos como el Creador hizo la tierra, el aire, el mar y las estrellas, sin embargo, como esto hay que ordenarlo, y la lengua de la época en que se recogen estos datos lo escribe al revés, hay que aceptar por ello que el Creador hiciera por orden: las estrellas, el mar, el aire y por último la tierra.
“Para que te sea más comprensivo y asistiéndome de que Laura me comentó que tú eres bastante de la religión Cristiana, y como entiendo por ello que habrás leído los cuatro evangelios, ahora te darás cuenta de cómo Juan, bajo el ciclo de Fuego manifiesta su testimonio como el de la revelación. Lucas, bajo el ciclo del Agua, lo hace como el del sentimiento. Marcos, bajo el ciclo del Aire se decanta por el testimonio de la razón, y Mateo, a diferencia de los anteriores y bajo el ciclo del elemento Tierra, no aporta nada nuevo, no deja testimonio alguno de forma particular, sino que se limita a realizar una compilación de los tres anteriores, ¿comprendes?”
- Perdóname si te digo que no he podido captarlo todo al cien por cien aunque sí bastante, pero es que me lleno tanto de tu explicación que no puedo escucharte y discernir al mismo tiempo; no dudo de que cuanto me dices lo haces de la mejor forma, pero, no acabo de entender lo de los ochenta y cuatro años, cuando la gente se muere con edades distintas, ¿podrías ampliármelo?
“Naturalmente, ten en cuenta que esta es la edad real; la edad perfecta cuando la vida se vive como realmente hay que vivirla. El ser humano por las razones que todos sabemos, nunca la vive bien, al completo, o sea, siguiendo las normas de conducta establecidas bajo las cuatro etapas, sino que siempre se va saltando alguna en función de sus particulares y equivocados intereses materiales; de ahí que tenga que realizar el proyecto de evolución espiritual mediante diferentes encarnaciones.”
- Ahora creo entender un poco más, quieres decir, por poner un ejemplo: ¿si una planta no la hacemos seguir el proceso natural, no puede culminar, no florecería?
- Vale el ejemplo; bueno pues por analogía todo es igual en el Universo.
- Entonces, que razón o explicación tiene el que algunas personas mueran a tan corta edad; imagino por su naturaleza que esto será más complicado, pero, ¿puedes aclarármelo?
- Sí, y no me sorprende que me lo preguntes porque esta entre alguna otra, es la eterna pregunta cada vez que se toca el tema, aunque como has podido comprobar todo esto es casi tan difícil de explicar como de entender, no obstante lo procuraré aunque acuérdate de lo dicho por ti hace un momento, cuando mencionaste aquello de: ¿que razón o explicación tiene todo esto? A veces no todo puede ser explicado perfectamente por el ser humano, y mucho menos que pueda ser comprensivo.
“Como ya sabes, el Espíritu, después de haber pasado por los diferentes reinos: Mineral, Vegetal, Animal, llega dentro de este mismo al genero humano; en él ocupará el primer cuerpo para comenzar una evolución diferente.
- Ahora, haciendo un inciso, te pediré que intentes liberarte de todo pensamiento extraño y pongas toda tu atención, ya que deberás hacer trabajar a tu imaginación en lo que te voy a exponer.
“Bien, ya tenemos a ése Espíritu ocupando el primer cuerpo. Mediante el ejemplo siguiente, esa situación la vamos a trasladar a una escuela en la que un niño está ocupando (realizando) el primer curso, y en la que su trabajo va a consistir en llegar a alcanzar un título al final de su carrera. El niño será el Espíritu, el curso será el cuerpo y la escuela será el plano Material.
“Ya tenemos al niño en el primer curso. Gracias al estudio aplicado y a su buen comportamiento, aprobará el examen y, abandonando el curso y la escuela estará de vacaciones en un lugar determinado para volver el curso próximo.
“El año siguiente, en su progresión, el niño entrará en el segundo curso, y así de forma repetitiva, gracias a su aplicación y a su siempre buen comportamiento irá avanzando curso tras curso.
“Continúo... aunque el niño va aprobando todos los cursos, lo cierto es que no todos se terminan con la misma facilidad, y así nos encontramos con algunos que se acabaron dejando una asignatura pendiente, o sólo una materia de la misma. ¿tendrá ése niño que regresar el próximo año a realizar el curso entero? ¡no! volverá sólo y exclusivamente para aprobar ese poquito que le quedó, y lo podrá hacer fuera de tiempo, y así de esta manera poder conseguir la tan anhelada titulación.
“De igual forma se comporta la vida humana. Cuando se ha llegado a un grado de evolución, en cuyas últimas encarnaciones iba quedando pendiente algo de hacer, en la siguiente ya sólo queda venir a ultimar, y esa última misión puede consistir en dar una alegría a alguien tan sólo con el nacimiento o con un más o menos corto periodo de vida.
“Evidentemente, se puede pensar el que alguien diga: ¿Cómo puede ser esto, si la muerte sea a la edad que sea sólo es causa de tristeza? Aquí entran dos factores principales.
“El caso de la persona que lo acepta con resignación absoluta porque dice acatar lo que el Padre dispuso, y el caso de la persona que no lo acepta, en cuya situación es muy posible que esa última misión haya sido la de habérsele podido aplicar la ley de “Karma”, ya sabes, aquella ley de causa y efecto.
“Debes tener siempre en cuenta que es muy difícil que el ser humano acepte nuestros extraños aunque propios destinos. No se podría entender, aunque se conociera, el amplio abanico de medios que se utilizan. Tú también debes acordarte, particularmente, de aquello que se dice también sobre aquello de que ¡Dios escribe derecho sobre renglones torcidos”.
- ¡Entendido! Aunque no del todo te aseguro que mucho más que antes; tendré la noche para darle vueltas a todas y cada una de las cosas que me has planteado.
- Seguro que sí, Guillermo, esta noche y mañana, y ello hará que des lugar a tantas nuevas dudas como nuevas preguntas.
- De todas formas es muy duro ¡eh! Oye, cuando das respuesta a esta petición, ¿la gente suele aceptarla con facilidad?
- ¡No siempre amigo mio, no siempre! Aunque también me satisface que sea así; cuando encuentro una persona muy difícil de convencer, ello hace que yo también solicite del Universo mayor claridad en mi propia enseñanza.
- A colación de lo que me has dicho acerca de la reencarnación, recuerdo haber leído algo que no logro poner en pie.
- Amigo Guillermo. Creo que con lo que tienes ya es suficiente, de lo contrario vas a crearte un estado de confusión que, sin duda alguna, lamentarás más tarde, -le dije de forma cariñosa.
- Sí, si, estoy de acuerdo, no es rebatirte nada, es que allí se hablaba de la involución cuando el comportamiento es negativo, cuando no marcha bien, y como tu no la mencionas.
- De acuerdo, creo que esto no te va a confundir más, -le dije dejándole entrever que era incansable.
“Ciertamente, hay quien especula, o al menos así lo entiendo, con este término, sin embargo, para tu tranquilidad y la de muchos a los que tú también les puedes transmitir este conocimiento, he de afirmar tajantemente, que no existe la involución en la trayectoria del espíritu o el humano de forma individual y por separados, como tampoco de ambos en conjunción, en cualquiera de sus encarnaciones, y voy a remitirme de nuevo al ejemplo que te he puesto del niño en la escuela para que ello te sea más comprensivo; medita sobre cualquier recorrido académico y lo verás claro.
“Si un alumno por las razones que ya conocemos no logra aprobar el curso en el que está, no quiere decir que el próximo lo regresarán al curso anterior, sino que tendrá que repetir, y aun en el supuesto caso de que en oportunidades posteriores no consiguiera salir adelante, tampoco habrá involución porque eso será que se ha producido un “estancamiento”. En el caso del alumno, será expulsado de la escuela; en el caso del Espíritu estancado porque haya sido incapaz de evolucionar, será recogido del plano Material y devuelto a su origen donde quedará inexorablemente despersonalizado”.
- ¡Ajá! Ahora entiendo cosas que incluso no tienen nada que ver con esto. Jorge, ¿te importaría que cuando hable contigo de todo esto grabara lo que me dices, ya sabes, para volver a oír de nuevo tus respuestas, ello me ayudaría bastante?
- ¡En absoluto! Es más, pienso que puede ser interesante, porque así Laura también tendría oportunidad de conocerlo, y viceversa; de todas formas quiero decirte, que lo más importante es el comportamiento ético del ser humano ya que gracias a esa conducta, llegado el momento, el conocimiento le será dado por añadidura. Has de saber, que, cuando el alumno está preparado, es justo el momento en que aparece el maestro.
Hubo un instante de silencio; no dudé en que Guillermo estaba intentando escribir algo de cuanto le acababa de decir; ello me llevó a pensar sin querer en cuánto debía de pagar de teléfono. Esta fue una observación absurda porque yo no debo de juzgar absolutamente ninguno de los comportamientos de los demás, no obstante, se confirma una vez más cómo la mente le gana al hombre la carrera. Tenemos que conseguir mediante nuestro esfuerzo dejarla atrás, que sea ella la que vaya siempre detrás de nosotros.
- Algún día te preguntaré sobre esa ley de Karma, que aunque algo conozco, tú me podrás decir mucho más, -apuntó de inmediato Guillermo algo insistente.
- ¡Conforme! Pero por hoy y para un tiempo ya tienes tarea, digamos que son como los deberes del niño de aquel colegio ¿espero que me hayas entendido?
- ¡Perfectamente! Bueno, te dejo, y gracias por todo Jorge, ¡ah! Si alguna vez te cansas de mis preguntas me lo dices, por derecho, yo sabré comprenderlo.
- Sobre todo por derecho, como tú dices; no te preocupes, te lo diré, pero estate tranquilo que ese momento no llegará, el Padre no lo querrá por ti, y ojalá que por mi mismo.
- ¡Vale! Gracias una vez más y que Él te guarde.
- Lo mismo te deseo. Hasta otro día, y dale recuerdos a tu hermana y, por supuesto, también a tu madre.
- Así lo haré, adiós.
Deposité el auricular sobre el cuerpo del aparato y me recliné de nuevo en el sillón. Alargué el brazo izquierdo, y girando el mando del volumen volví de nuevo a escuchar música clásica; ya no sonaban las notas de un nocturno, ahora era una sinfonía un tanto desconocida para mi; la verdad es que no soy un entendido -me dije- sin embargo, en la radio casi toda la programación se ha dejado oír alguna vez, no entera pero sí fragmentada.
Intenté averiguar si recordaba algo... y no. Continué prestándole atención al tiempo que tomaba entre mis dedos la nota que me dejara escrita mi hijo sobre la llamada de Guillermo. Recordando lo hablado con él, hice una bolita y la arrojé al cestillo.
Entre el pensamiento en aquella familia y la música, se filtro un nuevo elemento, era el sonido de los cuartos del reloj del salón, que, aunque tenues llegaban hasta mi. Imaginé la hora; las diez menos cuarto, -pensé. En ese momento mi mujer abrió la puerta y con un gracioso gesto me indicó que iba a servir la cena.
- Hoy parece que cenamos un poco más tarde que de costumbre, -le dije correspondiendo al gesto que me hiciera.
- Sí, porque quería terminar la novela que estaba leyendo y me quedaba muy poco, con todo y con eso, la verdad es que se me fue el santo al cielo, -me contestó sonriendo.
- ¿Y ya la has terminado? -le pregunté simplemente por curiosidad.
- Sí, realmente no me quedaba mucho pero, ya sabes, a veces se entretiene una en recordar lecturas de días pasados cuando se trata de la misma autora.
Me levanté del sillón, me asomé a la ventana del cuarto y miré hacia el cielo. La noche se hacía clara a ratos; continuaba igual que el día, nublado pero sin romper a llover; de vez en cuando se producía ese claro, y cuando se volvía a entoldar, a veces era como si alguien apagara poco a poco la luz. Me quedé pensando en cómo la Luna sin tener la fuerza del Sol, la luz que proporciona en sus noches, si que es vital para el ser humano, aunque, dicho sea de paso, sea una luz engañosa.
Miré en diferentes direcciones; la ventana da a los patios interiores; afortunadamente no son patios ruidosos excepto en ocasiones como esta en la que una señora la emprende con la hija pequeña; ella no debe andar muy bien de la cabeza pues no entiendo como se puede tratar así a una cría que, entre otras cosas, ni siquiera creo que comprenda lo que le está diciendo.
Oigo ahora como la hija contesta, y entonces es ella la que que no la comprende y, vuelta a empezar; al final pienso que alguna quedará o más tonta o más sorda.
Abandoné el cuarto; crucé el salón y entré en el comedor; ya la familia se estaba sentando a la mesa; fui a ocupar mi lugar en ella cuando recordé en ese momento que me había dejado la radio encendida; volví a recorrer el mismo trecho ahora a la inversa, y cuando entré de nuevo en el cuarto pude oír la voz del locutor que decía: “Para aquellos oyentes que no hayan podido escuchar el inicio de esta parte de la programación, le diremos que vamos a terminar escuchando de esta sinfonía número siete, del compositor Anton Bruckner, en Mi mayor que les estamos ofreciendo, su último movimiento -final allegro ma non tropo- y cuya guía para la escucha nos relata, cómo los instrumentos de viento y cuerda compiten entre sí para decretar el triunfo del Espíritu sobre la materia”.
Para mis amigos todo es posible -pensé una vez más. Apagué la radio; sabía que la familia me estaba esperando pero, aun así, me detuve un segundo en la ventana desde la que pude apreciar cómo ahora reinaba en los patios el más absoluto de los silencios; volví de nuevo a desandar lo andado sonriente y feliz.







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