viernes

LA NOVELA III




Trozos del espejo


CAPÍTULO TERCERO


Esta noche estamos cenando más temprano que de costumbre, pues ha dicho la televisión, en un avance de la programación, que pondrían la película “La historia interminable”. Ya estamos terminando cuando ha sonado el teléfono.
- ¡Yo lo cogeré! -dijo mi mujer que ya se había levantado y se dirigía hacia la mesita que está en el salón y sobre la que tenemos el aparato.
- ¡Dígame! -pidió solícita.
- ¡Buenas noches! Desearía hablar con su marido -dijo la voz al otro lado del teléfono.
- ¡Me dice su nombre, por favor! -volvió a pedir mi mujer.
- Dígale, por favor, que es una conocida suya -dijo de nuevo la voz sin querer darse a conocer.
- Muy bien, como Vd. prefiera; aguarde un segundo -le pidió mi mujer que, soltando el aparato vino hasta el comedor.
Estaba colocando la servilleta en el interior del aro servilletero, cuando mi mujer muy misteriosa me dijo susurrándome al oído. Te llama una desconocida para mí, pero que al parecer conocida para ti, que no ha querido decir su nombre; ¿cómo se llama? -quiso saber mi mujer.
- No lo sé -le respondí.
- ¿No sabes como se llama, no conoces su nombre? -me dijo con cierto aire de extrañeza.
- ¡La verdad es que no lo sé! Cuando quiera decírmelo, me lo dirá; acaso prefiera estar en el anonimato; tampoco tiene mayor importancia, igual te podría haber dado cualquier nombre.
Me dirijí hacia el salón. Evidentemente sabía de quien se trataba, y era cierto que no conocía su nombre aún, pero ignoraba casi por completo el motivo de su llamada ya que habíamos estado hablando por teléfono esa misma mañana, cuando me llamó. Tomé el auricular y la saludé.
- ¡Hola!
- ¡Feliz noche! ¿cómo estás? -le oí decir con un tono de voz muy suave.
- ¡Bien, muy bien!
No pude evitar el estado de contrariedad que me invadía en ese momento; afortunadamente fue un segundo pero, es que me había hecho tanto a la idea de disfrutar con la película... me repuse enseguida del trance egoísta sufrido; alguien me necesitaba y por mi mente aparecieron esos fantasmas que a veces nos hacen vivir momentos no deseados.
- ¿Estás cenando, o vas a cenar? -preguntó.
- Ya no, hemos terminado hace un momento, justo cuando sonaba el teléfono, parece como si hubiera sido la campana que anunciara la llegada de algo.
- Pudiera ser, -me dijo con una voz que me pareció algo traviesa, o bastante feliz, quizás.
- Te noto contenta, -no pude evitar hacer manifiesto aquel pensamiento.
- Y lo estoy, no sabes cuánto.
- Cuanto si lo sé; lo que ignoro es el por qué, aunque estoy seguro que me lo vas a decir ya. No se tratará de avisarme de que en la tele ponen hoy una película especial.
- Me han regalado dos invitaciones para el concierto que se celebrará mañana noche en el teatro Lope de vega, a las nueve y media.
- ¿Sobre qué, o sobre quién es el concierto? -le pregunté.
- Sobre la obra de Mahler y actuará un ruso como director -me dijo nerviosamente ante la inseguridad de que al ofrecerme que la acompañara pudiera decirle que no podría ir.
- ¡Me gustan mucho las sinfonías de Mahler! -le dije.
- Quisiera que me acompañaras ¿puede ser? -dijo manteniendo el nerviosismo, al parecer, sin poder evitarlo.
- En principio sí, no creo que haya nada que me lo pueda impedir.
- ¿Tu mujer tal vez?
- No, no la conoces; no es ese el posible impedimento, es más algún trabajo pendiente.
- ¿Prefieres que te llame mañana por la mañana? -me dijo dejándose notar ahora una voz un tanto apagada.
- No, no es necesario; si te esperas un momento te lo digo ahora mismo.
Yo sabía que no tenía nada urgente que atender, o hacer esa mañana y a esa hora, y no sé porqué adopté aquella ridícula actitud de manifestar negativamente algo sobre lo que sabía perfectamente. Preferí no seguir pensando en ello y sí en que alguna razón debía haberme asistido para comportarme de la manera que lo estaba haciendo; sea lo que fuere ya saldrá en su momento -me dije-, si es que tiene que salir, pues a veces, no todo tiene a priori la importancia que le damos; dejé este monólogo y me puse de nuevo al teléfono.
- Como dicen los ferroviarios, ¡vía libre!
- ¡Me das mucha alegría! Por dos razones: primera, porque oírte decir que vendrás ya es para mi una alegría incontenible por lo que ello supone, y segunda, porque teniendo mujer y una familia puedes venir conmigo, y eso para mi representa la confirmación de que eres una persona diferente, si por diferente se entiende aquello que es puro o pretende conseguir serlo, y dada esa forma de ser se le puede permitir todo, porque deja testimonio de que jamás le hará daño a nada ni a nadie.
- A mi también me da alegría poder ir ya que Mahler es un compositor altamente espiritual, reflejando en muchas de sus obras ese carácter lleno de sensibilidad que le lleva a escribir sobre los sentimientos reales, llegando a decir mediante su música que el Amor es la base de toda la Naturaleza.
- ¡Pues yo tenía entendido que era supersticioso!
- Pudiera ser, ten en cuenta que todo ser humano tiene algún momento en su vida en el que la superstición se ha hecho presente de una forma o de otra.
- Eso no lo veo muy claro; la verdad es que acerca de este tema no conozco nada, ¿por qué no me hablas un poco acerca de ella? aunque si estás pendiente de la película, lo dejamos para otro día, -me dijo muy amablemente-.
- No te preocupes, aun sigue el partido que están retransmitiendo y hasta que este no concluya no la pondrán. Te recomiendo que la veas, es una película muy interesante ya que desde el principio hasta el final, está llevando cantidad de mensajes a la humanidad, aunque dudo que a una gran parte de ella le pueda, o mejor dicho, le quiera interesar, ya que la finalidad de esos mensajes es hacerla trabajar para algo que, no entiendo, asegure una y otra vez que no sirva para nada.
- “Bien, en principio has de saber que la superstición está apoyada en la realidad, y tiene muchos años de antigüedad, casi tantos como la misma humanidad. Ha ido enriqueciendo el número de sus diferentes variantes a través de las cuales se fueron formando estados de creencias extrañas a la Fe, así como situaciones contrarias a la razón.
- “Desde aquel lejano tiempo en que quedara instituido el primer hecho que luego fuera denominado como “hecho supersticioso”, y hasta nuestros días, las sociedades, en sus diferentes niveles de cultura, han venido manipulando y tergiversando cada situación, cada caso a la vez que por cuenta propia iban creando otras, aunque ya de menos peso, que le hacían perder la credibilidad y el respeto que la superstición misma generaba. Y esto es cuanto te puedo decir acerca de este fenómeno social, que no es más que otro fantasma de los muchos que se han producido a lo largo de la historia por la ignorancia del hombre”.
- La verdad es que, ahora que tú lo dices, recuerdo como en alguna ocasión he sentido cierto reparo ante el número “trece”. También he de decirte, en honor a la verdad, que ya lo tengo superado, sin embargo, es como si fuera el abanderado de toda la superstición, ¿no?
- Podríamos decir que sí, o al menos uno de los primeros, porque considerado de la “mala suerte” (aunque ya te expliqué aquello de que la suerte no existe), para el supersticioso, el número “trece”, se le presenta desde muy antiguo como un auténtico caso de superstición, primera línea en el amplio espectro supersticioso llegado hasta hoy.
- “Su origen se remonta a aquel día fatídico, en que siendo trece en el orden de cualquiera de los meses, se encontró absolutamente relacionado con una gran desgracia. Ante la absurda manifestación de que el hecho había tenido lugar, y ser este el decimotercer día, quedó secularmente acuñado en las mentes poseedoras de una debilidad manifiesta ante cualquier proceso de sugestión.
- “La no aceptación de este número en cualquier nivel, orden o lugar de una parcela importante de la humanidad, es debido a que es el número siguiente al “Absoluto” y por consiguiente mal número, ya que se encuentra fuera de la “Esfera Natural y Universal”.
- Esto que te voy a explicar es más profundo, pero, estoy seguro que te va a interesar y mucho; si algo se te hace muy cuesta arriba, me interrumpes y te lo repetiré, ¿conforme? -le dije para que si tenía alguna duda, no fuera a llevarla arrastrando, porque con ello lo único que ocurriría sería permitir que se formara una maraña de confusiones.”
- ¡De acuerdo! Le oí decir con toda claridad.
- Has de saber que el número tres, número espiritual, se le multiplica por el número cuatro, número material, y cuyo resultado es el número doce que es el número Absoluto. Como quiera que toda cifra debe ser reducida a un sólo dígito, nos encontramos con que el número doce, se convierte en tres, o sea uno más dos, mientras que el número trece, en su reducción queda convertido en el número cuatro, o sea, uno más tres. El número doce, es el máximo, es el de la figura dodecaédrica, que es la que más se asemeja a la esfera en la cual esta reflejado el Universo.
- “El número trece, queda pues apartado, fuera, sin lugar porque después de la esfera, después del Absoluto no existe nada.
- “Ahora fíjate lo atractivo de la divinidad del número tres con su representación de la trinidad real: Voluntad, Sabiduría, Inteligencia. Seguidamente haz tú una operación mental: toma el uno, el dos y el tres; súmalos y dime ¿cuánto te da?”
- Sumados los tres números me da un total de seis, -respondió.
- ¡Exactamente! Observa como la suma de los números que nos llevan hasta el número Espiritual, es el número de la belleza; en cambio date cuenta la visión que se tiene generalmente del número cuatro. En la representación de la armonía Universal, el ser humano sólo vé el símbolo de la cruz e inmediatamente lo relaciona con trabajos y sacrificios. Aunque su simbología real es la Cruz Universal.
- Ahora haz lo mismo que antes, toma el uno, el dos, el tres y el cuatro, y súmalos, ¿cuánto te da?
- Sí, los he sumado y me da diez.
- Pues bien, este es el número de la década, que reducido a un sólo dígito, nos da uno, la Unidad a la que habremos de intentar volver mediante el trabajo Espiritual después de haber venido de ella. ¡Ah! Y no me vayas a preguntar por la “década” porque esto es mucho más complicado, aunque te puedo decir que está relacionado con la “Teología Aritmética”, basada en la ciencia de la Numerología, primera ciencia Universal y de la que ya hablaremos en su momento.
- “Te das cuenta porque el ser humano dice que no lo quiere, es más cómodo estar aquí sin hacer nada real; en cuanto se habla de trabajar por la “gran causa”, lo primero que se dice es que se ha tenido muy mala “suerte”. -Bien, ¿qué te ha parecido esta exposición; te esperabas tú que la superstición fuera tan compleja? -le dije después de haber terminado-.
- Dentro de lo que he podido entender y que creo ha sido mucho, perfecta, eres tan sencillo que parece me estuvieras contando un cuento. A propósito de cuento ¿todavía está el partido? -me dijo un tanto preocupada.
- Supongo que sí pues aun no me han avisado.
- Bueno, te dejo, voy ha hacerte caso y me pondré a verla también; igual te vuelvo a llamar mañana para decirte qué me ha parecido, aunque por lo que me dijiste antes y como no la he visto tendré que verla más de una vez.
- Seguro que sí, pues te será muy difícil captarlo todo a la primera, aparte que te gustará luego recrearte sobre lo que ya has visto, principalmente, porque la primera vez se ve un poquito en tensión por aquello del desconocimiento argumental del guión. Te aconsejo que te esfuerces, que te pongas a la altura de un niño y lo verás todo con mayor claridad, ya que evitarás caer en la trampa de la araña mental que intentará tejer en ti el vestido de la confusión. Te digo esto porque la mente quiere ser siempre la protagonista de tu vida, y si aprecia que no le prestas la suficiente atención por encontrarte inmersa en el tema, se sentirá envidiosa e intentará por todos los medios distraerte llegando a recordarte incluso momentos que no sean gratos para ti. Si te ocurriera esto último, date unos golpecitos en la sien derecha para que se alejen esos pensamientos, al tiempo que procura identificarte con el personaje de la película que más te atraiga llenándote de satisfacción.
- Me dejas, que no acierto a comprender cómo puedes expresar con tanta seguridad, claridad y sencillez cuanto me dices; esta es una cosa que creo me irá entrando a medida que te vaya conociendo, -me dijo en una forma que creí entender como un halago.
- Es que todo es muy sencillo, todo es muy simple, lo que ocurre es que aun no se ha abandonado el caminar por esos senderos tan llenos de vericuetos. Algún día llegará en el que veamos el camino tan limpio y diáfano como recto.
- Gracias de todos modos, ¡ah! ¿mañana dónde te parece que podríamos quedar?
- Si quieres en el lugar del primer día, ¿te parece? Es un buen sitio y podemos ir dando un paseo.
- ¡Sí, estupendo! ¿ a las ocho y media te viene bien?
- Muy bien, hasta mañana si Dios quiere, -me despedí de ella.
- Hasta mañana entonces, y que El te bendiga, -me dijo a modo de despedida.
Agradecí una vez más sus atenciones y estos últimos deseos y colgué el teléfono. Una vez más me llené de esa satisfacción que produce el que se manifieste el agradecimiento por la ayuda recibida de la forma que ella lo hacía, aunque con ello a veces me llegara a sonrojar.
Aun estaba sentado y reflexivo cuando pensando en el día siguiente miré el calendario de mesa que tenemos al lado del teléfono. Curiosamente estábamos a trece; desprendí la hojilla correspondiente al día por estar este a punto de terminar, y hecha una bola de papel entre los dedos, la deposité en la papelera pequeña y bellamente decorada que está al lado del revistero bajo la mesita.
Volví al lugar donde tenemos la televisión, justo en el momento que terminaba el partido; comenté sobre que al parecer había durado mucho, a lo que respondió mi hijo diciéndome que se trataba de una final y que habían tenido que jugar una prórroga.
Al tiempo de sentarme le dije a mi mujer que ya había cambiado la hojilla en el almanaque, cosa que ella hacía todas las noches.
Se me quedó mirando pensativa unos segundos diciéndome seguidamente que ya la había cambiado ella; hecho este comentario, se levantó y se dirigió al salón, donde está la mesita sobre la que descansa el calendario; lo tomó y mostrándomelo, vi que la fecha que tenía la primera hoja era la que se correspondía con el día trece. Lo devolvió a su lugar; no le dimos más importancia al hecho, eso sí, me dijo que era un bromista, y nos pusimos a ver la película la cual empezaba en aquel mismo instante.
En el primer descanso que hubo, me levanté y, con disimulo me acerqué al salón, me incliné para mirar en la papelera y, efectivamente, allí había una hojilla doblada que correspondía al día doce, y que fuera la que quitara mi mujer; al lado estaba la bola de papel que yo había hecho con la hojilla que desprendí para el cambio, y cual fue mi sorpresa, al contemplar que, tanto la que yo había arrancado como la que estaba en el calendario señalando el día siguiente era el día trece...
































































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