viernes

LA NOVELA II



   Trozos del espejo           


                                                        CAPITULO SEGUNDO


Serían aproximadamente las diez menos cuarto de aquella radiante mañana casi primaveral y aun estaba en casa; algo debí presentir porque normalmente a esa hora ya he salido a cumplir con esa labor material, gracias a la cual me gano el sustento para mantener a mi familia. Y sucedió. Sonó el teléfono; lo descolgué y oí una voz que reconocí enseguida.
- ¡Hola! ¿Sabes quien soy?
Naturalmente que sabía quien era; -presuroso le devolví el saludo.
- Buenos días. ¡Sé quien eres -le dije-, ¿cómo estás?
Muy bien, ¿y tú? -volvió a preguntar.
- Contento de oírte -le dije con cierto regocijo interior.
- ¿Te sorprende mi llamada? -me dijo con cierta voz expectante.
- ¡En absoluto! Es más, la esperaba -le dije abiertamente.
Sabía que me llamaría a no tardar mucho pues aquella tarde sentí que se despedía con ganas de seguir preguntando, sin embargo, no provoqué aquellas otras preguntas que imagino guardaba celosamente, porque primero era mejor, y así debió entenderlo, el que meditara sobre lo que habíamos hablado y que era bastante.
- Necesito preguntarte algo ¿tienes tiempo? -me dijo resuelta.
- Todo el que precises -me ofrecí sin pensar en nada.
Esta afirmación mía me conmovió en cierta medida, pero pronto me recuperé. Fue como si una voz interior me hubiese dicho: Ahora dedica tu tiempo a esto, de lo demás ya nos encargaremos nosotros que pueda esperar. Afortunadamente el trabajo que tenía en la calle no estaba concertado porque se traba de visitas de carácter rutinario.
- ¡Verás! -dijo-, es que ayer estuve visitando una librería especializada en ciencias ocultas, con idea de comprar algunos libros que hablaran de temas que para mi son difíciles de entender, o al menos me cuesta encontrar respuesta sencilla a una serie de ellos, pero, acordándome de ti una vez más, desistí de ello pensando que después de nuestro casual encuentro, y de las explicaciones que me diste, casi prefiero consultarte antes de recurrir a libros; te digo esto porque después de ojear, algo he leído allí sobre ello, y la verdad es que no consigo entender nada entre tanto tecnicismo. El caso es que me dediqué a curiosear estanterías y títulos, eso sí, todos muy sugestivos, pero decidida a no comprar nada.
Cuando estuve a punto de marcharme, llegó una señora preguntando si tenían alguna obra relacionada con sesiones de espiritismo; el dependiente le dio una respuesta afirmativa asegurándole que poseían de algunas editoriales varias obras de renombrados autores e interés, por ser este un tema bastante prolífico, encontrándose entre ellos: reuniones con mediums, así como sesiones con la Oui-ja, y un amplio abanico de temas, todos ellos relacionados con el esoterismo. Abandoné aquella tienda que de pronto se me volvió un tanto fría y rechazable, dejando al librero y a su clienta en una tertulia aparentemente amena.
Caminaba por la calle en busca de la parada de autobús que me devuelve a casa cada vez que voy al centro de la ciudad, cuando me vino a la memoria una invitación que en cierta ocasión me fuera hecha para asistir a una sesión de espiritismo. Recordé vagamente que era una reunión de amigos, aunque yo sólo conocía a la persona que me invitó. No asistí alegando que esas cosas no me gustaban, y además me daban miedo ya que al no haber asistido a ninguna, desconocía por completo el desarrollo y resultado de aquello de unas personas alrededor de un tablero con letras y números -según me dijo-, y que con las manos enlazadas hacían preguntas para que fueran respondidas por el Espíritu de un hombre que falleció hace tiempo, y que había sido el marido de una de las asistentes a la reunión.
Es curioso,porque aun a pesar de vivir en el mismo edificio, no he vuelto a verla ni a saber de ella; debe haberse mudado a otra dirección o quién sabe, igual se ha marchado y reside ahora en otro lugar.
Con estos pensamientos llegué a la parada del autobús; ya en ella decidí que te llamaría esta mañana -aprovechando tu ofrecimiento-, para preguntarte sobre ello, principalmente porque creo recordar que aquel día me dijiste algo sobre que nadie puede saber nada acerca de su vida anterior, si es que la tuvo, porque pudiera tratarse de un Espíritu nuevo, y por consiguiente su primera encarnación. Por eso pensé que en ese caso que te he comentado, tampoco podrá nadie físicamente hablar con el espíritu de una persona que ya no existe porque al morir ésta, lógicamente, también dejó de ser su Espíritu, sin embargo, una vez vi una película en la que se hacían reuniones de espiritismo con el resultado de haberse descubierto la trama gracias a la invocación de un espíritu que respondió a las preguntas que se le hicieron.
Alguna vez he sentido la tentación de asistir a una de estas reuniones, no obstante y tal como te dije, quisiera que me aconsejaras, y me explicaras si es posible saber el cómo y el por qué de todo esto: ¿Puedes decírmelo? -y disculpa pero, es que no estoy muy suelta aún en estos temas y divago mucho.
- ¡No te preocupes! Y sí, intentaré aclarate esto que me pides, y darte con ello una satisfactoria respuesta para que, en principio, te quede suficientemente claro que nadie, absolutamente nadie debe, haciendo estas prácticas altamente negativas, exponerse a ser absorbidas por unas fuerzas cuyo poder contiene un potencial de cuyas garras es muy difícil zafarse una vez que se ha caído de lleno en ellas.
“El mero hecho de depositar esta confianza en mí, y certero en la seguridad que tengo, de que aun antes de responderte, explicándote sobre este tema, ya has tomado la decisión de que jamás asistirás a este tipo de sesiones, mal llamadas, por cierto, juego de la Oui-ja, me da una tranquilidad.
“Antes de entrar de lleno en la respuesta, necesito que sepas que aquel encuentro primero que tuvimos no fue casual, ya que la casualidad al igual que el azar, la suerte o lo accidental, no existen, pero no vamos a entrar en ello, aunque sí he de decirte que el Universo es un reloj que al estar creado por la Perfección, no varía ni una milésima de segundo, por lo que nada está sin el más estricto control; todo está sujeto a un plan perfectamente elaborado. Si nos encontramos allí aquel día, fue porque hubo una razón poderosísima, una razón que escapará a la comprensión humana, de ello no te quepa la menor duda, es así, y no hay que entrar en el juego de las adivinanzas, entre otros motivos o razones, porque no sirve para nada, sí sería bueno para su discernimiento, la meditación y la reflexión. ¡Ojalá! llegue pronto a una reencarnación en la que posea tanta voluntad, sabiduría e inteligencia, que se me permita, gracias a estos valores, tener acceso consciente a conocimientos tan altos.
“También he de recomendarte que no es mala la idea de hacerte de algunas obras sobre estos temas; con paciencia ojéalas y verás como encuentras algunas de sencillo entender; te ayudarán bastante y siempre que algo se te haga incomprensible, no tienes más que preguntar. En cuanto a si es posible que una mente humana pueda ponerse en conexión con un Espíritu, he de decirte rotundamente que no; es totalmente imposible, dado que son dos planos completamente diferentes, además de ser incompatibles; uno porque es material y conocido, el otro porque además de ser inmaterial es también desconocido al no saber de cual de los niveles dentro del mismo plano se trata. No, de ninguna de las maneras puede haber conexión entre el plano físico y un plano Espiritual cualquiera. Aun en el caso que una mente humana quisiera hablar con otra ya fallecida, comprenderás que ello es del todo imposible por haber dejado de existir.
“Cuando una persona con un potencial mental desarrollado invoca a alguien del “más allá”, efectivamente puede celebrar conexión y saber, pero no con un Espíritu (esto es más serio de lo que muchos creen, y deberían tratarlo con menos frivolidad) sino con habitantes de otro plano también material llamado Inframundo o Submundo, también conocido como Infraplano o Subplano, y el cual, en calidad de vertedero, es donde reciben cobijo todas las energías negras producidas por los actos negativos, del negativo comportamiento de algunos seres humanos. Como todo pasa por el plano Astral, estas energías a su vez captan y recogen la llamada invocación, estudian la situación, y como quiera que este plano material, está muy cerca del Astral, en su calidad de energías, toman la forma que quieran y se filtran accediendo a los archivos donde se encuentran los historiales, por lo que una vez conocido el “expediente”, y a través de él cuantas experiencias individuales y colectivas vivió la persona, sólo es cuestión de adoptar la fórmula adecuada para responder en el nombre del invocado.
“Te estoy dando esta explicación, al tiempo que te estoy haciendo un pequeño esquema de los diferentes planos, y que ya te daré el próximo día que nos veamos.
- ¡Muchas gracias! -le oí decir bajito y con un tono en el que se apreciaba el no querer interrumpirme, por lo que seguí facilitándole la información.
“No debemos olvidar que con estas sesiones lo único que se crea es energía negra, por ser un hecho de evidente antinatura; y te repito que como en el plano Inframundo sólo se alimentan de ellas, es por lo que en ningún momento la defraudarán y así una vez enganchada poder convertirla en una más de sus muchas despensas.
“Observa hasta donde llega el sistema cuyo nombre es el de Oui-ja. Como no dudo sabrás, la primera palabra es sí, en francés; la segunda también es sí, en alemán; o sea, para que te hagas una idea, hasta el nombre le ha sido enviado a los humanos para que vean que las respuestas a las llamadas siempre serán afirmativas, siempre serán aceptadas consiguiendo con ello la tranquilidad y seguridad de que serán atendidas.
“Estos seres de energías negras, están siempre dispuestos a colaborar, no les importa ni preguntan desde dónde llega la petición, ni quien demanda la ayuda; no les importa quien hace la invocación; ellos son basura, y harán todo lo posible por agradar tanto que ya siempre la tengan a su lado.
“Un caso semejante y directo del plano material físico, es, por ejemplo, el de la drogadicción; el drogadicto recibe tanto favor y placer que no desea abandonar, y así, por medio de este engaño es como llegan a dejar periódicamente su plano y vienen a mostrarle todo cuanto hay en él, es el caso sobradamente conocido de cuando en estado de crisis, principalmente, conviven por un tiempo con esa serie de energías negras en forma de monstruosos seres que sólo son visibles para ellos; también esos estados son denominados con el nombre de “delirium tremens”.
“Para tu mayor comprensión y con el fin de que veas exactamente la diferencia, te diré que existen dos tipos de llamadas o invocaciones, a las que el ser humano recurre para pedir ayuda en un momento determinado o de extrema necesidad; esta que te he expuesto, y que se amplía con otro tipo de llamada semejante a las fuerzas negras solicitando favores, y a cuya invocación siempre acuden sin importarles de quién, de donde o de que se trata; ella es la conocida y casi tan antigua como la misma humanidad: “vender el alma al diablo”.
“El otro caso de llamada o invocación, es la que se realiza en caso de petición de ayuda, consuelo o protección a las fuerzas blancas.
“A diferencia de la anterior, las fuerzas blancas acuden a prestar la ayuda sólo y exclusivamente cuando ellas consideran que la persona que demanda, que hace la petición es merecedora de ello.
“Ciertamente todas las personas poseen mente y pueden desarrollar, si quieren evidentemente, ese potencial, en algunas otras, esa hipersensibilidad o percepción extrasensorial (PES), se manifiesta como les ocurre a los llamados “zahoríes”, que son capaces de poner su vibración en la misma frecuencia de otra vibración, y así detectar, por ejemplo, una vena de agua con muchos metros de profundidad y en lugares de hecho inimaginables”.
-¡Supongo que estás ahí todavía! -le dije en cuanto terminé el comentario.
- Sí, aquí estoy, sin perder una sola de tus palabras -me respondió.
- ¿Has encontrado mucha dificultad? -le pregunté aunque ya conocía la respuesta.
- No exactamente. Tengo asimilado casi todo lo que me has expuesto, por lo que hoy será un día para mi en el que tendré que dedicarme a recordarlo todo, y escribir notas que luego espero me sirvan para llenarme plenamente -esto me lo dijo mostrando en su voz cierta convicción.
- Si tienes alguna duda, que la tendrás, llámame de nuevo y podré aclarártela -le dije con idea de tranquilizarla.
- Espero que no. Quisiera no molestarte tanto, y te agradezco la sencillez con que me lo has explicado todo; ¿supongo que tú también tendrás tecnicismos que no hayas querido mencionar? -me dijo.
- Sí, pero no suelo hacer uso frecuente de ellos; todo esto es muy sencillo, tampoco he querido tirar de ellos, como se suele decir, porque por teléfono hubiera entorpecido tu comprensión. También he de decirte que para mi no es ninguna molestia, muy al contrario, es una satisfacción el poder ayudar a alguien que se interesa por estos temas tan tabúes para algunas personas.
- ¡Gracias una vez más! Creo que no tardaré en hacerte una pregunta muy personal, y espero que no la tomas como una indiscreción -me dijo con esa sinceridad que le caracterizaba.
- Pero, a esa pregunta no te voy a responder, al menos de momento -le dije de forma resuelta.
- ¿La... la sabes? ¿sabes que pensaba preguntarte? -preguntó rápidamente con cierto tono de extrañeza.
- Sí, la sé -le dije categóricamente.
- Entonces no te lo preguntaré -dijo ahora mostrando un ánimo que encerraba cierto aire de conformidad.
- ¡Gracias por tu respeto hacia mi silencio! -le dije agregando a continuación-, y espero que cuanto te he planteado no sólo te haya informado, sino que también te haya del todo tranquilizado.
- Te agradezco muy sinceramente la ayuda, y sobre todo: la paciencia que que estás teniendo conmigo. Sí me gustaría que me dijeras, que piensas de este deseo mio de saber más, y que has despertado en mi.
- Pienso en este instante que yo no he despertado nada; únicamente tú has hecho dar cuerda al reloj de la inquietud que llevas dentro, ¡ojalá! nunca permitas que se detenga. Sí he de agradecerte el que me hayas elegido a mi para que te preste esta que tú consideras ayuda -le dije con tono de agradecimiento.
- ¡Gracias de todos modos!
- No tienes porqué dármelas. Para mi esto es un deber por encima de todos los deberes; ayudar es la base sobre la que se apoya todo; si no ayudamos no tenemos base, y sin ella, comprenderás fácilmente que nunca podremos estar firmes -le dije convencido de ello.
- ¿Puedo llamarte otro día? -me dijo ahora poniendo una vocecita un tanto tierna.
- ¡Sí! siempre que lo necesites, ya te lo he dicho.
- ¿Y si estás ocupado?
- Si estuviese ocupado, te diría que me llames en otro momento en el que no lo esté -le dije con cierto aire paciente.
- Gracias otra vez aunque tú me digas que no las mereces -insistió de nuevo, ahora dejando caer las palabras de una forma un tanto nerviosa.
- Sentí por ese nerviosismo, y el tremolar de su voz en ese momento la manifestación profunda del agradecimiento más sincero, al tiempo que yo notaba dentro de mi la pequeñez de quien sabe perfectamente que no es merecedor de una labor tan maravillosa como la que estaba llevando a cabo, no sólo con ella, sino con otras personas ya muy amigas.
- Estos pensamientos que con tanta rapidez acudieron a mi mente, se vieron abortados porque inmediatamente volví a oír su voz que me decía: Te volveré a llamar, eso si no nos encontramos antes. Adiós, hasta otro día -me dijo en calidad de despedida.
- Hasta cuando tú quieras -le dije, y al momento escuché el típico “clic” señal de que había colgado el teléfono.
- Puse mi teléfono en su lugar, y una extraña sensación de bienestar me recorrió todo el cuerpo. Miré el reloj; ya no era hora de salir a ninguna parte; me quedé sentado y cerrando los ojos intenté recordar la conversación desde el principio. No creo que le sea tan fácil asimilar todo esto -pensé.
- Unos golpecitos suaves sobre mi hombro, me devolvieron sin el menor sobresalto a un estado de conciencia del que, al parecer, me había ausentado de forma involuntaria; era mi mujer que me avisaba de que estaba poniendo la mesa para comer.
- Había estado así algún tiempo, y aun seguí unos minutos más en la misma posición, pero ahora había en mí cantidad de asombro por lo que estaba viendo sobre el escritorio; en el, y abierto por la página sesenta y cinco estaba un libro; me sorprendió además por tratarse de un ejemplar que no suelo usar dada su calidad, por lo que suelo tenerlo siempre en la estantería. Pues bien, esa página del libro contiene la fotografía de una señora manipulando un tablero completo del Oui-ja; miré la portada del libro por no recordarlo bien, y el título era: “Tratado de las artes adivinatorias”.

















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