viernes

LA NOVELA I


 
 
 
 
Es comprensible que el Actor se sienta
inconformista con el papel que le fuera
designado en una determinada obra...

Pero, lo que es incomprensible, es que
no aproveche la oportunidad de interpretar
su propio papel en la Gran Obra.










CAPÍTULO PRIMERO



Hace mucho tiempo que vengo vagando por estas calles y a veces no sé porqué; y no es que no me lo haya preguntado, que si lo he hecho, pero no consigo encontrar una respuesta del todo satisfactoria. No obstante, algo me dice aquí dentro y de forma continuada que siga. Y yo sigo. Me pierdo una otra vez entre la multitud incansable que cada mañana invade el centro comercial de la ciudad; de esta gran ciudad que es la mía. La gente tiene prisa por correr porque, al parecer, es la mejor forma de llegar antes. Los veo y no puedo evitar el preguntarme: Pero, ¡por qué correr tanto si con ello no se consigue llegar, precisamente, antes!
Algún día -quiero pensar-, entenderán cuánto ganan con las prisas; porque ganar, lo que se dice ganar, la verdad es que no se gana nada. Es preferible caminar en lugar de correr. Con el caminar se pasea a la vez que se cumple con la función que se tenga encomendada; porque no se trata de ir más rápido, sino de ir, que al fin y a la postre es la función, o la misión, como se le quiera llamar.
Cuando se ha de estar en un lugar determinado y a una hora concreta, no hay necesidad de correr, por una razón de orden primordial, y es que con un comportamiento justo se llega cumplida y perfectamente, y se llega descansado, y dichoso por no haber hecho el viaje con esos agobios que luego no nos permitirán una imagen presentable, ni una locución correcta y mucho menos brillante.
La base fundamental en la que se apoya todo esto, no es otra que la de entenderlo como lo que he dicho anteriormente; como una misión a realizar. Se trata pues, sólo y exclusivamente de su cumplimiento por lo que el que se corra más o se corra menos no va en absoluto a repercutir en el resultado de la misma.
Todo lo hemos escrito antes de comenzar, y ahora que comenzamos hemos de dar cumplimento a todo aquello; hemos de representar en calidad de actores la obra aquella que en nuestro nivel de preparación y maduración estuvimos escribiendo.
Ahora debemos ser fieles intérpretes de nuestro propio libreto y no podemos engañarlo ni engañarnos porque si intentáramos hacerlo, ese sería exactamente el argumento real de alguno de nuestros propios capítulos. Así que, para que ir con prisas; ciertamente no sabemos que fue lo que escribimos; bueno, no lo sabemos porque no nos interesa saberlo, porque como poder, poder, ya lo creo que podríamos.
- ¡Caballero! -me reclamó una señora que portaba varios paquetes, aunque por la comodidad conque los llevaba, me dio la impresión de que no debería pesar mucho aun siendo bastante abultado su volumen.
- ¡Dígame, señora! -correspondí cortésmente a su llamada.
- ¿Tiene la bondad de indicarme donde se encuentran las Galerías Comerciales? -me preguntó en un tono que no creí volver a sentir en el resto de mi vida.
- ¡Es para mi un placer, señora! -le dije siguiendo la misma línea elegante que ella había dejado marcada en aquel ambiente y con el que chocaba a todas luces. Haciéndole un gesto con la mano, al tiempo que lo acompañaba con la palabra, le indiqué el lugar, el cual se encontraba a la vuelta de la siguiente esquina.
Con una sonrisa de dama antigua me agradeció la información, y en esa frontera que es el espacio que existe entre mi persona y el resto del mundo, un delicado aroma a violetas quedó jugando, hasta que el ambiente le hizo marcharse como dándole a entender que aquel ya no era su sitio.
Seguía deambulando; ya había hecho la compra que tenía pensada, pero tampoco esto me corría tanta prisa. Miré buscándome en el bolsillo del pantalón a ver si tenía alguna nota. A veces cuando vengo al centro, de compras, suelo, previamente, apuntarme en un trozo de papel cuanto he de hacer. ¡Nada! no tengo ningún papel; entonces quiere decir que no me queda nada pendiente -volví a pensar un tanto extrañado-. Como si no estuviera seguro de mi mismo con lo que me estaba pasando; ¡bien! en ese caso se acabó el paseo.
La gente se apretujaba una contra otra, llegando a empujarse en ocasiones, pero yo ya no estaba entre ellos; había conseguido salir, había conseguido sacudirme aquello. Con paso tranquilo, comencé a caminar devuelta hasta mi casa. Comencé a a caminar de regreso a Triana...
Sumida en una profunda meditación, la vi sentada en aquel banco del pequeño parque que está al lado del río. El parque que un día le dedicara el Ayuntamiento al gran Poeta Rafael Montesinos; junto a ese río por el que discurre el sentimiento vestido de rizadas espumas cuando lo besa la brisa.
Me detuve a su altura, y al darme cuenta que me encontraba un poco fatigado por el cansancio, me senté a su lado, en el mismo banco donde ella estaba. Allí permanecí largo rato, sin perturbar el silencio que reinaba como eje imantado alrededor del cual giraba, seguramente, un conjunto de pensamientos en busca de, tal vez, una salida... No dejaba de observarla, y fue que al cabo de unos minutos abrió los ojos y me miró con una tierna sonrisa. Le devolví el saludo y seguí callado, en silencio, pues presentía que algo había de suceder; como así ocurrió. Abandonó la sonrisa, pero no por ello varió lo agradable de su mirada que clavada directamente en la mía, me dijo:
- ¿Llevas mucho tiempo aquí?
- Un buen rato -le contesté.
-¿Te importa si te cuento algo?
- En absoluto -le dije, mostrándole una franca sonrisa.
Como si me conociera de toda la vida, comenzó a hacerme partícipe de una parte de su existencia. Yo continuaba en silencio para no herir aquello que, con tanta sinceridad y sensibilidad, estaba emanando de su interior más profundo. Al llegar a un punto se detuvo. Seguidamente me contó que esa misma mañana había estado por un lugar que, de repente y sin saber por qué, le fue muy familiar; que era como si ya hubiese vivido ese momento y en ese mismo sitio. Entonces me preguntó si ello era posible, porque en cierta ocasión le había hablado de que esas cosas eran debidas a un viaje astral. Le respondí que no, categóricamente; y le amplié diciéndole que aquello debía de haber sido el producto de una momentánea proyección mental a la que no, necesariamente, tenía por que darle mayor importancia.
Ahora si abrió los ojos desmesuradamente, de par en par; apartó de mi su mirada y la elevó hacia el cielo musitando unas palabras que no entendí.
De nuevo su mirada penetraba en la mía, y percibí un ansia de saber, de volver a preguntar. Y lo hizo. No se dejó esperar porque inmediatamente me pidió que le explicara, si era posible, la diferencia. Accedí. Y casi sin darme cuenta, las palabras ya estaban saliendo de mi boca y buscando con todo afán los oídos de aquella joven que me prestaba toda su atención en la espera de oír aquello que, al parecer, nadie le supo, pudo, o le quiso explicar. Yo le hablaba y le hablaba, y con su asentimiento de cabeza, me daba cuenta de que estaba comprendiéndolo todo o casi todo.
“Todo ser humano -le decía-, cuando llega a su encarnación, viene con la película de su vida. Cuando esta encarnación nueva, se corresponde con un altísimo grado de evolución Espiritual, el individuo puede, si lo desea, pedir permiso para acceder al plano Astral.
“El Padre, Dios o como se le quiera llamar al Creador, es el único que puede conceder esta venia, por lo que aprobara o desaprobará esta petición a través de sus jerarquías celestes. También se puede dar el caso de que fuera enviado sin haberlo pedido, por alguna razón especial; bien pudiera ser que tuviera que cumplir una misión para la que, necesariamente, tendría que ir a buscar la correspondiente información.
“Nadie, absolutamente nadie puede realizar un viaje al Astral por propia decisión, por propio capricho. En ese plano, has de saber que no sólo esta recogida la completa película de la vida de cada ser, esté en el estado que esté: Mineral, Vegetal, Animal, sino que por naturaleza, están todos los arquetipos: pasados, presentes y futuros. Desgraciado del Universo si alguien sin catalogar y sin la autorización correspondiente, divina, por supuesto, pudiera ver lo que ha de acontecer en el futuro cercano y en todos los órdenes y niveles de su existencia y de aquellos que la habitan.
“La proyección mental no tiene mayor importancia, o visto el mensaje, su importancia es relativa, pues su momentaneidad se reduce a que con ella sólo te permiten contemplar un fotograma, un cliché de esa película de la vida. Y esto fue sencillamente lo que debió ocurrirte”.
Cuando le pregunté si recordaba algo más de aquel preciso momento, me dijo que no, que lo más extraño para ella fue que, tanto el lugar como el momento fueron perfectamente recordables pero, no sabía si iba, si venía, que hacía allí, ni en que tiempo ocurrió todo aquello. De ahí que se entienda la existencia de una proyección mental simple u otra que aunque no completa, si con capacidad para vivir una determinada escena en lugares y tiempos reales.
Cuando terminé de exponerle mi explicación, se mostró muy satisfecha, al tiempo que me decía si podía dar crédito a lo que había oído. Al decirle que eso ya dependía solo de ella, cerró una vez más los ojos y cuando los volvió a abrir, observé de nuevo aquella mirad en cuyo brillo se leía el deseo de seguir preguntando más cosas.
Nos quedamos en silencio unos segundos; silencio que yo rompí en esta ocasión para preguntarle qué motivo especial la impulsaba a querer saber realmente sobre el tema, a lo que ella de forma rápida me contestó:
- Te lo diré -y siguió-: Cuando pasé por aquel lugar, por cierto relacionado con el Imperio de Roma, recordé una vez más de cómo siempre me he sentido identificada con esa cultura; con aquella civilización sin saber porqué, el caso es que me siento muy a gusto y atraída por los documentales que se han hecho en el cine reconstruyendo la época. ¿Tú crees que yo podría saber si fui romana en mi anterior existencia, acudiendo a un especialista en Hipnosis?
- ¡Rotundamente, no!
Me pidió que le aclarara tan rotunda negativa, -le dije que la complacería, y le expuse seguidamente:
“En principio, nadie debe manifestar ante nadie su grado de sugestión por si tuviera un alto índice de debilidad mental. Has de saber, que cualquiera que pusiese a otra persona en un estado hipnótico real podría adueñarse de su voluntad, sin entrar ahora a enumerar las consecuencias que ello podría, en alguna medida, acarrearle. Afortunadamente no es general, pero existen casos de hipnotismo contra la voluntad del individuo. Otro peligro que encierra esta práctica, puede ser sin ningún género de dudas el vampirismo; ello significa la absorción por otra persona de las energías blancas de otra persona. Ciertamente que la Hipnosis es un método inmensamente rico cuando se utiliza de forma ortodoxa en campos como la Medicina y utilidades afines.
“Pero volvamos sobre tu pregunta: En el caso de la Hipnosis real y profunda, encontrándose la persona en progresiva regresión hacía sus orígenes, sólo puede llegar hasta los primeros momentos de su vida actual. Más atrás, ya no puede regresar porque en su anterior encarnación no era la misma persona física que es en la actualidad, aunque, sí, y esto lo verás más claro en el gráfico que te voy a pintar en este papel. Es el mismo espíritu, y en consecuencia la misma Alma, en esa evolución espiritual que te comenté anteriormente.
“Observa la línea horizontal continua que marco con una “equis”; esta es la manifestación del nacimiento de un Espíritu. Bien, cuando el espíritu comienza a caminar por el sendero de la evolución, llega al plano que le corresponde y ocupa el cuerpo primero y que señalaremos con la letra “a”. Suponte que el plano adonde llega éste Espíritu es nuestra Tierra; suponte también que ya ha dejado atrás diferentes estados como el Mineral, el Vegetal y el Animal, y este primer cuerpo que ocupa es el de un hombre. Comienza su trayectoria y su evolución Espiritual. Al fallecimiento físico-químico de este cuerpo “a”, el Espíritu regresa al plano superior que le corresponda, ahora en función de la carga positiva que adquirió su Alma, para una vez allí, conocida y analizada su riqueza, volver de nuevo a continuar con su evolución, ya que la meta de todo Espíritu es conseguir llegar a convertirse en un ángel. Pasado un tiempo, el Espíritu “equis”, vuelve de nuevo y ocupa en su siguiente encarnación -reencarnación- el cuerpo que marcaremos con la letra “b”; éste cuerpo y en esta ocasión puede ser el de una mujer, y así entre, a veces, hombre-mujer, mujer-hombre, sucesivamente hasta llegar a cuerpos siguientes y en los que el grado de evolución continúa llevando una línea ascendente.
“Desde la encarnación primera, hasta la última, no sólo y como es natural, el Espíritu ha ocupado varios cuerpos físicos, sino que todos y cada uno de ellos correspondían a diferentes personas y por ello diferentes voluntades,diferentes cerebros, diferentes pensamientos, diferentes memorias, mentes, etc. El Espíritu, sí conoce, evidentemente, los historiales completos de todas las vidas de los cuerpos en los que se hubo encarnado, porque vivió en ellos y evolucionó a través de ellos, pero para que una persona física pudiera conocerlo también, tendrían que autorizarle a acceder al plano Astral porque allí como te he dicho es donde están todos los historiales.
“Por el contrario, en la memoria de una persona se guarda sólo el registro de esa persona únicamente, por lo que es categóricamente imposible que alguien pueda tener la memoria de un tiempo en el que no existió, y no existió porque cada persona vive una sóla vida, sólo vive una sóla vez, en cambio el Espíritu al poder ser eterno, podría llegar a vivir infinitamente, pero, sólo podría.
“Otro dato y quizás el más importante: recuerda siempre que el verdadero individuo y cuya personalidad se manifiesta de forma real en la vida, es el Espíritu. Te daré un ejemplo muy simple para que relacionado, te quede aun más claro ya que entenderé perfectamente el que encuentres cierta dificultad en el discernimiento de cuanto te acabo de exponer.
“Imagínate que conoces a un viajante de Comercio, viéndolo a él como Espíritu. A continuación vamos a pensar en lugares para que pase la noche. A cada uno de esos lugares lo llamaremos cuerpo físico. Bien, ahora veremos que el viajante en sus etapas de trabajo tiene que ir necesitando de variados lugares donde dormir, donde pasar la noche; según se fue subiendo de categoría profesional gracias a su buen hacer y comportamiento, así veremos como una vez fue a una Pensión, luego a un Hostal, después a un Hotel... ¿qué sacamos en conclusión? Pues que el viajante conoce los diferentes lugares en los que estuvo, mientras que esos lugares al encontrarse diferenciados entre sí debido a sus clasificaciones, categoría, tiempo , lugar, bajo ninguna de las maneras pueden guardar relación estrecha entre ellos, excepto que son iguales en el uso que para los que fueran en su día construidos”.
Cuando hube terminado mi exposición, ella se sonrió dulcemente, de nuevo cerró los ojos y se sumergió en un profundo silencio. Al cabo de unos minutos los abrió y mirándome fijamente me preguntó:
- ¿Cuando volveré a verte?
- Siempre que me necesites -le respondí.
Sin mediar una sóla palabra más, se levantó y yo hice lo mismo; ambos abandonamos aquel banco. En un gesto de hermosa y pura naciente amistad tomó mis manos, y me dio un beso en la mejilla en señal de despedida. Minutos después, ella se perdía por aquella ancha acera repleta de gentes que iban y venían, y yo, tomé la dirección opuesta decidido a cruzar el puente; ese puente que está sobre ese río que en épocas lejanas los romanos bautizaron con el nombre de Betis, y posteriormente los árabes lo denominaron Wad al-Kabir -río grande-, hoy Guadalquivir, y en cuya margen izquierda hay un acogedor y pequeño parque a la sombra de esbeltas palmeras y hermosas falsas pimientas.
En ese caminar tranquilo, pegado a la baranda del puente, y en ese inconmensurable placer que se disfruta mirando hacia el agua, detuve mi paso obligado por lo que estaba ocurriendo sobre su verdor; nadie estaba a mi lado a menos de unos metros; nadie se veía cerca de aquella zona bajo el puente; nadie observé que tirara en ese momento al agua partículas de algo que pudiera hacer que se formaran aquellas olas concéntricas. ¿Cómo y por qué se estaba produciendo aquello? sobre todo, aquella onda que partiendo de su centro se iba agrandando y luego de llegar a un tamaño comenzaba a disminuir hasta quedar reducida a un sólo punto que desaparecería después de la elevada formación de gotas de agua de un color blanco inmaculado que, tan sólo y por unos segundos, quedaron perfectamente contrastadas con el moteado verdor del agua.
Fue extrañamente hermoso, y por ello aguardé unos minutos apoyado en el barandal por si volvía a repetirse. Pero no fue así.
Era ya muy tarde. El sol que cuando llegué estaba en lo alto del cielo, ahora se estaba escondiendo por detrás de algunos tejados de la cada vez más remozada Triana; entonces me di cuenta del tiempo transcurrido, y de que no había comido, pero no importaba, me encontraba más que satisfecho. Seguí caminando con estos pensamientos al tiempo que continuaba viendo mentalmente aquella mirada con la más absoluta claridad.








 
 

1 comentario:

  1. Novela en el blog que cosa más extraña pero en fin a ver si ello abre un camino para otros... Suerte Santiago. Un abrazo. Mari Carmen.

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